Crítica de ‘En solitario’: Regatas para principiantes

Las críticas de Óscar M.: En solitario

La dificultad de hacer una película sobre un tema desconocido para el gran público como las regatas de veleros es la gran ventaja con la que parte En solitario antes de empezar. Por suerte para el público la película no es nada críptica ni se pierde en tecnicismos, lo que permite que el espectador se concentre de lleno en la historia.
Historia centrada en una competición de regatas en un velero con un solo tripulante, dando la vuelta al mundo, que se convierte en un suplicio para su protagonista, a pesar de que no está solo (virtualmente hablando) ni un solo momento del viaje.

Viaje donde el protagonista debe enfrentarse a las inclemencias del tiempo, a los problemas que ocasionan otros competidores, al polizón que descubre en su barco a mitad de camino (y con el que se supone que traba una amistad) y a la presencia innecesaria de un villano.
Villano (más preocupado por su barco que por la competición) que castiga a la historia sin sentido y cuya presencia refleja un guión que intenta englobar a demasiados géneros. Abarcar muchos puntos de vista, para llegar a muchos espectadores, dejan un libreto que incluye muchos temas (y personajes) y desarrolla poco la amistad entre los protagonistas, supuesta base argumental de la trama.
Trama que no se hace pesada (quizás hacia la mitad el ritmo decae un poco) y está muy bien ambientada y representada gracias a unos excelentes efectos especiales que nada tienen que envidiar a producciones americanas, aunque no llegan al nivel de Kon Tiki, otra producción europea.
Europeizar la historia quizás sea el mayor lastre de la película, es excesivamente francesa: todos los que aparecen en la película están relacionados con el argumento (el espectador tiene la sensación de que toda Francia está pendiente de la competición, hasta la hija del protagonista está siguiendo la carrera en las clases del colegio).
Colegio (y por extensión, realidad) que puede resultar poco verosímil por la cantidad de tecnología punta de la que se hace uso y abuso durante el metraje, algo que choca directamente con la tensión argumental y resta verosimilitud al tema del náufrago (hay tecnología vía satélite en todo momento, excepto cuando el polizón se asoma, mira por un ojo de buey o cuando provoca algún contacto con el “exterior”).
Exterior que deja una sensación pretenciosa, de nuevo, excesivamente francesa y hasta heroica e incoherente con la historia que han narrado, resultando algo decepcionante y obligando al espectador a odiar la machacona y repetitiva música que han repetido cada vez que el protagonista alcanzaba un objetivo.
Objetivo que los actores, con unas correctas interpretaciones (excepcionales François Cluzet y Karine Vanasse), y el director cumplen con creces: es una película entretenida, apta para todos las culturas y edades, para los duchos navegantes o los no iniciados, y para ver en familia o en solitario.
Sólo un detalle antes de terminar: ¿De verdad le han pagado a José Coronado por aparecer en dos escenas, entre los extras, y no tener ni una línea de diálogo? Seguro que ha sido un viaje que no le ha supuesto ninguna dificultad.

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