Crítica de ‘Gente en sitios’: La vida es una chorrada solemne

Las críticas de Carlos Cuesta: Gente en sitios

El humor, la angustia, la inquietud y el surrealismo se dan cita en esta producción poco convencional; una cadena de situaciones cotidianas llevadas a lo absurdo que demuestran, por alusiones, que la vida es una sucesión de meteduras de pata y enfrentamientos con la vergüenza. Gente en sitios nació de la inquietud de contar, está animada por una intuición particular y un planteamiento escénico que nos provoca el mismo entusiasmo infantil que un monólogo, cuando eso que cuenta nos ha pasado a nosotros también.

Una pareja sentada a la mesa en un restaurante hace su pedido al camarero y éste les toma nota y se demora, indefinidamente, redactando una lista interminable que desespera a los comensales y te hace reír de pura tensión absurda; dos ladrones entran en una casa hasta tal punto desordenada que les incita a fregar los platos y a pasar la aspiradora; el entorno de un joven se reúne para forzarle a reconocer que es gay sin tener en cuenta su opinión. Gente en sitios apela a nuestra complicidad con un guiño a todas esas situaciones de nuestra existencia que no hemos sido capaces de explicarnos.

Es difícil buscar a alguno de los actores españoles más populares del momento y no encontrarlo aquí (están Maribel VerdúAntonio de la TorreRaúl ArévaloAlberto San JuanTristán UlloaAdriana Ugarte o Santiago Segura entre muchísimos otros), y lo cierto es que es difícil explicarse cómo ha conseguido reunirlos a todos para esta reunión de minihistorias que se descuelga del concepto de película y se revuelca en el low cost. La falta de medios le pasa factura a la sonorización de las primeras escenas y se nota en la falta de unidad de la imagen entre fragmentos. Eso tiene por contra una ventaja, si se puede llamar así; permite al director no parecer demasiado presuntuoso.
Un análisis de Gente en sitios puede llevarnos a decir muchas tonterías, a buscar motivaciones donde no existen o tratar de concluir más que lo que pretendió el padre de la criatura. Lo que sí es cierto es que te deja la sensación de que las personas nos preocupamos demasiado de lo que los otros piensen de nosotros, en aparentar que somos más de lo que somos o en tomarnos demasiado en serio. La manía de meternos en la vida de los demás y el conflicto acerca de hasta dónde podemos imponer nuestra normalidad están muy presentes en esta producción. 
De la absurdez cotidiana a un poético pasaje de Kafka hay un paso y aquí se demuestra; de una profunda reflexión sobre lo poco humanos que somos a meter la pata con una broma que se va de las manos también. Un pensamiento que creías profundo se vuelve estúpido a los ojos de otro que no tiene tus mismas referencias; a veces la tontería más gorda revela un problema de fondo o algo trascendental. Desde luego, describir las cosas en voz alta antes de hacerlas permite evitar muchas sandeces. El humor, lo fantástico y lo terrorífico se mezclan en Gente en sitios para recordarnos que la mayor parte de nuestros quebraderos de cabeza son provocados por el miedo al rechazo y a lo ridículo.

La película es sobre todo una manifestación de la vida, una experiencia y yo diría también que un experimento. Ahora que ha comenzado ha exhibirse en las salas convencionales conviene avisar a los espectadores de lo que van a ver, porque entrar al cine un sábado por la noche buscando una película habitual y encontrar Gente en sitios puede provocarte un cabreo si no estás prevenido. Pero algo tendrá (algo tiene) cuando consiguió llamar la atención del productor de Lo ImposibleEnrique López, que se la llevó para proyectarla en el Festival de Toronto.
Esta propuesta es ante todo una reflexión absurda y humorística sobre la vida, de esa vida que nos obligamos a vivir solemne, que a veces es poética pero a veces es una tontería. Cada día ocurren nuevas escenas de Gente en Sitios.

Nota: Crítica recuperada y editada de su primera publicación con motivo de su proyección en la 58 SEMINCI.

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