SEFF 2013. Selección Oficial. ‘The selfish giant’

Las críticas de Fernando Quintero en el SEFF 2013: The selfish giant

Arbor (hiperactividad diagnosticada) y Swifty (mullido y pausado), son dos arrapiezos marginados de familias desmembradas que traban amistad con Kitten, chatarrero con el que negocian para poder usar su caballo (incurriendo en carreras ilegales y apuestas). Cuando este empiece a favorecer a Swifty por su mano con los caballos, Arbor se pondrá cada vez más agresivo y codicioso, haciendo desembocar la situación en tragedia.

Que no os confunda, no se trata de una historia típica de amistad como, We are the best! Esta vez se trata de una película dramática en todos los sentidos y aunque tarda un poco en introducir la trama principal. Cada segundo que uno se encuentra frente a la pantalla viendo como estos dos jóvenes protagonistas se enfrentan a esas luchas internas y asumen con cierta responsabilidad y motivación esos pequeños premios, merece la pena. Sobre todo tras ver como transcurre una historia en principio aburrida y con un final apoteósico.
No soy un experto en películas inglesas, pero he visto las suficientes para saber que los niños que aparecen en ellas, no se cortan un ápice a la hora de hablar con palabras malsonantes. Esto, de vez en cuando, hace que uno saque esa sonrisa tímida al pensar que todos hemos sido así en algún punto de nuestra infancia, llegando a no cohibirnos ni un pelo ante adultos y siendo estas palabras parte de nuestro vocabulario diario. Esto produce en cierta medida en el espectador (al menos en mi caso) un vínculo especial con cada uno de sus protagonistas y hace que nos acomodemos al ver la interpretación de estos con gran admiración y sin  replicar en ningún sentido el argumento.
Y a la hora de hablar del argumento, se trata de una adaptación de el cuento de Oscar Wilde “El gigante egoista” y que decía que: Había una vez, un gigante que vivía con ciento de hectáreas y donde los niños jugaban.A él esto no le gustaba y construyó un muro para que no entrasen y su jardín se sumió en un invierno infinito, donde solo florecían los pétalos cuando entraban los niños. Una vez se acercó a uno y le dejó jugar y para demostrar su compromiso, tiro el muro abajo para que jugasen los niños, pero el niño que el le gustaba nunca llegaba tras esto. Una vez se asomó a su ventana y vio al niño y cuando se acercó a él, vio que tenía estigmas en manos y pies y enfurecido le preguntó si alguien le había hecho daño a lo que contestó el niño que no, que ya que le había dejado jugar el gigante en su jardín, él le dejaría jugar al gigante en el suyo para la eternidad. Cuando el resto de los niños llegaron al jardín para jugar, vieron al gigante tumbado y muerto bajo el árbol donde se había encontrado al niño.
Tras leer y releer este cuento, no le encuentro la similitud en ningún punto con el de la película. Clio Barnard ha hecho una versión muy libre de este cuento y adaptándolo a una época más contemporánea. Si en los títulos de crédito no lo hubiera mencionado, casi nadie se hubiera percatado que se trataba de una adaptación.  Aún así, cada uno es libre de adaptar a su manera cualquier escrito y, sinceramente, esta extraña adaptación de un cuento para niños, ha hecho disfrutar, conmover y emocionar a más de un adulto y cualquier persona que sea más sensible que servidor, hubiera soltado más de una lágrima. 

En esta historia podemos encontrarnos los típicos problemas sociales en los que se encuentra cualquier suburbio de clase baja de cualquier ciudad. En el caso de los protagonistas, la familia que tienen es la que le llevan a cometer los actos en los que se desenvuelve la historia de la película. Con un hermano mayor drogadicto por una parte y con una familia al borde de la más absoluta pobreza por otra, hace que estos dos protagonistas tengan una personalidad que les instan a buscar dinero para tener un sustento más. 
Este festival me está sirviendo para darme cuenta de la importancia de los niños en el papel del cine. De todas las proyecciones que he tenido la fortuna de ver, la dos películas que me han llamado más la atención han sido protagonizadas por niños. Si en We are the best! disfrutábamos con las travesuras de las tres protagonistas, en The selfish giant ha conseguido hacer que esas travesuras se transformen en un drama digno de ser representado por los grandes actores a los que estamos acostumbrados a ver en este género de cine. Y es que la actuación de estos dos chicos me ha dejado boquiabierto y particularmente la de Conner Chapman. He disfrutado viendo como alguien es capaz de debutar en un largo de forma tan exquisita y con unos registros que no estamos acostumbrados a encontrarnos en según que tipo de cine. Sus constantes cambios de personalidad, han hecho de un disfrute personal, haciéndome esperar constántemente que pudiera verlo en la siguiente escena. Pero al alabar tanto a Chapman, no significa que desprestigie el trabajo de su compañero de escena, simplemente uno ha destacado más que el otro, aunque el conjunto ha sido espectacular y la química que han logrado tener y transmitir en la pantalla, ha conseguido que nos creamos que son amigos de toda la vida. 
Para acabar, me gustaría decir que en un principio la historia puede darse un tanto aburrida, incluso monótona en algún sentido, pero una vez acabada la película uno siente que ha merecido la pena el estar sentado durante toda la proyección y más aun cuando se te encoje el corazón por un momento, no volviendo a su estado original hasta pasado un rato. En conclusión, The selfish giant merece cada segundo de proyección porque no defrauda en ningún solo instante y nos regala esos sentimientos que quizá nos haga falta en nuestras vidas.

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