Crítica de ‘Guerra Mundial Z’: Un encantador absurdo punto de vista sobre el apocalípsis zombie

Las críticas de Fernando Quintero: Guerra Mundial Z
Guerra Mundial Z nos traslada por todo el mundo para contarnos otra historia más de zombies y de como su protagonista indiscutible hace todo lo posible para hacerse el héroe y acabar con toda amenaza sobre los habitantes del mundo. Si aun no habéis ido a ver la película, os bastará con estas escasas tres líneas para que sepáis de que va la historia.
Cómo ya sabéis los seguidores del género zombie (en donde me incluyo), hay dos tipos de zombies. Los lentos, los originales, los que conocemos hoy en día gracias a George A. Romero (no confundir con el creador del género zombie) gracias a su película La noche de los muertos vivientes y que gracias a ella han ido cogiendo el relevo otras como por ejemplo Zombies Party. Luego están los rápidos, esos que si te persiguen y no eres un deportista profesional, estás perdido. Este último tipo de zombie es relativamente nuevo, basta con visitar la filmoteca y comprobar que Danny Boyle fue el impulsor en 28 días después  y que, gracias a él, nos han regalado películas en las que veíamos como un humano sano no tenía nada que hacer contra ellos, dándonos así más suspense. Pues bien, gracias a Brad Pitt y Marc Foster podemos añadir un nuevo tipo, el zombie adrenalínico. Este nueva clase de zombie es un regalo para los ojos, nos agarra al asiento y hace que nos preguntemos como podemos escapar de él.

La respuesta es simple, tenéis que ser guapos, rubios, con el pelo largo. Así es, si queréis escapar de ellos, solo tenéis que convertiros en Brad Pitt, y es que la manera en la que escapa de la muerte una vez, tras otra, tras otra, llega a ser absurdo e incluso delirante. No le basta con ser uno de los supervivientes del ataque, sino que se atreve a salir prácticamente ileso de un accidente de avión y aunque sabemos que se trata de la adaptación al cine de la novela original de Max Brooks, no tenían que haber llegado a ser tan fantasiosos jugando con la invencibilidad del personaje. Pitt es el protagonista indiscutible y aunque su interpretación no tiene un pero, si que se le echa de menos verle en su papel con más registros, como ya vimos en otros films suyos como son Seven o 12 monos, porque la excusa de mostrarnos a su familia, es puro marketing. Las hijas del personaje apenas tienen relevancia y la esposa no contribuye tanto en la historia como podría.
En Guerra Mundial Z volvemos a ver como los valores sentimentales, son el apoyo que necesita el protagonista para no desfallecer en su intento de ser el salvador de la humanidad. Quizá es un punto necesario para que el espectador se pueda sentir identificado con el protagonista pero por una vez, me hubiera gustado ver una película de zombies en los que no haya ningún tipo de vínculo personal más que hacer sentir al espectador disfrutar viendo como va acabando con la plaga, como si de cucarachas se tratase. Algo que a día de hoy, solo lo he visto en una sola película, REC.
No hay nada que reprocharle a Marc Foster, en esta película hace un trabajo ejemplar, teniendo en cuenta que está lidiando con una de las estrellas más cotizadas del panorama actual. Si hay que buscarle un pero en su dirección, sería en los saltos temporales. Esto es algo que nos hacen perder muy vez en cuando el hilo narrativo de la película y aunque la excusa de intentar meter el punto de vista prácticamente desde todos los continentes, hace que el espectador pierda todo interés sobre el argumento de la película y espera que la pantalla se llene de zombies, sangre y sesos, cosa que no sucede más que en escenas contadas. Ésto es algo que se echa de menos en Guerra Mundial Z, ya que a ser una película en la que un virus se propaga por toda la Tierra, no vemos ningún efecto que nos haga diferenciar a los zombies y a los humanos, salvo su velocidad y los ojos azules.
Estuvo a punto de peligrar el estreno de la película por la gran cantidad de cambios de última hora que sufrió y, visto lo visto, quizá debió retrasar un poco más su estreno, puesto que con una sola visualización de la cinta podemos comprobar que hay dos o tres fallos de montaje. Un error a primera vista que a lo mejor no se le da mucha importancia, pero teniendo en cuenta que el primer fallo de montaje se produce en la primera escena, cuando las hijas del protagonista se dirigen a la cama de sus padres y se ve como Brad Pitt tiene el brazo colocado de manera distinta hasta en cuatro ocasiones en apenas veinte segundos, da que pensar las prisas que tuvieron por hacer caja, hizo que les diera un poco igual el resultado.
Con un final semiabierto y con la idea de una secuela en la mente de Pitt, esperamos que se esmeren un poco más y abran más el campo interpretativo a otros personajes para la próxima y no nos muestren espacios tan cerrados, teniendo en cuenta que la película pasa por Philadelphia, Corea, Israel e Irlanda. Quizá deban aprender de Roland Emerich y, en vez de mostrarnos explosiones de coches y apartamentos ardiendo, puedan enseñarnos algún que otro monumento destruido por la invasión zombie.

Un comentario en «Crítica de ‘Guerra Mundial Z’: Un encantador absurdo punto de vista sobre el apocalípsis zombie»

  • el 21 octubre, 2013 a las 10:53
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    La primera media hora de película, me parece muy buena, a pesar de que no hay una sola gota de sangre, el director consigue que estés en tensión y no eches en falta gore. Eso si, todo lo que viene después… en su mayoría, da vergüenza ajena, como la "resolución" de la escena del avión, como ejemplo más vergonzoso. Lastima que haya triunfado en taquilla, ya que pensarán que han hecho una buena película.

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