Crítica de ‘Mud’: De niños a hombres

Las críticas de Miguel Moreno: Mud

Lo último de Jeff Nichols se nos presenta como un retrato del fin de la infancia, dentro de una historia de amor de cimientos bastante inciertos, como dejará ver la historia según va avanzando. Una historia sencilla basada en las relaciones con un telón de fondo perfectamente enmarcado. Mientras que Matthew McConaughey ha empezado a hacer que crea en él como actor con trabajos como éste, tras cintas bastante olvidables y comedias románticas del montón, los verdaderos protagonistas son los niños que le ayudan en su empresa, y particularmente Tye Sheridan, demostrando grandes dotes de interpretación.

Mud, cual Romeo contemporáneo, sólo quiere salir de su cárcel particular para ir al encuentro de su amada, mientras que Sheridan y Jacob Lofland tras conocerle, harán todo lo posible para ayudarle en su empresa según van conociendo y haciéndose partícipes de los motivos que le mueven, y reforzando una improvisada amistad con el fugitivo. Sobre esta premisa dirige Nichols esta historia de amistad, del paso de niños a hombres a través de una aventura que transcurre un verano en un pueblo cualquiera de los Estados Unidos. Entremedias, una venganza, traiciones y viejas amistades que salen a relucir (siempre notable Sam Shepard). Un casi desapercibido Michael Shannon, personaje principal de la anterior Take Shelter de Nichols, pasa de puntillas por la pantalla para finalizar el reparto junto con la Julieta de nuestra particular historia: una bella Reese Whiterspoon.
Con cierto regusto quizá más amargo a otras producciones ya clásicas como Cuenta Conmigo, de Rob Reiner, Mud funciona, pero con altibajos. Si somos capaces de sobreponernos a su densa narración, y a algunos momentos que podrían haberse eliminado del montaje final por innecesarios, resulta una estimulante experiencia. En esencia, es una pequeña fábula que reúne un puñado de valores, algunos casi extintos en los días presentes, que agradecen ser rescatados y embellecen el resultado final. Es probable que otro director hubiera convertido el film en un plato difícil de digerir, pero Nichols consigue llevarlo a buen puerto.
Uno llega a preguntarse qué hubiera sido de Mud de haberle conocido dos personas adultas, en vez de dos niños. Toda la historia sería distinta, eso es evidente. Y es en la relación de Mud con los chicos donde reside la clave, el punto fuerte de la película. Por otra parte, Nichols da las pinceladas adecuadas para perfilar las sensaciones y los sentimientos de los personajes y permanecer con ellos hasta el final del viaje.
Se trata pues, de una recomendable aventura desde los ojos de niños que cambiarán su forma de ver la vida tras pasar por una experiencia que también cambiará sus vidas. Sin embargo, un final quizá algo abrupto y desdibujado empaña el desenlace de la misma, y sin llegar a dejarnos insatisfechos, sí nos hace querer saber el camino que toman las vidas de los protagonistas tras su intensa relación.
Una historia agradable y sincera, Mud es una recomendable opción en la cartelera actual, que además, como una suave marea en la orilla, refuerza y recuerda al espectador valores tan imprescindibles como el honor y la amistad.

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