Crítica de ‘Hable con ella’: La búsqueda de amor y atención convertida en obsesión

Las críticas de Carlos Cuesta: Hable con ella

La afinada estructura de los guiones de Pedro Almodóvar se concreta en una narrativa brillante que consigue ordenar los hilos que dan coherencia, dentro de su particular universo, a la sucesión de lo irreal y lo surrealista. En Hable con ella esta virtud logra una expresión máxima sin abandonar la provocación y la exacerbación de las pasiones. El director no se deja avasallar por lo explícito en favor de lo sugerente y alcanza un grado de contención que permite que el relato sea accesible sin dejar de serle propio. Su premio por esta obra fue el Oscar al mejor guión original.
La película nos cuenta la historia de dos hombres y sus diferentes deseos de amar. Benigno (Javier Cámara) es un enfermero con dedicación exclusiva, profesional y sentimental, a Alicia (Leonor Watling), una paciente en coma de la que está enamorado. Marco (Dario Grandinetti, El lado oscuro del corazón) es un periodista que parece estar predestinado al abandono o la soledad. Él desea olvidar a su anterior amor y en ese proceso conoce a la matadora de toros Lydia González (Rosario Flores), quien por despecho comenzará con él una relación que quedará cortada por una terrible cornada. Las vidas de los dos hombres se cruzarán en el hospital donde ambas mujeres yacen en un sueño indefinido. 
El realizador nos guía con agilidad por esta historia sobre la falta de cariño y la dependencia emocional que puede llegar a alcanzar un grado enfermizo. Ambos relatos nos hablan de abandono, pero en medio se cuela irremediablemente una reivindicación de la mujer, el mensaje del egoísmo masculino y la falta de atención que los hombres prestan a las mujeres, que se expresa de forma explícita en varias ocasiones. Los hombres que no atienden ni escuchan parecen tener su contraposición en Benigno, que parece escuchar incluso a quien no es capaz de hablar, pero también él se atiende sólo a sí mismo e impone su voluntad a la mujer. La insinuación homosexual del personaje es una necesidad argumental; es una forma de acercarle a lo femenino al tiempo que se explicita una desesperada petición de cariño que necesita igual de la mujer amada que de su leal amigo íntimo.
Javier Cámara se muestra espontáneo, desenvuelto, verídico en los diálogos y obsesivo y de gesto preocupado cuando corresponde. Borda el papel del enfermero que remplaza su vida por la existencia que disfrutaría Alicia si no estuviera en coma. El estupendo personaje de Grandinetti se nutre de una dosis de cordura que trata de compartir con el de Cámara. El actor aprovecha un papel brillante, cuyo apoyo incondicional a Benigno se debate entre la lealtad y una ambigüedad moral un tanto morbosa.
Hable con ella es una película absolutamente sensitiva en casi todos los campos: En lo visual se viste de escenas de gran fuerza, expresividad y sensibilidad: los planos taurinos, el dramático momento de la cogida y la profunda mirada del toro mientras se llevan a la herida; dos hombres conversan separados por un cristal y el reflejo de quien habla coincide con la boca de quien escucha como si se convirtiera en conversador y el interlocutor se hablara a sí mismo; el tacto, tan presente en los cuidados a Alicia; el sonido se vuelve sólido en esta película en momentos como en el que se viste a la torera. Una exquisita banda sonora hace de Alberto Iglesias una acertada constante de tantas obras de este director.

Almodóvar utiliza el personaje de Alicia para volcar sobre él su sensibilidad hacia el arte y su amor por el cine. El surrealismo que el realizador tanto cultiva tiene aquí un pequeño homenaje en una intrapelícula de cine mudo vista por Benigno y que ejercerá de catalizador de la trama al acelerar los acontecimientos (y nueva referencia a la desatención a las mujeres y a la dificultad de cumplir sus deseos).

Habituales del director como Chus Lampreave o Lola Dueñas tienen un papel secundario en este producción en la que Elena Anaya disfruta de un pequeño papel, su presentación como chica Almodóvar antes de La Piel que habito (una historia mucho más oscura sobre abuso y obsesión).

Sorprenden del responsable de Hable con ella muchas cosas. Una de ellas la he experimentado con este ciclo que sigue su trayectoria de forma inversa: consiste en la sensación de que su filmografía evoluciona tanto si se analiza desde sus comienzos hasta su última película como si se contempla regresando a los inicios desde su final. A lo largo de esta carrera se va potenciando una cualidad interesante, que es la naturalidad con la que expresa lo extremo, la forma en que logra que el disparate tenga un asomo de credibilidad que nos recuerda a algo real. Desde luego la contención de Hable con ella no es lo habitual en él, pero es sensacional ver que esta bestia creadora es capaz de controlarse.

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