Crítica de ‘Los Becarios’: Cuando la comedia busca su “Googleza”

Las críticas de David Pérez “Davicine”: Los becarios

En la descaradamente divertida  De boda en boda (2005), Owen Wilson y Vince Vaughn ya formaban pareja, y a pesar de que, en ese momento, ambos tenían 30 años de edad, fueron capaces de conseguir ese momento de asalto generacional de chico malo contra todas las cosas civiles y decentes. 
Su reemparejamiento es lo mejor de Los becarios, más o menos un anuncio de dos horas de Google disfrazado como una farsa de pez fuera del agua. Estos dos se complementan perfectamente en pantalla: cuando no están completando las frases del otro, están completándose erróneamente, que es incluso mejor.

Billy (Vince Vaughn) y Nick (Owen Wilson) son unos vendedores que han visto truncada su vida profesional tras la irrupción del mundo digital. Intentando demostrar que no se encuentran obsoletos, logran, contra todo pronóstico, el codiciado puesto de becario en Google, conjuntamente con un batallón de brillantes estudiantes universitarios. No obstante, conseguir ingresar en esa utopía sólo supone haber ganado media batalla. Ahora deben competir con los expertos en tecnología más importantes y competentes del país y corroborar que es cierto el dicho popular de que “la necesidad es la madre de la (re)invención”.  Estos dos amigos habían dedicado su vida a perfeccionarse en el arte de cerrar acuerdos comerciales, para, finalmente, ser despedidos. Pertenecientes a una generación que creía que si trabajaba duro y seguía las reglas, podría esperar ver cumplido el ansiado sueño americano, la vida útil de Billy y Nick ha excedido su fecha de caducidad. O así lo parece. Desmoralizados pero no rendidos, Billy y Nick descubren que el secreto del éxito en esta nueva era se halla en la búsqueda. Es decir, el motor de búsqueda conocido como Google; un lugar donde los sueños se convierten en realidad.  Para lograr acceder a este mundo, Billy y Nick recurren a su gran habilidad en el arte de la venta y se reinventan como becarios (o Nooglers, en la jerga de Google). Rodeados de niños prodigio que tienen la mitad de sus años, estos dos maestros de la persuasión tienen que encontrar la forma de salvar esa brecha generacional o se arriesgan a perder la oportunidad de pasar de Noogler a Googler (es decir, un auténtico empleado de Google a tiempo completo). Billy y Nick, junto a sus jóvenes compañeros de trabajo, descubren que la victoria se halla en las lecciones de la vida, que a veces ganar no consiste en llegar el primero y que siempre tuvieron “Googleza”: el deseo de seguir buscando…
La película fue hecha con la colaboración de Google, por lo que su actitud básica hacia el motor de búsqueda que cambió el mundo es una reverencia sin ninguna ironía. Es cierto que el lugar puede salir un poco ridículo y obsesivo. El líder del programa de becarios es el Sr. Chetty (Aasif Mandvi), un gurú de las empresas que se ilumina cada vez que ensalza las virtudes de conceptos etéreos como “Googleza”. Y cuando el ejército de internos consigue repartirse en una docena de equipos que compiten, Nick y Bill acaban en un grupo con los parias, los que nadie quiere, los geeks entre los geeks, dirigidos por Lile (Josh Brener), un genio al que hemos visto en un rol similar en The Big Bang Theory, con un doblaje similar. El reparto de actores como pasantes de Google son agradables y algo divertidos, aunque cabe destacar que hubiera estado mejor algo más de importancia en algunos secundarios, como  Stuart (Dylan O’Brien), con su mirada triste y desprecio hacia nuestros protagonistas, pero el personaje pierde su carácter borde con el tiempo, lo cual es un error de la película. Depende de Nick y Bill enseñar a estos perdedores brillantes como vivir, y se reduce a que está demostrado que es divertido dejarse llevar y beber tequila y bailar como un loco, cual rebeldes sin causa.  También cabe destacar el cameo de otro miembro del llamado Frat Pack, Will Ferrell, que interpreta aquí a su típico personaje absolutamente alocado, además de la presencia de  John Goodman, el jefe para el que trabajaban vendiendo relojes.
El guión fue escrito por Vaughn y Jared Stern, y tiene pequeños golpes de ingenio, como la escena en la que Nick y Bill conocen al Profesor Charles Xavier, o la prueba de acceso con la pregunta de la batidora, pero en general gran parte de la película está dedicada a mostrar cómo no es necesario el culto a la tecnología, y el elemento humano que se opone no sólo puede, sino que debe, trabajar de la mano. Es un mensaje (y un anuncio de Google), pero no es un mensaje divertido. 
Lo que no se puede criticar a la película es el esfuerzo encomiable por ofrecer un guión sólido en cuanto a referencias nerd, geeks, frikis, o como queramos llamarlo, desde comentarios informáticos dignos de The Big Bang Theory, hasta competiciones deportivas de Quidditch (el deporte practicado en la saga Harry Potter), pasando por conversaciones de Comic Con, situaciones inverosímiles de jovenes “decentes” en clubs de mala reputación, hasta fiestas descontroladas al más puro estilo Resacón en las Vegas, lo que, bajo el filtro de Shawn Levy en la silla de dirección, consigue que no paremos de sonreír (que no reír a carcajadas).
Quienes más disfrutarán de esta película serán los jóvenes que verán cómo un par de carrozas no son capaces de comprender los entresijos de la jerga actual, aunque también disfrutaran como niños (como hice yo) los informáticos que comprobaran cómo tantos años de estudio de Ingeniería Informática no son tan necesarios para entrar en Google como el tener buenas intenciones y mucha voluntad, algo que realmente no se cumple en la vida real laboral actual, sin olvidarnos de la generación de los ’80, que sonreiran con la infinidad de referencias a series y películas de la época.
Los becarios consigue mostrar esa brecha generacional que es ostensiblemente visible entre los tipos analógicos y los niños digitales, aunque la película termina siendo sólo una colección agradable de risas leves. Es necesario generar mayor Googleza, pero al menos nos entretiene esta comedia que se aleja de las típicas que actualmente se dedican a buscar el humor fácil con la vulgaridad y la excentricidad, y nos ofrece risas con toques románticos, y un gran espíritu de buen rollo.
Aprovechad para verla en cines, y no verla “en la line”.

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