Crítica de ‘After Earth’: Un relato poco elaborado sobre el miedo y la paternidad distante

Las críticas de Carlos Cuesta: After Earth

En un futuro próximo, la actitud destructiva y despótica del hombre con la naturaleza ha convertido el planeta en inhabitable y un grupo de élite, los rangers, son los encargados de coordinar un éxodo a otro planeta. Desgraciadamente los habitantes de este nuevo mundo son hostiles hacia la raza humana y cuentan con unas terribles criaturas ciegas que cazan a los hombres siguiendo el rastro que deja su miedo. Gary Whitta (El libro de Eli) y M. Night Shyamalan (El sexto sentido) firman el guión de esta historia escrita por Will Smith que plantea cuestiones de fondo interesantes como son el control del miedo, las expectativas paternas y la responsabilidad del hombre con el medio natural, pero planea sobre ellas de una forma superficial y simplista y la película, aunque entretenida, puede dejar a muchos espectadores insatisfechos porque plantea preguntas que no llega a responder.
After Earth se centra en el accidentado viaje espacial del general Cypher Raige (Will Smith) y su hijo Kitai (Jaden Smith) en el que transportan una de esas criaturas para su estudio. El chico ha suspendido recientemente el examen para ascender a ranger y seguir así los pasos de su padre, pues se culpa de la muerte de su hermana y Cypher Rage hace poco para que él piense que eso no es cierto. El oficial decide que su hijo le acompañe para pasar más tiempo juntos y tratar de conectar con él pero una tormenta de meteoritos dañará la nave y  terminará por estrellarse en un peligroso planeta en cuarentena: La Tierra.
Esta película tiene como atractivo la emocionante contrarreloj del joven Kitai, que debe enviar una señal de auxilio desde una baliza que se encuentra en la cola de la nave, a varios días de camino en un planeta lleno de animales salvajes y condiciones biológicas y climáticas adversas. Debe hacerlo sólo, bajo la supervisión del general, cuyas piernas se han roto en el accidente. Él monitorizará la misión desde la nave y al borde de la muerte mientras su hijo se enfrenta a esta terrorífica situación a la que se añade el miedo de defraudar de nuevo a su padre. En ese sentido, me resulta curioso el paralelismo de la película con la carrera cinematográfica de Jaden Smith, apradinada y asistida bien de cerca por su padre.

A su favor están también los increíbles paisajes digitales que nos pueden recordar las maravillosas aventuras gráficas de los juegos de ordenador (de hecho la estructura narrativa de After Earth bien podría ser la de un videojuego de ordenador o consola) y el fantástico diseño de la criatura, verdaderamente impresionante (aunque no se puede decir lo mismo del resto de los animales que pueblan la tierra).

El problema de la película es su dinámica atropellada, simplona y poco detallada de un universo del que apenas conocemos ni las costumbres sociales ni su organización y, en definitiva, la falta de explicaciones sobre casi todo. Uno puede imaginarse a M. Night Shyamalan en una actitud del tipo “no me hagan preguntas incómodas sobre esto que acabamos de contar; siga viendo la película y no se complique, no hemos desarrollado el trasfondo lo suficiente como para tener esas respuestas”. Y si lo hizo, en este relato no lo demuestra. Apenas se nos dice nada de los pobladores del nuevo planeta que los humanos han invadido ni resulta convincente la forma en que el general es capaz de anular por completo su miedo para ser “invisible” ante los monstruos caza humanos. Tampoco llega a ofrecer un planteamiento narrativo interesante acerca de la naturaleza del miedo, pero no para de acosarnos con repetidos flasback sobre la muerte de la hermana de Kitai. Ese acontecimiento motiva la actitud de los protagonistas, pero las imágenes del recuerdo son francamente repetitivas.
Tampoco se aprovecha en absoluto las emociones que podría generar que el planeta donde se desarrolla la acción sea el origen de la humanidad; de hecho la emotividad no es el plato fuerte de After Earth, que nos conmueve levemente en los momentos menos inesperados pero se muestra incapaz de conectar con el espectador (la banda sonora de James Newton Howard (El sexto sentido, El protegido) es buena pero no llega a estar “sincronizada” con la historia o simplemente es incapaz de levantar la tibieza de la trama).

Siempre es interesante y grato ver los dispositivos tecnológicos que la imaginación humana es capaz de inventar para la Ciencia Ficción pero en este caso creo que se abusa de ello para no tener que dar explicaciones a situaciones que ocurren en la pantalla. En un reflejo de la sociedad actual, donde todo está automatizado y en la que si no sabes algo google te lo cuenta, las máquinas le indican a Cypher cómo hacerse un bypass con una goma para no morir por una sección arterial (¿perdona?); la nave hace cálculos en bruto sin tener en cuenta ningún tipo de variable creíble (¿cómo es posible que pueda calcular lo que tardará el chico en hacer un recorrido en un planeta con una gravedad y unas condiciones biológicas a las que no está en absoluto acostumbrado?).

La película en definitiva se queda escasa y aunque quizá guste a un público infantil y juvenil deseoso de aventuras no satisfará al espectador inquisitivo, ni al curioso, ni seguramente al amante de la Ciencia Ficción. Pasemos por alto el horroroso doblaje para Jaden Smith (insufrible narrador) porque de eso no tiene la culpa la película original. Eso es sólo un pero más en una historia concebida para una hora y media de entretenimiento poco exigente.

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