Crítica de ‘El hombre de acero’: Superman según Snyder

Las críticas de Óscar M.: El hombre de acero

Superman tiene más de ochenta años y esta enésima encarnación del personaje por Zack Snyder resucita su presencia en pantalla con una nueva adaptación que revuelve los orígenes de Kar-El y los actualiza al siglo XXI como si acabara de escribirse ante el público.
El hombre de acero es sobradamente espectacular, acorde con los nuevos tiempos y con la nueva audiencia que llena (cuando su bolsillo se lo permite) las salas de cine y hasta roza el exceso visual al que se está acostumbrando al espectador con un guión incesante de acción y con un montaje muy rápido que no da tregua (las escenas iniciales son excesivamente abrumadoras).
Snyder ha sido suficientemente inteligente como, para tras apabullar al espectador con las escenas del (reescrito) planeta Krypton, calmar levemente la acción mostrando la historia de Superman en La Tierra mediante saltos temporales, para arrastrar a la audiencia a un desenfreno de destrucción masiva de la mitad hasta el final del metraje.
Además, ha aprovechado para incluir referencias a otras películas (la espectacularidad de los paisajes de Avatar, las batallas de la resucitada Star Trek, la espectacularidad visual de 300, la tecnología de Matrix) y series (los zooms de Battlestar Galáctica, las intenciones de los extraterrestres en la nueva V, de la cual, probablemente, El hombre de acero fue uno de los motivos de su anunciada cancelación) que gustan al público.
Hans Zimmer no se ha limitado a la hora de incluir sus propias referencias en la composición que acompaña a la película, la partitura incluye detalles de Gladiator, Origen y de la saga de El caballero oscuro, que aunque no son evidentes durante la visualización de las imágenes, sí serán perceptibles una vez se escuche la banda sonora en solitario.
Tomando como referencia la adaptación al cine de 1978 (de Richard Donner) y el guión de Mario Puzo, David S. Goyer y Christopher Nolan han reescrito toda la historia (y la génesis del personaje) adaptándola al nuevo estilo cinematográfico, aunque manteniendo los paralelismos católicos que hicieron que Puzo se implicara en la escritura de aquel guión (ciertos detalles como la edad, las escenas o los gestos del personaje son una clara referencia a la mejor adaptación de Superman existente hasta el momento).
Los seguidores del personaje encarnado por Christopher Reeve hace más de treinta años no quedarán decepcionados con un Henry Cavill soberbio, contenido y, sobre todo, más serio que sus predecesores. Así como también quedarán satisfechos con todas las encarnaciones del personaje en sus diferentes edades, con unos actores exquisitamente elegidos que hacen perfectamente de puente entre ésta y el resto de adaptaciones anteriores (incluida la serie Smallville).
Sin embargo, el ir y venir de rostros conocidos por la pantalla llega a desconectar al espectador (herencia del guionista y productor Christopher Nolan), ofreciendo un catálogo de actores y actrices vistos antes en multitud de películas y series; aunque no desentonan y sus interpretaciones son correctas, llega un momento que el espectador está más preocupado de dónde ha visto antes al actor de una frase que en la trama, los únicos que se salvan son Amy Adams y el propio Cavill.
La sombra de Nolan es alargada y el superhéroe debe sufrir y redimirse para alcanzar la gloria (algo similar al camino vivido por Batman en la trilogía que él dirigió), por lo que hay mínimos guiños de humor, lo justo para no hacer pesadas las casi dos horas y media de metraje, pero no lo suficiente como para arrancar una carcajada a la audiencia, sólo un esbozo de sonrisa.
Pero la seriedad de la trama no convierte a la película en pretenciosa (otro tema es el de los efectos especiales del prólogo kryptoniano), sino que le otorga un tono contundente, aunque triste, que permite que el espectador salga con una sensación de haber invertido bien su dinero pero no de haber disfrutado alegremente (como sí ocurría, por ejemplo, con Los vengadores).
Quizás en este aspecto Warner y DC pierden la batalla contra las adaptaciones de Marvel, su estilo de película seria contrarresta con la diversión que emanan las películas de la competencia, aunque no por ello las adaptaciones de Marvel son menos realistas en su planteamiento, pero Warner orienta más sus adaptaciones a películas de género con superhéroes, mientras que Marvel presenta película de superhéroes como un género propio con retazos de otros estilos.
Son dos opciones válidas, como se ha demostrado en taquilla, pueden gustar al mismo tipo de público y no ser incompatibles, aunque el universo de DC, por este motivo, es más complicado de adaptar (es muy fácil caer en el ridículo con un señor en mallas hablando bajo el agua), pero el regusto que deja Marvel con las escenas de después de los créditos (detalle que se ha confirmado como fuente inagotable de teorías y creador de expectación entre los seguidores para las secuelas) no es igualable por Warner.

El 3D, por supuesto, innecesario, imperceptible (excepto en los logos del presentación) y poco explotado (excepto en el billete de la entrada, claro), ansiamos el momento en el que las productoras se percaten de que no es un contenido extra valorado en las películas.

El hombre de acero será más disfrutada por el público adulto que vivió su infancia con Superman que por los niños de ahora que descubren al hombre de la “S” en el pecho. Por suerte, Snyder ha devuelto una cosa que todos esperábamos al personaje: Esperanza.

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