Ang Lee nos ofrece una maravillosa poesía visual en ‘La vida de Pi’

Las críticas de David Pérez “Davicine”: La vida de Pi


La vida de Pi, adaptación cinematográfica de la novela de Yann Martel dirigida por Ang Lee,  nos pide que demos un salto de fe junto a muchacho llamado Pi Patel y un tigre de Bengala llamado Richard Parker en un encrespado océano. 
Realmente, la lucha por la supervivencia es tan elegante como épica, creando una gran aventura y un profundo viaje espiritual, que si no fuera por el riesgo de lo que les pueda suceder a los náufragos, desearíamos que su viaje desde la India no tuviera fin.

El protagonista de la película dice: “El hambre puede cambiar todo lo que piensas que sabías acerca de ti mismo”. De esta forma, también las imágenes sobrecogedoramente hermosas de la película pueden cambiar lo que pensamos del atractivo de los monodramas, por llamarlos de alguna forma. y por si fuera poco, La vida de Pi tiene un giro de trama al final que también puede cambiar lo que pensamos conocer sobre el antiguo arte de contar historias.
Lee, con ayuda del guión con el que dirige esta película, ha logrado mantenerse fiel a la obra original sin verse limitado por ella, como tan a menudo sucede en las adaptaciones cinematográficas. Incluso podríamos ir más allá y admitir que ha conseguido incrementar el poder de la novela, gracias a un empleo magnífico de la tecnología 3D y de los efectos por ordenador, con tal maestría y originalidad que hay momentos en los que el océano parece flotar a su alrededor. Ni la más imaginativa de las mentes de los lectores podría haberse vislumbrado tal poesía visual de las páginas del libro.
Pero una película no puede sustentarse tan sólo en la técnica y en la maravilla visual, motivo por el que esta película también se ve reforzada por un relato excepcional de superación y supervivencia, en el que se centran en los 227 días que Pi pasa en el bote, donde lo racional y lo religioso compiten por su alma y el tigre por su vida. 
Para revelarnos los dilemas existenciales, La vida de Pi emplea un recurso que en la novela tan sólo se insinúa, mostrandonos a un escritor que ha buscado en Montreal a Pi, ya con 40 años de edad (Irrfan Khan), pues ha oído la historia del naufragio de la cual podría escribir un libro. Sus conversaciones tejen la narración, aunque puede que la presencia del escritor en la película sea el punto más flojo de la misma. Quizás las pausas de dicho relato puedan romper la armonía y la belleza de la película, pero ayudan a situarnos en los pensamientos del joven naufrago y lo que él mismo esperaba de los acontecimientos que vivía.
Pi obliga al escritor, con Khan como un excelente narrador, a escuchar las vivencias desde su infancia en Pondicherry, India, y el zoológico familiar en el que se crió. A medida que avanza el flujo de recuerdos, las imágenes llenan la pantalla, y así llega hasta Pi (Ayush Tandon), un muchacho de 11 años de edad, curioso e interesado en desentrañar el enigma de Dios. 
Ahora bien, no arranca la verdadera historia hasta llegar a Pi con 18 años, interpretado por el debutante Suraj Sharma, que le da al personaje una profundidad emocional impresionante. El actor logra destacar en este trabajo, que es técnica, física y emocionalmente exigente. Se podría pensar que pasar la mayor parte de una película en un bote salvavidas haría perder pronto interés, pero no hay tiempo para el aburrimiento cuando se emplean bien los recursos de los que se dispone.
En todas las películas de Lee encontramos una magnífica poesía estética, pero en La vida de Pi llega a su culmen en lo que a maravilla visual y logros tecnológicos se refiere, y sube mucho su propio listón, consiguiendo que el 3D tenga de nuevo el impacto que pudimos disfrutar por primera vez en Avatar en 2009.
La película mantiene durante todo su metraje una gran hermosura, pero es durante los meses que pasa Pi en el mar cuando resulta impresionante. Desde las sencillas secuencias de  peces voladores hasta la presencia infinita de un cielo estrellado de medianoche reflejado en el oceano. Obviamente, lograr dicha hazaña no sería viable sin la presencia del director de fotografía Claudio Miranda.
Aparentemente es una historia de supervivencia en alta mar, pero La vida de Pi es en gran medida una meditación sobre la religión, el lugar del hombre en el reino animal, y la narración en sí misma. Lee nos ha ofrecido una obra maestra.

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