‘Argo’: La tensión hecha película

Las críticas de Óscar M.: Argo
Las películas “basadas en hechos reales” (que parecen ser un subgénero dentro del cine) no suelen contar con mi beneplácito, es muy arriesgado que una historia con base real quede realista en pantalla.
Y es algo que puede resultar irónico, pero los guiones de este tipo de producciones suelen ir por caminos sensibleros y efectistas o, por el contrario, los guionistas caen en el error de magnificar todo lo sucedido, hasta convertirlo en un relato de ciencia-ficción.

Argo esquiva con bastante soltura ambas posibilidades y se establece como una de las mejores películas con base real que se hayan podido ver. Recurre hábilmente a imágenes de archivo, que intercala con el metraje ficticio, y reproduce escenas con una verosimilitud destacable.
Esta fidelidad a los acontecimientos, personajes, situaciones y lugares eleva la calidad de la película, introduciendo al espectador en una historia que acaba por engullirlo y mantenerlo en tensión durante la mayor parte de la duración de la misma.
Tras una extensa introducción histórica (tan necesaria como realista, a pesar de los destacados errores en los nombres de los personajes), la apabullante escena inicial es desconcertante y agobiante, como la propia situación que recrea, lo cual da pistas al espectador de por dónde va a desarrollarse el guión.
Sobre todo hay que destacar el desmesurado trabajo de producción, ambientación y montaje, resultando absolutamente creíbles los decorados y la caracterización de los personajes, reforzando el trabajo de los actores, su credibilidad y realismo en pantalla, que llega hasta el límite de cambiar el logo de Warner Bros.
Ben Affleck ha sabido transmitir magistralmente la angustia y el desasosiego de los personajes a través de escenas sencillas (de diálogo o de acción) y sin recurrir a situaciones manidas con pistolas apuntando a cabezas o explosiones de por medio.
El guión se permite el lujo de criticar el sistema político americano y, muy de pasada, el sistema de producción de películas de Hollywood, usando divertidos golpes de efecto cómicos (incluido el propio cartel de Hollywood, fielmente destruido) relaja la tensión entra algunas escenas que harán que el espectador contenga hasta la respiración.
Sin embargo, el tramo final (una vez concluida la historia) se convierte en un ejercicio de auto-onanismo americano (incluso se cometen errores poco fieles a la historia) y la película cae en la sensiblería incongruente, incoherente y poco apropiada dada la trayectoria de la película.
En los títulos de créditos finales hay una de cal y otra de arena: por una parte no falta, como en toda película “basada en hechos reales”, el aburrido (aunque evidentemente necesario) texto relatando el futuro de los personajes; por otra, la recopilación de fotografías reales de los personajes y las situaciones comparadas con los actores o las escenas mostradas en la película, realzando positivamente el trabajo de producción.

Argo no es apta para cardíacos o espectadores con la tensión alta, por tanto es buen cine por conseguir transmitir las sensaciones deseadas al público sin recurrir a artimañas y con un gran trabajo de actores y producción.

También te puede interesar

Deja un comentario