57 SEMINCI. Sección oficial: ‘La Lapidation de Saint Étienne’ o la lapidación a nuestros mayores

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 57 SEMINCI:
La Lapidation de Saint Étienne
Pere Vilà Barceló, autor de diversos guiones y director de varios cortometrajes, afronta su segundo largometraje de ficción con La Lapidation de Saint Étienne tras Pas a nivell.
La Lapidation de Saint Étienne nos presenta como casi absoluto protagonista a Etienne, un anciano enfermo que vive solo en un piso de pequeñas dimensiones en el que ha almacenado multitud de objetos. No quiere deshacerse de ellos y se niega a mudarse de domicilio pese a que el piso no es de su propiedad. Tampoco acepta hablar con los asistentes sociales, los vecinos o la propietaria, pues está convencido de que los espíritus de su mujer y su hija difuntas siguen habitando entre las paredes de ese piso destartalado. 

Una película que casi podría usarse como documental, ya que los síntomas que vemos en el protagonista, cuyo título alude al mito del martirio de San Esteban, no son infrecuentes en los tiempos que corren.
Realmente el termino lapidación está muy bien empleado en el título, pues no es necesario martirizar a nuestros mayores a pedradas, ya que la propia sociedad va camino de transformar en habitual la “lapidación social” de nuestros mayores, tal y como vemos en la película, creada tras un amplio estudio por parte de Vilà Barceló de documentos publicados en  prensa sobre ancianos abandonados o encontrados muertos bajo una montaña de basura.
Estamos ante un claro ejemplo de cine de compromiso social, donde en cada secuencia van mostrándonos las penurias que vive el protagonista, y como nadie le ayuda, o, en caso de intentarlo, es por interés propio, pues las nuevas generaciones ejercen un nuevo tipo de crueldad hacia los mayores, includo de hijos hacia sus propios padres.
En el reparto claramente debemos destacar a Lou Castel, quien acapara el mayor porcentaje de tiempo en pantalla, con tan sólo un par de intervenciones físicas de otros personajes, y un par de intervenciones sonoras, sin ni siquiera mostrarnos a esos personajes. Sólo él, sólo su personaje en pantalla, nos inunda de sentimientos, de pena y dolor, de desesperación y de desolación, y nos traslada todos esos sentimientos para que sintamos la necesidad imperiosa de hacer algo, de pedir auxilio hacia él, de ser mejores personas con nuestros mayores.
Pero en la película hay otro personaje más, no un actor, sino la propia casa, que tiene vida propia y se comunica con el protagonista, habitada por los fantasmas del pasado, pero que no busca asustarnos, sino trasmitirnos, dado que en el fondo es el alma del protagonista.

Puede que muchos espectadores prefieran huir de este tipo de producciones, excesivamente pausadas y con un guión poco festivo, pero estamos ante un trabajo delicado, que hay que apreciar en su totalidad, y si al final, como a mí, el mensaje llega, es que la película ha cumplido su objetivo.

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