57 SEMINCI. Sección oficial (corto): ‘Útrás Reykjavik’ (‘Revolución Reykjavik’): La crisis es esto

Las críticas de Carlos Cuesta en la 57 Seminci: Útrás Reykjavik (Revolución Reykjavik) 

La crisis económica nos va dejando testimonios audiovisuales de sus estragos para hacerse un poco más famosa. Revolución Reykjavik saca al escenario a Islandia, donde una mujer trabajadora, madre y abuela, pierde su trabajo en una oficina bancaria a finales del año 2008. Se termina el empleo y comienza la lucha por no perder la dignidad ni la moral. Lo primero, decide ocultar la situación a su familia, pero todo saldrá irremediablemente a la luz.
Lilja Pórisdóttir hace una soberbia interpretación para un personaje que va degenerando física y emocionalmente hasta el hundimiento. Una mujer mayor y elegante, en situación de reprochar a su hija algunas contingencias del pasado, se ve ahora en el paro, sin posibilidad de hallar uno nuevo, ante una fila para pedir el subsidio, y sin coraje para asumirlo, o quizá con demasiado coraje para aceptarlo. La película es una cruda demostración de la desolación de personas que nunca creyeron posible llegar a algo así y un relato con pocas concesiones para el consuelo.

La directora Ísold Uggadóttir ofrece un guión apoyado en una inestable relación familiar basada en el reproche madre-hija; nos presenta un personaje resuelto, instalado en la superioridad moral, que recibe un primer golpe con el despido pero que tira de abnegado optimismo para resolver la situación, sin necesidad de que su familia se entere, ahorrándose así la vergüenza. Obviamente esto no va a ocurrir, y podremos ver cada uno de los estados mentales por los que pasa cuando sus opciones se vayan reduciendo a cero. 
Podremos verlos a través de la cara de la protagonista, un espejo de emociones y sentimientos, apenas hay diálogo. Sólo los sonidos de la televisión que explican con las frías y huecas palabras de los políticos el diagrama de la situación; sólo las preguntas sin respuesta para unos niños que preguntan cómo es posible que la nevera que siempre estuvo llena apenas tenga nada.
Especialmente dura y tensa es la escena en la que la abuela lleva a los nietos al supermercado y podemos oír su discurso inocente e ignorante: “¿te acuerdas cuando la abuela tenía de estos”, cogiendo una chocolatina del estante. La señora se planta en la caja del establecimiento que atiende su propia hija sin dinero con que pagar. 
Revolución Reykjavik tendrá un buen recorrido por el festival. Gozará de la empatía del público, de unos espectadores que pueden sentir lo que siente el personaje gracias a una ambientación bien definida, a una espectacular interpretación, a la gran definición de un rostro más de la crisis. La falta de un guiño humorístico, de una pequeña tregua (más allá de la catártica escena final), hace al cortometraje un poco difícil de masticar. Pero es que la crisis es esto, nos llega cruda.

También te puede interesar

Deja un comentario