‘Mission: Impossible 4’: Casi imposible incluso para Hunt

Las críticas de Carlos Cuesta: Mission: Impossible 4

El regreso de Ethan Hunt como personaje de la saga Misión Imposible motivó este ciclo con el que hemos recorrido la trayectoria profesional de Tom Cruise. En esta cuarta entrega la serie de películas llega a su máximo de espectacularidad, de acción, de ostentación tecnológica y en cuanto a la dificultad del reto que los agentes deberán asumir. Michael Nyqvist encarna en esta entrega al villano más peligroso, decidido y capaz que han afrontado hasta ahora. Un extremista de gran inteligencia, tétrico y maniático, capaz de todo para llevar a cabo sus ideas delirantes.
La historia arranca con una impresionante huida de Ethan Hunt (Tom Cruise) de una prisión rusa. El motivo de que se encuentre allí es objeto de todo tipo de rumores, pero ahora la agencia Fuerza de Misión Imposible lo necesita con urgencia para recuperar unos códigos de lanzamiento de misiles nucleares rusos, robados por un ex espía soviético dispuesto a utilizarlos. La única forma de seguirle el rastro a este especialista conocido bajo el nombre de Cobalto es tomar sus únicos registros en el Kremlin. Mientras tiene lugar la misión ocurre algo terriblemente inesperado. Cobalto se cruza en su camino y lleva a cabo un atentando que hace explotar el edificio y del que son culpados los agentes americanos. El gobierno de EE.UU. se verá obligado a activar el Protocolo Fantasma. Misión Imposible ha dejado de existir y sus miembros son abandonados a su suerte. Casi a su suerte.
No se puede negar que la película empieza con el acelerador pisado a fondo. No sólo porque el encarcelamiento de Hunt deje un buen número de interrogantes en el espectador, sino por la contundencia con la que actúa para escapar. Este inicio no sólo nos muestra hasta dónde quiere llegar en el film, sino que vemos toques de humor que nos hacen sospechar que las risas van a estar más presentes que en entregas anteriores (y la reaparición de Benji Dunn (Simon Pegg, Zombies Party, Paul) tendrá mucho que ver en ello).
El nivel tecnológico que se muestra roza en algunas escenas el límite de lo aceptable y lo verosímil (dentro del trasfondo propio de esta saga), pero esa es la apuesta arriesgada de J.J. Abrams (Fringe) como productor y de Brad Bird (Ratatouille) como director, pero es que volar el Kremlin ya es bastante surrealista de por sí. Creo que su ambición se ha visto recompensada con un film absorbente y con buen resultado de taquilla.
Todo en Mission: Impossible: Protocolo Fantasma es superlativo, y por ello la escena clave de la película tiene lugar en el edificio más alto del mundo en Dubai y a Tom Cruise como protagonista de una escalada y un descenso absolutamente impresionantes, porque los agentes se enfrentan a una crucial paradoja: quizá los asombros tecnológicos que nos muestren sean los más avanzados vistos hasta ahora, pero el hecho de tener que actuar al margen les privará de algunos de ellos y les obligará a usar el ingenio, su destreza y la intuición más que nunca. Lo que ocurre en esa torre es sin lugar a dudas lo más espectacular y trepidante y dará pie a un final de infarto (pasando primero, eso sí, por una secuencia de seducción un tanto ridícula ambientada en la India).
Todo en esta cuarta entrega es reconocible (por supuesto que habrá máscaras para suplantar la identidad, saltos imposibles, cochazos y los acordes del inolvidable tema que Lalo Schifrin ideó para la serie televisiva original), incluso habrá un pequeño guiño a la primera parte de la saga, personalizada en un esbirro de un fabricante de armas al que ya vimos aparecer en el arranque de Misión Imposible. Además, existe cierto grado de continuidad del tercer y cuarto capítulo, a través de la mujer de Hunt, algo que se obvió, erróneamente creo, entre la segunda y la tercera película, en cuanto a la pareja del protagonista se refiere.
Quién sabe a ciencia cierta lo que ocurrirá en la quinta parte, ya anunciada, si Tom Cruise llevará el peso de la acción como hasta ahora. Mucho se dijo sobre esto ya durante la producción de Protocolo Fantasma. Se hablaba de dejar paso a un agente más joven y más de moda (quizá Jeremy Renner, que cuenta con mucha entidad en este film y cuyo persona tiene mucho que ver con el pasado de Hunt y con su estancia en prisión). Aunque las dudas generadas por la recaudación de Noche y Día podían haber restado presencia a Cruise en este proyecto, éste demostró, por cuarta vez en la piel de este personaje, que continuaba en forma para la acción y que seguía siendo un maestro de la taquilla y una auténtica estrella mediática (a la izquierda de estas líneas os dejo la tarjeta promocional de la película que él mismo me firmó en persona).
Con esta película nos ponemos al día en la trayectoria cinematográfica de Cruise pues su siguiente título (Rock of Ages) es el que estos días está presente en la cartelera, así que el ciclo continuará paralelo a su carrera para conocer lo que el futuro depare a esta gran personalidad del mundo del espectáculo.

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