‘El dictador’: Cuando la genialidad y lo absurdo van de la mano

Las críticas de Agustín Olivares: El dictador
En El Dictador se nos cuenta la historia del General Aladeen, un dictador islámico que viaja a los Estados Unidos para asistir a una reunión de las Naciones Unidas, con el fin de explicar la fabricación de armas nucleares en su régimen.
Sasha Baron Cohen se ganó mi corazoncito tras la indispensable Brüno, crítica acida y políticamente incorrecta al mundo de la moda, los fanatismos y las celebrities. Gracias a esta película redescubrí al intérprete que dio vida a Ali G., vi por primera vez Borat y caí en la cuenta de que era el mismo actor que daba vida a la némesis de Sweeney Todd. De todas las obras que he visto de Cohen, me quedo sin duda con Brüno, pero tras el visionado de El Dictador, el podio tambalea.

Utilizando los prejuicios y los tópicos que desde occidente se tiene del mundo árabe, Cohen despliega toda su mala leche hilvanando gags y gracietas que, a los que se ofenden con facilidad, muy probablemente les horrorice: machismo, misoginia, infanticidio, fanatismo, escatología… todo vale. Y lo peor es que da igual que seas mujer u hombre, tu orientación sexual, tu tendencia política/religiosa… no podrás dejar de reír. 
Como novedad en cuanto a sus anteriores obras, El Dictador sigue una estructura narrativa más convencional, huyendo del formato mockumentary. Esto permite que haya subtramas de las que el protagonista no sea consciente, por lo que las posibilidades narrativas aumentan y el ritmo general de la cinta es más fluido que en Borat o Brüno.
Por otro lado, los exteriores han sido elegidos con sumo cuidado. Grabados alrededor del mundo (parte de los mismos, en España), el conjunto forma unos palacios y jardines dignos del más lujoso dictador. Además, la fotografía potencia la sensación de lujo, aunque sin descuidar el aura absurda que impregna toda la cinta. Así, la música (con toques arábicos, como debe ser) también rezuma absurdez.
En cuanto al resto del reparto, no cabe duda de que es perfecto y que cada uno de los actores han sabido autoparodiarse sin problemas: Ben Kingsley como tio del dictador, Megan Fox como receptora del aladeen de Aladeen, Edward Norton dejándose llevar por la pasión asiática, Jhon C. Reilly como torturador… Cada uno de sus gags es desternillante. 
En definitiva, El Dictador se merece el visionado de todo aquel que quiera pasar un muy buen rato. Además, quizá el discurso final de Aladeen remueva alguna conciencia.

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