‘Mission: Impossible 3’: A la tercera viene la decepción

Las críticas de Carlos Cuesta: Mission: Impossible 3

Tom Cruise retomó el papel del agente de Misión Imposible Ethan Hunt por tercera vez en una película que seguramente sea la peor de la saga, entre las estrenadas hasta el momento. La peor en mi opinión pese al nivel de espectacularidad de muchas de las escenas, de la gran calidad de la imagen y de tener el comienzo más arriesgado e impactante de las tres que se habían rodado. Como en el resto de películas que adaptan la serie del mismo nombre dedicada al espionaje y a las misiones de máximo riesgo, uno puede esperar que los límites de lo improbable se vayan a superar una y otra vez, pero la fascinación, en este caso, no es suficiente para dejar un buen sabor de boca al espectador.
En este nuevo título, el protagonista se ve en la obligación de acudir con su equipo a una misión de rescate pese a haberse retirado como agente de campo para ser instructor. El motivo de este cambio es el deseo de formar una familia junto a su pareja, con la que va a casarse (Michelle Monaghan, La conspiración del pánico); pero la razón de su reincorporación es también poderosa: su alumna protegida ha caído en las manos de uno de los más peligrosos traficantes de armas del mundo. Detrás de su rapto encontrará motivos de sobra para ampliar en el tiempo su regreso. Un misterioso artefacto ha caído en manos del villano y de nuevo la seguridad de la agencia se ve en peligro por la existencia de un traidor.

La sensación de que la película está lejos de ser redonda se debe a algunas partes bastante desiguales de la película, sobre todo las que tratan de integrar en la vida de acción de Hunt a su futura mujer. Sin embargo, a su favor cuenta con aspectos tan importantes como un antagonista muy bien dibujado. Philip Seymour Hoffman (Los idus de marzo, La duda) quizá sea el de mayor personalidad de las tres partes, y seguramente el que más complicado se lo había puesto hasta ahora. Un tipo cruel, decidido, violento, con mucho coraje y bastante capacidad. El actor se muestra críptico, frío y da un buen perfil.
Otro actor que desempeña un papel bastante relevante e interesante es Laurence Fisburne, como uno de los responsables de la agencia más críticos con la actuación de Hunt. Un hombre ácido, rígido, intratable, que coloca frente a él una imagen de rigurosidad insoportable con la que se pretende condicionar al espectador respecto de la naturaleza de su personaje. Su presencia será un escollo a salvar por parte del protagonista cuando las circunstancias le obliguen a saltarse los cauces oficiales.
El resto es un poco lo de siempre. Escenarios fastuosos, algún vehículo deportivo fabuloso, cambios súbitos de países para impresionarnos, locuras acrobáticas (por supuesto con un guiño a la escena de Cruise en suspensión al borde del suelo, para recordar los momentos clave de los dos primeras películas) y alguna escena de suplantación de identidad con el redundante momento de uy casi nos descubren. Lo que sí cambia es el director, J. J. Abrams (Super 8, Perdidos), un hombre que sabe lo que es el cine de acción, y lo demuestra en la realización, pero es que el guión no le acompaña.
Desde el momento inicial la historia de amor entre Cruise y su pareja es un escollo, pese a que su amor y el deseo de su alter ego Ethan Hunt por mantenerla a salvo es uno de los ejes de la película. En ningún caso convence cómo él es capaz de ocultarle a ella cuál es su trabajo, y cuando el personaje de Michelle Monaghan se vea empujada a tomar parte de la acción, el transcurso de la historia se volverá no imposible, pues el espectáculo debe continuar pase lo que pase, sino inverosímil, inasumible y en ocasiones incluso ridículo. Por cierto, que escama la falta de continuidad en la saga en lo que se refiere a la anterior amante de Hunt (aquella mujer interpretada por Thandie Newton y por la que se jugó la vida en la segunda parte ha desaparecido sin una triste mención).
No sólo hay ausencias. Aparece otro personaje nuevo que tomará más cuerpo en películas sucesivas, concretamente el caso del informático Benji Dunn, del que se encarga Simon Pegg (Paul, Zombies Party) y de nuevo uno de los insustituibles del equipo de Hunt, Luther, vuelve a escena encarnado por tercera pez por Ving Rhames.
En resumen, la película es carente de mensaje, aunque tampoco se necesita mucho más que un pretexto como un dispositivo muy peligroso en manos de una persona sin escrúpulos para dar vida a una película de acción de este estilo. Sin embargo, los trozos de la criatura parecen desunidos, y se cosen con un final decepcionante, flojo, casi súbito que le deja a uno completamente desinflado. Pese a ello, la cuarta entrega, Protocolo Fantasma, incrementó mucho el nivel de la saga y supuso para Cruise un espaldarazo en taquilla cuando pasaba por un mal momento de credibilidad. Gracias a Dios, la franquicia Mission Impossible no se cerró con el título del que hoy les estoy hablando.

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3 comentarios sobre “‘Mission: Impossible 3’: A la tercera viene la decepción

  • el 9 julio, 2012 a las 7:40 pm
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    A mí personalmente me gustó bastante más esta tercera parte que la segunda, que para mí es la peor y con diferencia. De hecho esta tercera me dejó bastante buen sabor de boca, algo con lo que no contaba la verdad, sobre todo después de ver el nivel de fantasmada que había cogido la saga con su segunda entrega.

    En lo que sí coincido es que Protocolo Fantasma sube un peldaño el nivel, lo cual me alegra porque me encanta ver a Cruise metido en el papel de Ethan. A la espera de verle en una futura entrega.

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  • el 10 julio, 2012 a las 10:27 am
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    Yo coincido contigo en que la saga ha ido in crescendo, aunque compararlas tras la cuarta, que es espectacular, es difícil, y teniendo en cuenta que la primera era la original, la que acaba flojeando más es la segunda parte.

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  • el 10 julio, 2012 a las 10:34 am
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    Vale que la segunda es muy fantasma, y que la tercera es muy espectacular, pero lo que digo es que el final es absolutamente penoso y falto de tensión, y que es muy desigual. Para gustos los colores, claro.

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