‘Leones por corderos’: Decir lo que se piensa y hacer lo que se dice es cosa de valientes

Las críticas de Carlos Cuesta: Leones por corderos (Lions for lambs)

El gobierno de Estados Unidos quiere dar un empujón a la guerra de Afganistán que permita superar una fase atascada de lo que consideran la guerra contra el terrorismo. El senador Jasper Irving (Tom Cruise) es el responsable de una nueva estrategia a base de grupos de fuerzas especiales de tamaño reducido que eliminarán quirúrgicamente al enemigo talibán. En este título, dirigido por Robert Redford, Cruise no interpreta un antagonista habitual, pero sí es la segunda vez destacable en que el carisma de su personaje persigue conseguir objetivos si no ilícitos, al menos situados bajo un gran margen de sospecha.

El relato de Leones por corderos transcurre en una acción bélica de dos jóvenes reclutas envueltos en esta guerra; también en una analítica conversación de uno de sus profesores (Robert Redford) con otro alumno (Andrew Garfield, The Amazing Spider-Man) sobre la decisión de esos dos muchachos y su compromiso. Finalmente, la tercera de las historias cruzadas corresponde a la entrevista que el propio senador mantiene con una prestigiosa periodista (Meryl Streep) para explicarle en exclusiva la estrategia. Estos tres escenarios son la excusa para hablar sobre el compromiso, sobre su ausencia, el oportunismo o sobre nuestra propia responsabilidad como ciudadanos en la marcha de una sociedad.


El mundo sigue girando hagamos lo que hagamos, pero en un contexto global, en el que se supone que las decisiones que tomamos pueden tener consecuencias en puntos cada vez más remotos, parece que realmente estamos menos preocupados por los resultados que originan nuestras negligencias, nuestra falta de espíritu crítico, nuestra inacción y nuestra presunta falta de compromiso con causas que deberían pertenecernos a todos. De hecho llegamos a creer que esas consecuencias de la acción o la pasividad de las personas no existen. Sobre eso trata esta película, sobre la congruencia con el propio pensamiento y la valentía de ser consecuentes cuando llega el momento de serlo.

Una hora y veinte de película es metraje suficiente para envolvernos en tres historias paralelas en torno a un mismo contexto. En esos minutos los hechos en torno a la operación militar nos permiten conocer el desenlace de una decisión relevante llevada hasta sus últimas consecuencias de forma consecuente, pero lo que realmente nos permite avanzar en el relato son las conversaciones, unos diálogos con palabras muy concretas, con estructuras muy escogidas que pretenden inculcarnos la idea de la que hablamos. También el hecho que da significado al título del film: en la vida real, a la hora de escoger a aliados y de tomar decisiones no es tan fácil distinguir a los buenos de los malos.

Aunque los diálogos más potentes y atractivos son los que pertenecen a Meryl Streep y Tom Cruise (también son los que verbalmente se demustran más agitados, vivos y violentos), el núcleo de las ideas está en la que alumno y profesor mantienen para hablar sobre los dos reclutas (Michael Peña y Derek Luke). El alumno de Ciencias Políticas que interpreta Andrew Garfield se encuentra desilusionado y desmotivo por una sociedad dirigida por personalidades corruptas y mentirosas, así que ha tomado la decisión de vivir la vida sin un mayor compromiso social, tan solo con un trabajo normal y una existencia corriente. El profesor pretenderá hacerle ver que su desánimo es el objetivo logrado por una clase política que celebra su apatía.

En ocasiones, este encuentro de una hora entre ambos roza la pedantería y se mueve peligrosamente por diálogos demasiado ingenuos, pero no puedo ocultar que cada vez que me he acercado a la historia de esta película me he quedado enganchado y la he visto de principio a fin. El mensaje de que no se puede hacer nada para cambiar el mundo en que vivimos y el sistema que lo gobierna ha calado tanto que hemos llegado a creérnoslo. Quizá no podamos lograr que el sistema deje ser corrupto y que las personas dejen de ser ilícitamente ambiciosas, pero es muy probable que consigamos una sociedad mejor si hacemos algo porque así sea, cada uno en nuestro campo.

Políticos un poco menos oportunistas y más preparados; periodistas más autoexigentes y atrevidos; alumnos más comprometidos y personas más consencuentes y menos egoístas pueden hacer un mundo mejor si comprenden que cada acto vale y que cada acción tiene su reacción.

Al margen del argumento y de los pensamientos que suscite, la estructura de la película y la forma en que las conversaciones se entrelazan mediante el montaje son bastante acertadas y resuelven su papel con soltura y ritmo. En el centro de esta disertación, Tom Cruise y Meryl Streep se muestran geniales en un duelo dialéctico e interpretativo vigoroso, interesante, intenso y revelador. Ambos magníficos en una película notable en la que Cruise vuelve a demostrar que no es sólo un actor de tiroteo y sonrisa, sino que es capaz de interpretar a un personaje cuya moralidad está plagada de sombras.

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