‘Mission: Impossible 2’: Una bomba visual en manos de un maestro de la acción

Las críticas de Carlos Cuesta: Mission: Impossible 2

La Paramount ya sabía que poner en las manos de John Woo la dirección de Mission: Impossible 2 era parecido a regalar a McGiver un maletín de ferretería. Un loco de la acción encargado de rodar una película sin apenas restricciones es a la vez un sueño hecho realidad para el cineasta y sus seguidores y también una garantía de espectacularidad. Las peripecias acrobáticas de Ethan Hunt (Tom Cruise) que ya vimos en la película precedente tienen aquí su continuidad, pero el realizador chino le da a esta adaptación de la popular serie televisiva su sello personal y algún que otro toque de trascendencia épica que nos permite distinguirlo.
El relato del monstruo Quimera y el héroe que la derrotó, Belerofonte, conducen el argumento sobre un agente renegado del grupo Mission Impossible que se hace con un virus letal, con el que pretende comerciar, y que comparte el nombre de la bestia mitológica. Sean Ambrose (Dougray Scott, Enigma), es la antítesis de Ethan Hunt. Es un tipo violento y sin escrúpulos que llevará su ambición al límite. Liberar el virus no es un problema para él. La historia completa se pone de nuevo al servicio de Tom Cruise para que su personaje, al que encarna por segunda vez, haga lo impensable para eliminar esta amenaza.

Thandie Newton (En busca de la felicidad) es otro de los puntos claves de la historia. Hunt deberá reclutarla para infiltrarla dentro del grupo de Ambrose para conocer sus pretensiones. El motivo de que ella sea tan importante es que mantuvo una relación sentimental con el antagonista de esta historia y él daría lo que fuera por recuperarla. Por supuesto, los lazos entre ella y Hunt se estrecharán más de la previsto, y a un nivel tan inverosímil y rápido como lo son algunas de las escenas de esta película.
Mission Impossible 2 es un entretenido artificio tan espectacular en lo visual como simple en lo argumental. Disparos, peleas, engaños, persecuciones a la carrera, por el aire y a dos ruedas son el reclamo para mostrarnos cómo el virus y el antídoto van cambiando de manos una y otra vez. Por el camino, además de entretenernos, la película nos deja una gazapo por la historia (una Semana Santa sevillana que se mezcla o confunde con las fallas valencianas) que todo el mundo quiso recordar cuando Cruise vivió los sanfermines sevillanos de Knight and Day.
En la resolución de este conflicto del bien contra el mal regado de chorros de adrenalina enfrenta dos estilos diferentes y contrapuestos de resolver los problemas. Pese a su carácter sanguinario, Ambrose pugnará contra sus sentimientos, que serán su principal enemigo en esta ocasión, pues tiene a su enemigo en casa encarnado en la atractiva figura de Thandie Newton. Su carácter impetuoso y directo dará de frente con la calma y meticulosidad de Ethan Hunt, quien tendrá su principal obstáculo en las víctimas inocentes, daños colaterales que pretende evitar a toda costa.
La segunda parte de la saga nos deja una poca más que anecdótica aparición de Anthony Hopkins, a parte, por supuesto, de escenas para el recuerdo como el tiroteo en el laboratorio donde se gestó Quimera, o la persecución motorizada que nos lleva al duelo final entre Ambrose y Hunt. Puntos álgidos de un film de acción un tanto pretencioso (y si no, escuchen los temas de la banda sonora para comprobar hasta qué punto John Woo trata de ser épico), pero que nos satisface si lo que buscamos es la emoción sin más.

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