‘Minority report’: Espectacular mezcla de acción y paradojas

Las críticas de Carlos Cuesta: Minority Report

Un año después de los atentados del 11 de septiembre, Steven Spielberg llevó al cine una película que trataba entre otras cosas lo que la sociedad estaría dispuesto a sacrificar a cambio de seguridad. Para Minority Report imaginó, con la ayuda de un relato de Philip K. Dick como inspiración, un futuro cercano en el que los crímenes mortales podían anticiparse y en el que los delincuentes eran procesados por actos que todavía no han cometido.
John Anderton (Tom Cruise) es el jefe de la división Precrimen, responsable de evitar los crímenes anticipados por tres seres humanos denominados Precog; tres personas en un estado de semiincosciencia capaz de previsualizar las acciones violentas de un futuro que siempre termina por cumplirse. Anderton hubiera deseado que el sistema hubiera estado vigente años atrás, cuando alguien secuestró a su hijo, del que nunca volvió a saber nada. Ahora, inexplicablemente, estos oráculos han predicho que él cometera el asesinato de un hombre al que no conoce. El agente se verá obligado a huir de sus propios compañeros para demostrar su inocencia o descubrir por qué matará a esa persona.

Spielberg crea para Minority Report un fascinante escenario futurista en el que todo ciudadano está controlado mediante sistemas que le ubican en un punto concreto a través de sus retinas. La publicidad se personaliza y nos habla directamente cuando caminamos por la calle. Los transportes están automatizados e incluso nuestros actos pueden ser juzgados incluso antes de que los llevemos a término. Colin Farrell (Danny Witwer) encarnará al responsable de investigar posibles fallos en Precrimen en la víspera de la votación sobre si este método debe extenderse a todo los Estados Unidos. La organización parece no tenerlos pero, en un engranaje perfecto, asegura él mismo, el fallo siempre es humano.
Con esta película a Tom Cruise le llegó una nueva oportunidad de lucirse a las órdenes de otro mago del cine en un tipo de película de acción que le favorece y a la que sacó mucho partido. En esta ocasión le cayó en las manos un gran personaje, prácticamente incorruptible, pero con una faceta oscura. La depresión acampa en él tras el suceso de su hijo, lo que le empujará a una adicción que pondrá en peligro su credibilidad, cuando comience la persecución contra él por su presunto crimen futuro. En su fuga, deberá recurrir a aliados poco convencionales, fuera de la ley, que le permitan esquivar los opresivos sistemas de control que la sociedad se ha autoimpuesto para poder disfrutar de una vida si víctimas.
La película nos empuja a un torrente de acción y sorpresas, a compartir la angustia de Anderton mientras descubrimos junto a él los orígenes de Precrimen, los sacrificos que los oráculos y muchos otros como ellos han tenido que padecer para llegar hasta el punto actual, para al final intentar responder a la pregunta crucial: ¿Un sistema así es moral o éticamente asumible si existe la posibilidad de que una sola persona sea procesada injustamente de por vida?
El mensaje que nos transmite no es especialmente complejo, pero desde luego era terriblemente actual tras los atentados de las Torres Gemelas. Ese contenido Spielberg lo envolvió con maestría, colocando ante nosotros una tecnología y un interface que maravilló. Hay quien criticó su parecido en algunas escenas con L.A. Confidential, haciendo el relato algo predecible en algunos tramos. En todo caso, la forma en que nos van revelando cómo Anderton se acerca a su destino, y si realmente tiene la oportunidad de cambiar un futuro que parece predeterminado, mantiene presa nuestra atención de principio a fin.
Desde luego, a la estética de colores fríos y a la perfecta composición musical de John Williams hay que sumarle una adecuada selección de acotres. Cruise explota todo el potencial del personaje mientras encuentra en el de Farrell un perseguidor brillante, a su altura; Max Von Sydow le da al director de Precrimen la entidad, el aspecto y el rigor que requiere un papel vital para la película, mientras los secundarios, tanto los agentes como algunos proscritos, encajan en un puzzle armónico y excitante (Peter Stormare en la piel de un médico proscrito de los bajos fondos realmente hiela la sangre).

La culpabilidad, la ambición y la obstinación jalonan el camino que corremos al ver Minority Report. Cruise ya no tenía por qué demostrar nada en el género de acción, pero volvió a consagrarse. Spielberg es quien es en el mundo de la ciencia ficción, y volvió a sorprendernos. Así que quien no haya visto esta película aún, que aproveche una tarde, o una noche, para huir como un loco.

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