‘Algunos hombres buenos’: Una línea roja separa el Deber de lo que se debe hacer

Las críticas de Carlos Cuesta: Algunos hombres bueno (A few good men)

Continuamos repasando la trayectoria de Tom Cruise y lo hacemos para hablar de una película sensacional, vibrante. Se trata de la adaptación de una obra teatral de Aaron Sorkin estrenada en Broadway y eso se nota en la construcción de unos diálogos ágiles e inteligentes. En ella el teniente de Marina Daniel Kaffee (Tom Cruise) es seleccionado para defender a dos marines que supuestamente recibieron la orden de aleccionar a un compañero, pero que acabaron con su vida por circunstancias imprevistas. Ahora se les juzga por asesinato y el letrado tratará de conseguir un acuerdo ventajoso para sus representados. La teniente JoAnn Gallowey (Demi More), encargada del caso, forzará con su entusiasmo a que Kaffee acuda al tribunal para defender su completa inocencia.
De nuevo Cruise aparece en una película donde se discute sobre el deber en el ejército y sobre las complejas interpretaciones que algunos militares postulan acerca del honor. Los acusados son unos jóvenes celosos defensores del código del marine que no tenían intención alguna de matar a su compañero. Los personajes de Cruise, su ayudante (Kevin Pollak) y Moore deberán desentrañar los sucesos ocurridos en la base de Gitmo en la Bahía de Guantánamo para probar quién les dio una orden que ahora sus superiores niegan que existiera.

La construcción de los personajes es vital en esta película. A través de ellos puede conocerse las actitudes más habituales que el público tomará ante los acusados. Kaffee es un letrado que ingresó en la Marina para satisfacer los deseos de su padre. Éste era un gran letrado y su hijo teme no estar a la altura. Ha sido seleccionado por su fama de resolver los casos sin llegar a juicio, de tal manera que el coronel de la base Jessup (Jack Nicholson) no vea perjudicada una carrera en ascenso. Cruise interpreta a un abogado brillante, irónico y sagaz, desinhibido y que no parece tomarse nada en serio. Él se muestra comprensivo con los acusados. Cometieron un error, pero el insospechado desenlace de la muerte de su compañero fue un accidente. Sin embargo, no soporta el fanatismo orgulloso con el que los acusados han amueblado su mente.
En los extremos, JoAnn Gallowey admira a los dos marines y quiere para ellos el resultado más ventajoso. Cree que son el chivo expiatorio de unos mandos que les han abandonado a su suerte y hará lo posible para que Kaffee sea valiente, decida ir a juicio y poderse ganar así el respeto de sus representados. Ella es una abogada rígida, obsesionada con el procedimiento, burocratizada pero apasionada, insegura pero eficiente, que pretende mostrar su valía a cada persona que admira. Además, entiende que los acusados no estén dispuestos a declararse culpables porque ellos están convencidos de que hacer los que se les ordenó era su deber.
Po contra, el personaje de Sam Weinberg (Kevin Pollak) es el complemento perfecto para los otros dos. Mantiene un intachable equilibrio formal que se permite algún comentario jocoso al tiempo que se descubre en él a un eficiente y sosegado investigador. Él se muestra profundamente crítico con los clientes. No ve en ellos más que dos marines que se aprovecharon de su mayor fuerza para atormentar y castigar al joven que terminó muriendo y eso es algo que no puede perdonarles. Pese a todo, aportará su máximo potencial al equipo.
Esta es una película de grandes secundarios. Kevin Bacon, como el capitán Jack Ross, se encarga de llevar las labores fiscales sobre sus hombros en uno de los mejores papeles que le recuerdo. Kiefer Shuterland también borda el papel de un fanático y recalcitrante marine ultracatólico dispuesto a defender hasta el final la postura de su coronel y el código de los marines, algo que para él está por encima incluso de Dios y la patria. Finalmente, Jack Nicholson se lleva con su actuación una de los cuatro nominaciones a los Oscar que atesora Algunos hombres buenos con un soberbio papel cuya personalidad, su violencia verbal y su presencia constituyen el punto fuerte de varios cruces dialécticos y de una escena final que se encuentra sin duda entre las más intensas de la historia del cine. La película le debe a Nicholson gran parte de su personalidad.
Algunos hombres buenos es un relato que hay que escuchar a fondo. Los diálogos tienen un ritmo muy rápido y te engatusan con sus palabras escogidas y su fluidez. La temática y la investigación te envuelven en una atmósfera de intriga que la banda sonora hace más densa e intranquilizadora. La película no tiene escenas de acción propiamente dichas. La acción y la violencia está en las palabras y la actitud de personajes que parecen peligrosos por la forma en que encaran las conversaciones. A este brillante film le seguiría en la carrera de Cruise otra gran película en la que encarnaría a otro abogado: La tapadera.

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Un comentario sobre “‘Algunos hombres buenos’: Una línea roja separa el Deber de lo que se debe hacer

  • el 23 enero, 2012 a las 8:52 pm
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    Una buena pelí. Mejor de lo que ha simple vista puede parecer. Buenos actores y muy buenos diálogos. Una pena que la peli cogiera al T.Cruise postadolescente, en plena transformación al buen actor que es hoy día. Todavía arrastraba bastantes tics de esa época en la que forraba las carpetas de las niñas.

    Una estructura simple, cierto, pero efectiva y bien llevada a cabo. Ese famoso punto álgido("tu no puedes afrontar la verdad") que ha pasado a la historia lo demuestra. No se consigue un momento así de cualquier manera.

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