‘Nacido el 4 de julio’: Una cruda manifestación del desengaño

Las críticas de Carlos Cuesta: Nacido el 4 de julio (Born on the fourth of July )


Lo que recuerdo de la primera vez que vi Nacido el 4 de julio es una experiencia de desasosiego. Para entonces creo que ya había tomado por sistema ver las películas en las que apareciera Tom Cruise y me esperaba alguno de sus registros habituales, un film suyo ambientado en Vietnam y uno de sus típicos personajes. Lo que me traje de vuelta del universo antibélico de Oliver Stone fue un crudo relato del desengaño de una generación que se dejó la vida en una guerra que no iba con ella.
Esta película está basada en el libro autobiográfico de Ron Kovic (Cruise), un estadounidense criado en una familia patriótica y religiosa y que decidió servir a su país alistándose en los marines para combatir en Vietnam. Dejaba tras de sí una chica a la que quería y que le correspondía, una familia y un tranquilo pueblo en el que vivir una vida normal. Su concepción de sacrificio, atizada indirectamente por el clima nacional y familiar, le llevó al infierno de un conflicto sin piedad donde además de perder la inocencia quedará paralítico por un impacto de bala. En su alma, como en su cuerpo, regenerar las heridas parecerá un trabajo imposible.

El relato vital de Kovic es sólo un ejemplo de tantos jóvenes que marcharon a una guerra armados con un pueril idealismo y que volvieron con una factura moral y física de la que nadie, ni el Estado que los envío, quiso hacerse cargo. Él regreso inválido y castrado física y moralmente. Un buen chico de aspecto angelical, tímido y paradigma de buen cristiano regresó con un aspecto ajado, un carácter podrido y propenso a  hábitos autodestructivos. El resto de su vida vivirá con el recuerdo de las atrocidades cometidas, con el peso de haber matado a un compañero en un fuego amigo y con el dolor de padecer cómo despachaba su gobierno a los veteranos y el rechazo de una sociedad que repudiaba a los peones de una guerra que les parecía inútil y lejana.
Nacido el 4 de julio es el relato del desencanto, del vacío que queda tras la guerra cuando uno se da cuenta de que la vida ya no es la historia que uno había planeado para sí mismo, sino el tormento que te ves forzado a vivir a partir de ese momento. Frases como “yo luché por ti” o “serví a mi patria” se quedan sin significado ante los activistas antibélicos e incluso ante la familia o los vecinos, porque el personaje termina por comprobar que sólo lucho por sí mismo, por afán de gloria y autosatisfacción, sin saber qué era lo que estaba haciendo y a qué estaba renunciado.
Una escalofriante banda sonora de John Williams (que me evoca en algunos puntos los momentos más oscuros de Algunos hombres buenos) realza un relato que contó con la estrecha implicación del propio Kovic a través de su experiencia y de su participación en el guión coescrito junto a Oliver Stone (Asesinos natos, Platoon). La película tiene un enfoque muy personalista y como autobiográfica que es, pese a ser el recuerdo de una generación y de una época, está ideada al servicio del papel protagonista. La aparición de Tom Berenger como sargento de reclutamiento no es más que testimonial y el papel secundario de Willen Dafoe, como otro veterano tullido, es más un punto de inflexión para la propia vida de Kovic más que un personaje autónomo.
Para mayor gloria del protagonista, desde que llega a Vietnam, todo el film está repleto de incómodas escenas de gran valor interpretativo. Las imágenes durante la guerra son especialmente crudas y realistas y las que tienen como escenario el hospital de veteranos no sólo son fundamentales para entender el cambio anímico y de personalidad del personaje, también son un duro e inolvidable relato de lo incómodas que son las víctimas de una guerra para los estados que las generan.
La película obtuvo el Oscar a la mejor dirección y también la mejor edición (David Brenner, Joe Hutshing) y estuvo nominada a otras seis estatuillas por su banda sonora, mejor sonido, fotografía, el trabajo de operador de cámara de Robert Richardson, mejor guión adaptado y, también, al mejor actor principal. Primera y merecida nominación de Cruise a la que le seguirían otras dos en trabajos para mí tan significativos como Jerry Maguire y Magnolia.

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