‘Top gun’: Maverick o el molde de Cruise

Las críticas de Carlos Cuesta: ‘Top gun: Ídolos del aire’

Con Top Gun Tom Cruise rompe la barrera del sonido y empieza también, a mi juicio, una nueva etapa en su carrera donde quedan atrás los papeles adolescentes y comienza a destacar con roles de triunfador al borde del fracaso. Maverick, un magistral y temerario piloto de aviones de combate, es el arquetipo de personaje reservado para Tom Cruise. En este film, una de las sonrisas más caras de Hollywood se sube a un caza dirigido por Tony Scott (Enemigo Público, Días de Trueno) y coproducido por la máquina de hacer billetes que es Jerry Bruckheimer.
En Top Gun, la escuela de la élite de los pilotos, ser el segundo es casi caer derrotado. El teniente Pete “Maverick” Mitchell despierta en el resto antipatía e inseguridad, pero también admiración, por su temeridad e indisciplina. Una crisis de confianza de otro oficial le abrirá las puertas él y a su operador de radio para entrar en la academia, pugnar por un trofeo de gran prestigio y conseguir la mejor formación posible. Su ambición y el recuerdo de su padre, un magistral piloto fallecido en extraños circunstancias, le espolearan hasta sus límites, y también hasta los límites de sus compañeros.
Esta película es mucho más que un listado de machos alfa musculados buscando su mejor frase para dejar en ridículo a sus rivales, en la barra de un bar en la que se apoyan con el uniforme bien planchado. La mezcla de una vibrante banda sonora, acción y fabulosas escenas aéreas es más que suficiente para atrapar al espectador ante la pantalla. La puesta en escena de nombres como Tom Skerritt (Contact, Alien), Michael Ironside (Desafío Total) y Kelly McGillis (Único testigo) son además un reclamo para las audiencias y una garantía de calidad.
Top Gun comparte con nosotros la lucha de Maverick contra su propio temperamento y contra un ego que “extiende cheques que su cuerpo no puede pagar”; una misión para dejar alto el nombre familiar, debido al pasado descrédito del fantasma de un hombre que parece volar a su lado, su padre, el protagonista ausente. Mientras libra su propia batalla quizá llegue a entender que ser el líder de un equipo no sólo consiste en pilotar con más habilidad sino también ser una persona en la que se pueda confiar.
Dos duelos marcarán el transcurso de este pugna personal. Un duelo de ego y maestría con Iceman (Val Kilmer, Heat, Los demonios de la noche), un piloto frío como el hielo que desprecia la temeridad de Maverick, y una gesta romántica por el amor de Charlie (Kelly McGillis), una instructora civil que, pese a estar impresionada por las dotes de vuelo de Mitchell, no está dispuesta a desprestigiar su carrera profesional incluyendo en su currículum un idilio con un alumno. El Oscar a la mejor canción por Take my breath away tendrá algo que decir en este aspecto.
En su camino hacia el trofeo Top Gun, Maverick se verá lastrado por sus propias obsesiones y su particular carácter, circunstancias que, sin embargo, le hacen como es, un triunfador que vuela por instinto capaz de lograr el éxito con maniobras imposibles ejemplo de lo que nunca habría que hacer.
John Stockwell y Tom Cruise vuelven a coincidir en la pantalla tras Losin’ it, en un fragmento que supone una auténtica metáfora del éxito cinematográfico del protagonista de este ciclo. Mientras Stockwell lo dejaba relegado a un papel soso y segundón en la primera película que compartieron, en ésta su personaje, Cougar, se retira, abriendo a su colega de par en par las puertas a la posibilidad del éxito más absoluto. El estreno de Top Gun logró un auténtico éxito de reclutamiento en las filas estadounidenses y convirtió a Tom Cruise en un auténtico ídolo del aire y de las carteleras.

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