‘Taps: Más allá del honor’. Idealismo ciego hasta las últimas consecuencias

Las críticas de Carlos Cuesta: Taps: Más allá del honor

El año de su debut con Amor sin Fin se estrenaba también el primer largometraje en el que Tom Cruise lograba un papel coprotagonista. En Taps desarrollaba el rol del capitán de cadetes David Shawn de la academia militar Bunker Hill. Junto a Sean Penn y Timothy Hutton encabezarán un motín de estudiantes armados. Junto sus compañeros, adolescentes y niños, ocuparán el recinto para evitar que las autoridades cierren al año próximo la institución para construir una urbanización en su lugar.
Timothy Hutton (Brian Moreland) es el cadete mayor de la academia, un joven que idolatra al general que la dirige, un hombre que ha tomado como figura paterna y que ha llenado su cabeza de fascinatorias ideas de honor, dignidad y sacrificio. Mientras Sean Penn (capitán de cadetes Alex Dwyer) trata de ser la conciencia de su amigo para que deponga las armas, Shawn será el personaje que representará el extremo más bélico y alejado de la realidad, ávido de combate, ejemplo de disciplina y marcialidad que empujará a su amigo a llevar la sublevación hasta las últimas consecuencias.

Desde el principio de la historia se nos muestra la brecha abierta entre los cadetes y los jóvenes civiles, que desprecian a los internos, su sentido del estricto rigor y la marcialidad de su uniforme. Un desafortunado incidente durante una fiesta de comiezo de curso terminará con la muerte de un joven por un disparo y con la detención del director (George C. Scott, Patton), al quien se le dispara el arma en un forcejeo. Esta situación forzará a los propietarios a ignorar la prórroga de un año que habían dado al cierre de la escuela militar. Ante el anuncio de cierre inmediato, el cadete mayor no estará dispuesta a abandonar su hogar y el sentido de su vida y convencerá al resto de alumnos para tomar las armas y condicionar su rendición a la continuidad de la institución.

Hutton hace un gran papel a la hora de interpretar a un chico que llena el vacío de la atención paterna con el código de honor que el general le transmite. Durante el asedio de la Policía y el ejército a la academia, mostrará la fría mirada de un robot programado, arrastrado por un idealismo romántico e ignorante de la realidad que le impide ver las consecuencias de sus actos. Su fanatismo se verá arropado por un alterado compañero e instigado por el inevtable regesa a una vida cotidiana donde los valores que la han forjado son tomados como obsoletos y anacrónicos.
Dirigida por Harold Becker (Melodía de seducción) y basada en la novela Father Sky de Devery Freeman, logra transportarnos a un tenso asedio que se tornará insostenible conforme se vayan tensando los extremos de la razón y la lealtad. La película logra transmitir con credibilidad los anhelos de gloria de los protagonistas, el miedo de los que se ven arrastrados por la influencia grupal y la preocupación de auténticos militares de carrera (personalizados en el rostro de Ronnie Cox como coronel negociador) que tratan de sofocar una situación que se irá descontrolando progresivamente conforme se vaya revelando que la situación es un auténtico callejón sin salida. Una atmósfera opresiva que se ve potenciada por una adecuada banda sonora de Maurice Jarre.
Primeros pasos de Tom Cruise hacia la fama, con un papel discreto pero fundamental para la trama en una película que ya revelaba su interés y sus dotes para el cine de acción. De los tres protagonistas quizá Timothy Hutton es el que haya tenido una carrera más discreta, mientras Sean Penn se ha derivado por una vertiente más dramática y Cruise por una más comercial. Era difícil sospechar entonces que la carátula de Taps repleta con un plantel tan repleto de grandes estrellas (aunque Hutton tuviera recientito el Oscar). Sean Penn lo lograría años después.

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