‘El color del dinero’: Ser único es algo que no se aprende

Las críticas de Carlos Cuesta: El color del dinero (The color of the money)

La ambición, el talento, la inteligencia, el ritmo vital y sobre todo el tacto del dinero que cambia de manos constantemente son los ingredientes que hacen de esta película una historia apasionante, absorbente e inolvidable. Dirigido por Martin Scorsese y acompañando a Paul Newman como coprotagonista, Tom Cruise se luce en la primera división del cine en un film sobre personas orgullosas, únicas y competitivas. El color del dinero abarca entre otros temas el ímpetu de las nuevas generaciones que arrollan con su juventud e impaciencia a las que las preceden, y en este trasfondo Newman devora la pantalla mientras el personaje de Cruise ejerce de fabuloso complemento.
El cine recupera el personaje de Eddie Felson (Paul Newman, El buscavidas), un viejo jugador de billar que ahora se lucra con la venta de alcohol. El día que conoce a Vince Lauria (Tom Cruise), descubre en él un diamante en bruto del que sacar partido en el circuito de apuestas y un billete para recuperar la emoción de la vida. Es un joven impetuoso, bocazas y carismático al que le sobra lo que otros “se pasan la vida intentando tener”. Junto a la novia del muchacho (Carmen, Mary Elizabeth Mastrantonio, Robin Hood (1991)), rondarán las salas hasta la celebración del torneo de Atlantic City. Eddie intentará pulir su diamante mientras la ingenuidad y las ansias de ganar de Vince complicarán una y otra vez el camino que él había trazado en su mente.
El color del dinero adapta la obra de Walter Tevis de forma magistral. No es sólo por la historia, los diálogos de un submundo fronterizo, casi criminal, que nos seduce. Es la forma en la que la cámara se mueve en torno a la mesa de billar, cómo los personajes bailan alrededor del tapiz; la atmósfera de las salas, el ritmo de las partidas y la forma en que se retratan, o las escenas en las que el dinero cambia de manos y regresa después de que el talento, la suerte, o el timo más descarado entren en juego.
El carácter de Felson se lee en los gestos de Newman, se traduce en su impactante rostro y en sus silencios. Un tiburón, un hombre independiente, hecho a sí mismo, enigmático e interesado al que veremos poco a poco cómo le han cambiado los años. Impresionante papel matizado por la compañía de Cruise, un ingenuo para el amor y para el mundo que se mueve tras las mesas de billar, donde de verdad está el dinero.
Carmen y Eddie se pasarán la película intentando que el chico haga lo que ellos quieren y él, marcando el territorio para demostrar que Carmen es una chica a la que tiene en el bote. Nada más lejos de la verdad. Ella es de la misma especie que el viejo jugador. En el nine ball, al menos para amontonar billetes en las apuestas, a veces es necesario dosificarse, teatralizar el evento, aprender a perder y a ser el pobre desconocido al que parece que están desplumando. Un juego al que Vince le cuesta entrar. Su orgullo es fácil de inflamar y su actitud forzará a Eddie a entrar en la calle de la amargura.
A pesar de que Cruise hace un sensacional trabajo, de nuevo como triunfador talentoso que acabará por aprender de qué va la fiesta, uno no puede dejar de hablar de Paul Newman, una versión mayor pero mucho más impresionante de ese mismo arquetipo. Un hombre que cree saber todos los trucos pero que al final descubrirá que siempre hay algo nuevo, que sin importar el grado de experiencia, a veces te toca ser el pardillo sin darte cuenta. Obligado a vivir el éxito a través del joven, él también verá picado su ego y pensará que quizá haya algo que le quede por hacer.
Un Oscar y una nominación a los Globos de oro como mejor actor avalan lo que no es necesario certificar, el excelente trabajo de este inolvidable actor. Doble nominación para Mary Elizabeth Mastrantonio en esos mismos galardones como actriz secundaria, reconocimiento a un personaje frío, manipulador y sobresaliente. John Turturro (Barton Fink) y Forest Whitaker (El último rey de Escocia) también están presentes dentro de una privilegiada nómina de secundarios que engrandecen una película cuyas escenas están entre los mejores recuerdos que conservo del cine.

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