‘Intruders’: Un drama familiar poco terrorífico

Las críticas de Óscar M.: Intruders

La nueva película de Juan Carlos Fresnadillo intenta continuar el nuevo estilo de cine español de terror marcado por El laberinto del Fauno, El orfanato y anteriormente por Los otros y la saga [REC]; acercándose más al ambiente fantasioso del fauno que al terror de los zombis.
Precisamente ahí es donde el guión muestra su parte más débil, aunque no lo pretenda. El argumento intercala dos historias aparentemente sin ninguna conexión, pero con un nexo común, que es uno de los mayores miedos que todos hemos sufrido de niños: que un monstruo entre en nuestra habitación mientras dormimos para hacernos daño o llevarnos con él.
El miedo irracional que provoca en el ser humano en su etapa infantil la oscuridad de la noche y el miedo a lo desconocido que se oculta bajo la cama o dentro del armario está bien reflejado en pantalla, sin embargo (y a pesar de las correctas interpretaciones de los actores), no consiguen transmitir esa sensación de terror que sí han conseguido otras películas anteriores.
Probablemente el mayor fallo del “fantasma” de la película son sus diferentes manifestaciones: como humo o fantasma que surge de la nada y se hace corpóreo o como intruso-ladrón-violador del domicilio. Se intenta que el espectador sienta miedo en dos situaciones diferentes con un monstruo común, pero esa dualidad representativa lo convierten en algo demasiado fantástico como para ser creíble y le restan solidez.
En cualquier caso, las diferentes respuestas por parte de cada uno de los padres a la hora de intentar solucionar el problema reflejan claramente la cultura, la educación, el conocimiento y el estatus social que diferencia a ambas familias; un aspecto que está bien desarrollado y constituye la base de toda la película.
Fresnadillo corrobora que es un director “familiar”, algo que ya se pudo comprobar en 28 semanas después. Le interesan los dramas familiares encuadrados dentro de una situación de terror, ya sea a través de un apocalípsis zombi o por el acoso al que se ven sometidos los niños de dos familias a miles de kilómetros. Explora y desarrolla las relaciones entre padres e hijos en situaciones extremas que ponen a prueba su fe, su confianza y su amor paterno-filial.

La posibilidad de ver la película en versión original creará algo de desconcierto en el público que acuda a las salas, ya que, al estar rodada en dos idiomas hay escenas en castellano y escenas en inglés subtitulado. Algo absolutamente valorable y destacable, ya que, ver una película en castellano redoblada al inglés hubiera sido, como suele suceder, un dolor para los oídos.

Esta dualidad de idioma, provocado por el guión, hace que haya actores españoles (Pilar López de Ayala e Izán Corchero) e ingleses (Clive Owen y Ella Purnell) en la película y demuestra que Pilar no tiene nada que envidiar al talento interpretativo de los actores ingleses, lo que deja constancia de su estupendo trabajo. Sin embargo, el trabajo de Purnell refleja mucha más experiencia que el de Corchero, ya que es su primer trabajo en cine, y eso se nota en pantalla.

Un detalle que hará las delicias de los aficionados al cine y los guiños cinéfilos viene del propio guión y corre a cargo del nombre del personaje de Ella Purnell: de nombre Mia y cuyos padres se apellidan Farrow.

Visualmente continúa el estilo de El orfanato o El laberinto del fauno con escenas nocturnas, oscuras y lluviosas, con una gran variedad de azules y grises que destacan sobre los negros y ayudan a visualizar al monstruo en la oscuridad de la noche. También recurre al cuento o relato como origen del mal (la conexión entre los gatos y la aparición inicial del monstruo es un detalle muy sutil) con bastante firmeza y sin caer en el ridículo (la escena de la lectura en clase es bastante más terrorífica que los ataques nocturnos del monstruo).

Pero, en su parte final, abusa demasiado del relato con la intención de que el espectador descubra el “truco” que le han estado ocultando durante todo el metraje, acercándola así a otras películas de corte más americano como El sexto sentido o El escondite; sin embargo, tras la resolución y explicación del misterio, el epílogo final del monstruo queda como algo ridículo y sin conexión con el resto de la película, no se sabe muy bien si para justificar el gasto en efectos especiales o porque se ha querido dejar una puerta abierta a una posible continuación.

Una lástima que, a medida que avanza el metraje, el aspecto terrorífico vaya degenerando en una explicación física y psicológica, ya que resta credibilidad a una de las historias a costa de fundamentar la otra. En cualquier caso, igualmente disfrutable aunque se descubra “el misterio” antes de lo pretendido.

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