‘No habrá paz para los malvados’: Brillante thriller español

Las críticas de Carlos Cuesta: No habrá paz para los malvados

Enrique Urbizu me conquistó hace casi una década con una película de estilo sobrio, acción comedida, personajes potentes e interesante trama. La caja 507 fue para mí una auténtica sorpresa que me reconciliaba con un cine español que cuando ha intentado este tipo de historias ha frecuentado la presuntuosidad o el ridículo. No fue el caso esa vez y tampoco lo ha sido con No habrá paz para los malvados. Una película con la que el director me vuelve a ganar para su causa y que no puede sino recordarme un mismo estilo de acierto. 
La película se sustenta en un sensacional, irreconocible José Coronado, en su personaje del inspector Santos Trinidad, auténtico, mezquino, cuyo pasado juguetea con la ambigüedad en algunas ocasiones, con un trasfondo misterioso que te mantiene atrapado como espectador, y en el que, de algún, modo uno busca justificar su presente odioso. Lo que se nos esconde y se nos va revelando de él nos mantiene en vilo, deseosos de conocer cada vez un poco más.
Santos Trinidad es una policía echado a perder, con un historial brillante y un presente bochornoso, que se ve envuelto en un tiroteo que termina en carnicería en un puticlub regentado por una mafia colombiana. Mientras trata de borrar las pruebas que lo incriminan con los tres asesinatos, uno de los testigos y miembro de la banda huye. Entonces comenzará para Santos una agónica e ineludible búsqueda de la persona que puede terminar de arruinar su vida.
El personaje, un hombre alcohólico, violento, desagradablemente tranquilo, es una joya en detalles, gestos, trasfondos, uno de los mejores papeles, sino el mejor, de José Coronado. Se mueve sin desentonar en entornos y escenarios genialmente escogidos para una trama que contiene los tiros justos, la densidad adecuada, y donde la acción, cuando es necesario es relevada con acierto y maestría por la tensión. Urbizu nos demuestra que es posible un relato sólido, oscuro, sórdido, emocionante y atrayente con escenarios reconocibles de nuestro propio país, sin recurrir a lo americano pero sin tropezar en lo cañí.
El equipo actoral se completa con un plantel sin tacha en el que podríamos destacar el personaje secundario de Leiva (Juanjo Artero, El comisario), el sabueso que perseguirá a Santos sin saber a quien persigue, dando lugar a una caza paralela en la que la Policía le pisará los talones al policía, sin saber que se están adentrando en un caso que trasciende el tiroteo del club. Los lazos de la historia con el terrorismo islámico en los días previos a una cumbre del G-20 le mantienen a uno expectante ante el posible desenlace.
Para Enrique Urbizu, Coronado no es para nada un desconocido (ya lo dirigió en La Caja 507 y en La vida mancha), y su elección se nos muestra como el mayor de los aciertos dentro de un film que, en cuanto al equipo que lo da vida, son todo aciertos. Desde la fotografía, los escenarios, el decorado, los diálogos, los actores hasta la banda sonora, con una piezas musicales discretas y certeras que aportan a la película un dramatismo crucial.

Es poco lo que puede decirse aparte de lo dicho sin estropear el disfrute de la película o desvelar algún punto clave del argumento. Si debemos ponerle una pega, puede ser que los últimos planos fundidos de la película quizá no sean los más acertados, para un final que esconde una interesante paradoja. Pero si puede afirmarse que Urbizu con La caja 507 abrió una senda de la que el cine español debe estar orgulloso y que No habrá paz para los malvados recorre como heredera superando con mucho a su predecesora. Soberbio Coronado y odioso hasta lo sublime su alter ego que pone galones a un film para aplaudir.

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