‘Betty Anne Waters’: El sistema judicial americano para chicas

Las críticas de Óscar M.: Betty Anne Waters

Tras estrenarse en octubre de 2010 en EEUU y en abril en la Mostra de Valencia, por fin ha llegado a las salas españolas Betty Anne Waters, cuyo título original es Conviction y que aquí han decidido (arbitrariamente) sustituir por el nombre del personaje protagonista (fue el nombre que se utilizó durante la producción de la película).
Betty Anne Waters (Hillary Swank) es la hermana de un exconvicto (Sam Rockwell) fichado por la policía que no deja de meterse en problemas; además la oficial de policía lo tiene en el punto de mira y lo acusa de cualquier delito que se comete en el pueblo. Tras culparlo de un asesinato, es encarcelado y Betty Anne comenzará a estudiar derecho para encontrar un vacío legal y sacar a su hermano de prisión.

La historia está basada en un hecho real que sucedió a principios de los años ochenta en Ayer (Massachusetts), y está tratada de manera muy coherente con la época en la que se desarrollan los acontecimientos (tanto en el vestuario como en la ambientación o los escenarios elegidos).
Es, absolutamente, una película de chicas, para chicas y donde las mujeres llevan el peso de la historia y de la interpretación. Los actores masculinos son meros acompañantes de las actrices, que sacan adelante el producto con unas interpretaciones reales y creíbles.
Prácticamente todas las actrices están soberbias, pero hay que destacar a Hillary Swank, Clea Duvall, Julliette Lewis y a Minnie Driver; totalmente implicadas y con una profundidad (necesaria y deseable) que va más allá de la simple interpretación. Sam Rockwell y Peter Gallagher (que sólo aparece en el tramo final) sólo complementan a las actrices con unas interpretaciones igualmente correctas, aunque lejos del esfuerzo actoral de las mujeres.
Al tratarse de una película de abogados descaradamente enfocada al público femenino huye, con bastante maestría, de las tediosas e insufribles escenas en los juzgados, para centrarse en la vida de la protagonista; la cual tiene que trabajar, lidiar con su matrimonio, sus dos hijos adolescentes y los estudios de derecho para liberar a su hermano, injustamente encarcelado (según ella), de prisión.
Aunque la película es bastante lenta y presenta escenas, ciertamente, poco relacionadas con el conjunto, Tony Goldwyn consigue arrastrar al espectador por el sistema judicial americano y hacerlo dudar de la inocencia del encarcelado; para ello, el (inteligente) guión de Pamela Gray, sólo muestra como único apoyo a la hermana del encarcelado.
Es un punto muy interesante (y muy desarrollado en la película) que la protagonista sea la única que muestra la convicción de la inocencia de su hermano y que el resto de personajes sean los que expongan las dudas, ya que  el espectador tiende a implicarse emocionalemente con la protagonista desde el primer momento, pero irá desvinculándose a medida que avance el metraje y continúen apareciendo obstáculos en el camino.
A pesar de todo ésto, no es una película ñoña, sentimental ni moralista y, aunque, al estar basada en un hecho real puede identificarse con los telefilmes televisivos cutres de medio día, Betty Anne Waters es una película que sobresaldrá de la media gracias a las actrices que participan en ella.
En definitiva, una película diferente y curiosa sobre el sistema judicial americano que, aprovechando el estreno de otra película de la misma actriz (La víctima perfecta), por fin, llega a la salas de cine.

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