No diga exceso, diga ‘Machete’

Las críticas de Carlos Cuesta: Machete
  
Una auténtica ensalada de sangre, mutilación, violencia, carne, muslos y pechos, condimentada sin piedad ni medida con un hilarante humor negro marca de la casa Troublemaker Studios. Eso es Machete, una producción difícilmente calificable que tiene en cada secuencia el toque de Robert Rodríguez, escritor de la criatura ayudado por Álvaro Rodríguez y codirector junto a Ethan Maniquis.
El espectador no tiene que esperar ni a los primeros cinco minutos, y con perspicacia ni siquiera entrar en la sala, para saber que lo que se va a encontrar es un espetáculo de violencia desmedida y potente erotismo (que no sexo explícito, aunque el espectador se llevará alguna sorpresa agradable en lo que al reparto femenino se refiere. Y en esta ocasión me refiero más bien a los pechos del reparto femenino).
El argumento es aplastantemente sencillo para una historia que tiene su origen más claro uno de los falsos trailers del paquete Grindhouse,  previo a la proyección de Planet Terror. Machete, un agente federal mejicano, se resiste a ser sobornado por un poderoso narcotraficante (Torrez, interpretado por Steven Seagal, si interpretar y Steven Seagal son elementos que puedan ir juntos en la misma frase). En una misión contra el narco resulta herido gravemente y se ve obligado a presenciar como los secuaces de Torrez, antiguo agente federal que tiene a medio Méjico en nómina, asesina a su mujer. Por supuesto, escapará de esta situación y logrará llegar a Estados Unidos gracias a una organización clandestina de ayuda al inmigrante, La Red, y sobrevivirá como ilegal fuera de su patria. El destino querrá que las circunstancias pongan la venganza al alcance de su mano.

El trasfondo de la inmigración ilegal de Estados Unidos a Méjico es una parte esencial de la trama y la motivación principal de malvados de la talla de Robert De Niro (interpretando a un populista senador cuya principal argumento electoral es levantar un muro para evitar la entrada de “espaldas mojadas”), Don Johnson (agente y brazo ejecutor del senador, ultraconservador y xenófobo que persigue a los integrantes de la red), Jeff Fahey (Frank Lapidus en Perdidos, es la mano derecha del Senador y un traficante de droga al que la libre inmigración le preocupa porque afecta como abaratadora de precios de la mercancía).
Con este sorprendente elenco, uno no puede evitar pensar en Machete como una versión aún más paródica y con más caché actoral que Mercenarios de Sylvester Stallone. Eso sin decir todavía nada de las actrices femeninas, en todo un despliegue de exhuberancia pectoral femenina que os detallo por orden alfabético: Alba, Jessica; las hermanas Avellan en el papel de enfermeras; Lohan, Lindsay; Rodríguez, Michelle; y me salto el orden alfabético para hablar de Mayra Leal, que directamente aparece en los créditos como Chica desnuda.
Exceso, exceso y exceso. Exceso de machetazos animales que dejan cabezas por el suelo y risas en la sala, porque la acción es verdaderamente hilarante y cómica de pura violencia, como cómicas son también las frases lapidarias, las conversaciones variopintas de los secundarios, tan rodriguescas, tan tarantinescas. Del mismo perfil son los rasgos de los personajes, singulares, bizarros y carismáticas aún dentro del estereotipo, habitantes de un universo propio que se completa un poquito cada vez que Rodríguez saca a la palestra un creación de este corte (estoy pensando en Planet Terror).
Lejos de los telefilmes y la serie B (aunque el director se esfuerza a fondo para darle ese tono a la producción), Machete tiene oficio y método, sigue una fórmula propia y encandilará a los incondicionales porque no está exenta de maestría y originalidad. Una destreza que se muestra en la interrelación de los personajes, básicas pero efectivas, en sus odios mutuos, en la forma en que hablan entre ellos y establecen el Statu Quo; pero sobre todo se hace evidente con la elección de la banda sonora (léase el momentazo del tiroteo en la iglesia entre Osiris y El padre, encarnado por Cheech Marin, entrañable y eterno secundario, con el Halleluyah de Leonard Cohen de de fondo; simplemente magnífico).
Y todavía ni he mencionado a Danny Trejo, porque Danny Trejo es Machete, un lacónico agente federal en busca de venganza que se convertirá en una leyenda de la defensa de los inmigrantes centroamericanos. El festival de machetazos con que nos obsequia este hombre no tiene descripción posible, como tampoco lo tiene el éxito entre las féminas durante todo el metraje. Dosis de envidia.
En un papel que nos recuerda inevitablemente a Navajas en Desperado, Trejo vive su momentazo porque no se ha visto en otra, y goza de su tributo después de una interminable lista de papeles mínimos, secundarios o antagonistas en televisión y en cine que comienza en 1983 con Los Piratas del Mar de China. Su rostro poderoso, áspero y erosionado es querido inexplicablemente por la cámara. Este artista da vida a un personaje con identica eliocuencia verbal que Conan el Bárbaro y despierta similiares afinidades. Cada vez que abre la boca, suelta una perla. No vayan a ver esta película si buscan una película con mensaje, ya lo dice él mismo. “Machete no manda mensajes”.

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Un comentario sobre “No diga exceso, diga ‘Machete’

  • el 6 octubre, 2010 a las 5:18 pm
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    Me parece a mi que esta película va a generar polémica y tendremos opiniones muy dispares en el blog y entre los lectores. A los que sabíamos a lo que ibamos, con las ideas muy claras, nos encantó… pero me reservo los comentarios para la crítica, jejeje

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