55 SEMINCI: Séptima jornada (VI). ‘Vidas pequeñas’: Tragicomedia en el extrarradio

Las críticas de Carlos Cuesta: Vidas pequeñas

Entretenida película del argentino Enrique Gabriel que nos acerca una típica película de vidas cruzadas con muchos protagonistas que comparten varias puntos en común: son personas de condición humilde o venidas a menos que habitan en un camping junto a una urbanización de más postín.
El hilo conductor o el motivo para acercarnos a ellos es el fracaso de una galerista y diseñadora de moda interpretada por Ana Fernández que se ve obligada a cerrar su negocio y ve como los acreedores le persiguen, las tarjetas se le cancelan y sus propiedades se las embargan. Acude a su madre en busca de ayuda, pero la condescendencia que recibe en el trato hace que el orgullo pueda más y se busque la vida por su cuenta.
Termina por emborracharse en el bar de un centro comercial donde conoce a un artista de calle (Roberto Enriquez) que la conduce hasta el camping, allí sufrirá un contraste con la buena vida que ha vivido hasta ahora y se escandalizará de las condiciones de vida de unas personas que en principio le parecerán grotescas y a las que se irá acercando poco a poco.
Divertidos diálogos de unos personajes que interpretan bien una historia tópica y de desarrollo previsible pero que consigue despertar las risas en muchas ocasiones, en una producción que no se hace nada pesada y permite joyitas como la interpretación de Emilio Gutiérrez Caba y Ángela Molina (que si no son pareja en la serie Gran reserva, aquí son incluso un matrimonio desavenido). Algunos de los textos más mordientes les corresponden a ellos.
Los personajes son bastante curiosos, una madre soltera depiladora que se ve obligada a trasladarse a una caravana y esconde a la gente que vive allí, padece el trauma de una niña que no da un palo al agua pero se queja de la dureza de la vida mientras ella soporta su soledad (Alicia Borrachero hace un buen papel); una charcutera harta de los chanchullos de un marido manirroto; una familia de feriantes; un dramaturgo venido a menos casado con una periodista que escriba artículas y libros sobre cómo conseguir la felicidad pero que no puede ser feliz; un transportista en continuo piquete; un cantante de variedades ruso que pasea solitario con su perro; un artista de calle que se sienta a hacer figuradamente sus necesidades mientras lee un periódico sentado retrete de color morado.
Una buena colección de interpretaciones de actores bien conocidos del cine español que flojea en lo ingenuo de la trama y en los repetidos intentos de la modista y el artista de hacernos partícipes de unos excesivamente diálogos grandilocuentes. Ana Fernández, yo no sé si con motivo de un redoblaje, o de qué, no parece ni siquiera natural cuando interpreta en muchas ocasiones, y Enríquez es desigual en el nivel de una interpretación que en algunas ocasiones tiene momentos aprovechables.
Cine sin complicaciones, para echarse unas risas y disfrutar un poco con una historia que no trascenderá pero que puede servirnos para pasar un rato entretenido, que digo yo que para eso es el cine.

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