55 SEMINCI: Segunda jornada (II). Ni los siglos cambian la pasta de la que están hechos los hombres

Las críticas de Carlos Cuesta: También la lluvia

Digna candidata española a los Oscar, También la lluvia nos trae al actor omnipresente Luis Tosar, al sobrevalorado Gael García Bernal y a dos figuras del cine en la dirección (Icíar Bollaín) y en el guión (Paul Laverty) para llevar a buen puerto una película sobre el rodaje de una película, sobre la resistencia ante la adversidad, sobre la solidaridad ante el miedo y sobre la perviviencia de un sistema desigual pase lo que pase.
Cochabamba (Bolivia), año 2000. El equipo de rodaje de una película sobre el padre Bartolomé de las Casas, Colón, la conquista del nuevo mundo y la explotación indígena llega al país para contar la visión de todo este fenómeno de un idealista director. Las complicaciones comenzarán en la propia cola del casting de extras cuando Daniel, un lugareño comprometido con la lucha de su pueblo contra la privatización del agua, exija que los productores cumplan su palabra de dar una oportunidad a todos los presentes, una verdadera multitud debido a la convocatoria de casting abierto.
Uno de los alicientes de la película es la reacción que tendrán los miembros del equipo de rodaje cuando la resistencia del pueblo de Cochabamba se radicalice y quien finalmente interpretará al líder indígena en la película encabece la lucha del pueblo, complicando la vida al cineasta.

El motivo del rodaje, la historia que se cuenta en la película dentro de la película se funde con la propia historia, la represión se repite con distintos ejecutores y el papel de los personajes y las personas se intercambia. Costa (Luis Tosar) es el severo productor, obsesionado por acortar gastos, con escrúpulos solo a medias, que acaba siendo, de algún modo, Colón, con sus dudas y sus ansiedades, acuciado por el dilema de ser o no sensible a los hechos que pasan a su alrededor o continuar con un egoísmo que le ha llevado a ser un padre que no sabe nada de su hijo.
Karra Elejalde interpreta a Antón, que interpreta a Cristóbal Colón. Él también es hombre distanciado de su familia, bebedor, angustiado por la vida que encarnará al conquistado dándole un toque despiadado, pero que en la vida real será más compasivo, humano y valiente que aquellos que critican su visión de la opresión indígeno por parte de la corona de Castilla y Aragón.
Los personajes mostrarán la pasta de la que están hechos cuando las cosas se pongan realmente difíciles y evidenciarán su grado de compromiso con la denuncia que quieren contar en su película cuando la situación sea límite. Interesante aunque un tanto previsible es la evolución de Sebastián (Gael García Bernal), quien apostará por su película ante todo, ciego a una historia que en cierto modo vuelve a repetirse y que vuelve a cebarse con unos paganos similares.
Especial mención merece el personaje de Daniel, líder boliviano de la lucha contra la privatización y líder indígena en la película de Sebastián. La supervivencia es la clave con la que interpreta sus decisiones y su compromiso, el agua para el pueblo. “Hay más cosas que tu película”, le responderá al director, quien mide la importancia de su obra en la que escala de valores de quien tiene una vida alejada de la miseria. Carlos Aduviri encarna notablemente lo que se busca de él, el carácter que se le pretende a Atuey y el resto de la Sudamérica oprimida por los intereses empresariales.
Buen arranque para la Seminci, título de peso para buscar un estatuilla en los Oscar, en un filme social, con diálogos fluidos y potentes y una interpretación de alto nivel gracias entre otros a Karra Elejalde y Luis Tosar, quienes imprimen a sus personajes un hondo carácter que se evidencia cuando ambos comparten una escena en la que ambos se sinceran sobre sus vidas más allá del rodaje.
Las dificultades y el miedo miden la pasta de la que están echos los hombres. Daniel se entromete con su historia en la visión del mundo idealista y relativamente cómoda de algunos de los personajes. Su situación avergüenza ahora, y avergüenza porque es el reflejo de un pasado que puede interpretarse tan severamente como se desee pero que no deja de ser brutal e inhumano en ocasiones y que es el pasado de nuestra nación. ¿Habríamos hecho algo distinto? ¿Haremos algo ahora que tenemos ocasión?

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