“El enemigo número uno del cine ya no es la piratería, es la imposición lingüística de la Generalitat”

La afirmación que podéis ver en el encabezamiento de esta entrada no es mía, más que nada porque no la comparto en su totalidad, sino de la Asociación Nacional por la Libertad Lingüística (ANLL), en referencia a la recientemente aprobada Ley del Cine de Cataluña, que obliga a que la mitad de las copias de las películas comerciales deberán estar dobladas al catalán (aplicable a las películas extranjeras que se distribuyan en dicha nación… quiero decir comunidad autónoma).

Tengo muchas cosas que decir al respecto y sólo voy a decir algunas por dos motivos. El primero es que si digo demasiado corro el riesgo de ser farragoso, y dos es que las ganas de vomitar me nublan el juicio. Y me podéis creer o no, pero no estoy en contra de los catalanes ni del catalán (creo que de Cataluña y de su gente hay que aprender un número infinito de cosas, y algunas comunidades como Castilla y León estamos a años luz en algunas cuestiones).


Para centrarnos, la nueva ley fue aprobada con 117 votos a favor y 17 en contra, de los diputados del PP y del grupo mixto en la Generalitat. En comparecencia pública, el consejero de Cultura y Medios de Comunicación, Joan Manuel Tresserras, defendía que se pretende apoyar a la industria del cine, mejorar la oferta del sector y garantizar la diversidad lingüística.

Vamos de atrás adelante. La diversidad lingüística ya está garantizada sin fastidiar la industria del cine, algo malo en tiempos de crisis, puesto que el catalán es lenguaje cooficial en el Estado Español y los catalanes están interesados en conservarla y nadie se lo impide. Quien quiera grabar en catalán que grabe y quien quiera hablar que hable; la oferta del sector quedará reducida con esta maniobra y tercero, el apoyo a la industria del cine yo no lo veo por ninguna parte en esta ley, veo más bien apoyo a los intereses políticos de cuatro amigos que viven del cuento del nacionalismo.

El consejero Tresserras cree que el catalán es una lengua homologable a cualquiera otra de ámbito europeo y ha sostenido que “no es aceptable que se diga que no hay mercado, porque lo que no ha habido es la oportunidad de tenerlo”. En mi opinión, lo único homologable es el grado de respeto que hay que tenerle a dicha lengua, el mismo que a todas las demás, y otra cosa bien diferente es que haya que tenerle más que a las demás.

Las multinacionales ya se han posicionado. Me parece que mandarán las cintas a Cataluña en versión original sin subtitular y que allá se las arreglen, y me parece estupendamente. Si las cintas sólo se exhibieran en el idioma original lograríamos que la gente tuviera un mejor nivel de idiomas y se interesara de veras en aprenderlos y podríamos apreciar la verdadera actuación de los actores más que el mérito de su doblador, y seguramente el cine español saldría fortalecido al hacer una comparativa real.

Lo que me parece denigrante es que a estos señores se les llene la boca con que esta ley defiende el interés general cuando es mentira, cuando lo único que se busca son votos, cuando les importa un comino la lengua o el uso que se haga de ella sino lograr cuotas de poder, servirse del populismo y continuar con sus inventos.

El cine es un medio de unión y comunicación, que transporta ideas y que sirve para relacionar a las personas. Es como el propio idioma, un puente creado por las personas para hacerse entender. El idioma, el lenguaje y cualquier tipo de comunicación sólo tiene sentido cuando sirve para compartir ideas y para hacerse entender. Cuando el idioma se convierte en la razón en sí misma y sirve para separar a las personas o consigue que dos personas no se entiendan, rompe con su sentido original y se convierte en un obstáculo y en algo inútil.

No estoy en contra de aquello que dijo Eduardo Noriega durante la Seminci de 2009 en referencia a la Ley (y es que para que dé la razón a Eduardo Noriega tengo que estar muy de acuerdo) en que las películas deberían escucharse en el idioma en que se grabaron. Las películas grabadas en español, en español, las de inglés en inglés y las catalanas en catalán. Me parece mal imponer el doblaje en catalán lo mismo que me parece mal, ojo al dato, imponer el doblaje en español, lo mismo que me parece mal que se imponga una cuota de cine español.

Me interesa mucho saber en qué desemboca este experimento. Me gustará conocer el resultado de este empecinamiento por ser diferente a base de excluir, porque me temo, y espero equivocarme, que alguno va a tener que cerrar su cine en Cataluña, y va a ser más de uno, y me temo también que a alguno le va a tocar coger el coche y salir de Cataluña para ver alguna película en un sitio donde la entienda.

Por lo pronto, la Federación de Distribuidores Cinematográficos (Fedicine) va a romper el pacto de caballeros “no escrito” que tenía con la Generalitat desde hace una década para doblar anualmente en catalán entre 30 y 35 películas, por el desacuerdo con la nueva Ley del Cine de Cataluña. Con esta Ley no va a ganar nadie, pero el tiempo da la razón. Y la quita.

Fuente: La voz libre
Imagen: El Economista

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