Las críticas de David P. Davicine en el 79 Festival de Locarno:
Todos mis viajes son viajes de regreso
Colombia, siglo XIX. Karl y Petronella, una joven pareja sueca, zarpan en busca de fortuna. El río los lleva a través de tierras desoladas tras la guerra de independencia. Su aventura perderá el rumbo, deslizándose lentamente hacia una época surrealista y etérea.
Dirigida por Manuel Ponce de León, Todos mis viajes son viajes de regreso está protagonizada por Camila Bejarano Wahlgren, Fredrik Lundin, Denis Lavant y Carlos Echeverry. La película ha podido verse en la sección Concorso Cineasti del Presente de Locarno Film Festival 2026.

Nostalgia e identidad sin tiempo
En palabras de su director, esta película surge por la frase de León de Greiff, «Todos los viajes son viajes de regreso», que lo persigue desde su infancia. Años después, en Berlín, al escucharla de nuevo, revivió recuerdos de su padre e inspiró una película sobre el exilio, la nostalgia, la migración y la identidad.
El surrealista debut cinematográfico de Manuel Ponce de León logra que las palabras «pasado», «presente» y «futuro» pierdan su significado gracias a una perspectiva filosófica que transforma el flujo lineal de la historia en una estructura circular. Guiados por el flujo de la historia, los personajes se adentran en reinos metafísicos con una imagen llamativa y ambigua. Poco tardamos en darnos cuenta de las intenciones del director y sus juegos temporales, presentes desde el inicio cuando Petronella (interpretada por Camila Bejarano Wahlgren) se transporta casi dos siglos atrás, a la Colombia de finales de la década de 1820, donde comienza una nueva vida.

Un viaje al pasado… físico y metafórico
Este viaje al pasado la lleva a un momento de Colombia en el que la belleza del paisaje ha sido destruido por las fuerzas coloniales y los tesoros que tenían han sido ya saqueados, viviendo a la vez un viaje existencial y de memoria histórica, aunque curiosamente distorsionada. La película recupera personajes históricos mientras crea otros dentro de sus propias imágenes, haciendo que este viaje entre en un territorio enrarecido, surrealista, y poblado por personajes que llevan décadas perdidos.
La influencia de León de Greiff en la película está presente más allá del propio título, y mientras la identidad de los personajes se desvanece, surgen monólogos internos que citan fragmentos de poemas de De Greiff, consiguiendo un toque poético en la película.
En resumen, Todos los viajes son viajes de regreso es un llamativo debut cinematográfico que si bien por momentos es algo denso, resulta llamativo ver cómo historia, ficción y poesía comparte un mismo tiempo en este viaje físico que se vuelve metafórico.
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