Las críticas de Laura Zurita:
Hombres de acero
Cuando está a punto de conseguir la libertad condicional tras cumplir buena parte de su condena, Taylor ve peligrar su oportunidad de salir de la cárcel por la llegada de su nuevo compañero de celda, Dee.
Dirección: Cal McMau. Guion: Hunter Andrews y Eoin Doran. Reparto: David Jonsson (Taylor), Tom Blyth (Dee), Neil Linpow, Robert Rhodes, Corin Silva. Distribución en España: Alfa Pictures. Estreno en España: 17 de julio de 2026.
Desesperanza y drogas
La primera escena de Hombres de acero, escalofriante, nos deja claro lo duro de la vida carcelaria. Los presos pueden hacer lo que quieran, la diferencia de clases es abismal. Taylor, joven y apocado, está en el fondo de la escala. Arrastra su existencia con drogas y desesperanza, pasa desapercibido y está levemente protegido porque es un buen peluquero. No tiene intereses ni aspiraciones, todo es desesperanza y drogarse para no sentir. Lleva trece años dentro y le faltan días para la libertad condicional; tiene un hijo de catorce años al que no conoce. Su vida cambia cuando le entra un nuevo compañero de celda, Dee, un joven con un encanto ambiguo y peligroso. La relación entre ambos va cambiando con el tiempo, desarrollando emociones y un lazo difícil de definir. Pero la cárcel es un entorno salvaje, y llegado un momento la ambigüedad tiene que desaparecer y ambos han de definirse.
El cine carcelario es un género que nos ha dado muchas alegrías y algunos títulos gloriosos (por citar solo algunos, La gran evasión (1963), Cadena perpetua (1994), American History X (1998), La milla verde (1999)). Hombres de acero es una obra más modesta: no habla de difíciles evasiones ni de grandes acontecimientos. Lo que hace es seguir un momento relevante en la vida de un hombre irrelevante. Taylor es un delincuente menor, sin grandes ambiciones ni talento especial. Hombres de acero define un momento íntimo de alguien que tiene que elegir cuando se le presenta una segunda oportunidad, y que descubre de repente que la vida merece la pena porque tiene algo que ganar y algo que perder.
La cárcel se presenta como un espacio inhóspito e inseguro en el que la función rehabilitadora no aparece por ninguna parte. Hombres de acero la fotografía de manera inmisericorde, fría, con una luz cenital que aplasta. La película transcurre en espacios cerrados y claustrofóbicos que provocan una sensación angustiosa, una tensión casi desagradable que atrapa al espectador como la mejor película de suspense. Cal McMau, que declaró querer evitar el enfoque de turismo carcelario, lo consigue: la cárcel es dura y duele. La película usa además imágenes grabadas con teléfonos móviles en formato vertical, un recurso que añade una cercanía y un realismo que refuerzan la sensación de encierro. La música hace el espacio aún más inquietante; no es un refugio, sino una llamada de atención.
Crítica social sin mucho ruido.
Hombres de acero presenta, sin hacer mucho ruido, dos vertientes de crítica social. Por un lado, la violencia y la brutalidad del ambiente carcelario, con una crítica no por contenida menos rotunda. Por otro lado, la historia íntima de un hombre que tuvo pocas oportunidades y ahora tiene que elegir en el peor de los contextos posibles.
David Jonsson es un Taylor con una gestualidad escasa, pero que se hace querer. No es fácil presentar un personaje tan cerrado y emocionalmente estropeado sin perder la simpatía del espectador, y Jonsson lo consigue. Tom Blyth es una presencia carismática e intimidante como Dee, con un encanto peligroso que justifica tanto la atracción como el miedo que despierta en Taylor.
Hombres de acero tiene además un gran final al tiempo sorpresivo y un desarrollo consecuente de todo lo anterior. El final es un momento crítico en cualquier película, donde a menudo se falla, y Hombres de acero lo resuelve muy bien.
La dirección de McMau es ágil y da mucho dinamismo a una historia que en manos menos hábiles podría haberse sentido estática y plana. Hombres de acero es una muestra de elegancia visual y profundidad de personaje notables que bien se merece su nominación al BAFTA a mejor debut de escritor, director o productor británico.
En resumen, Hombres de acero es un retrato crudo, asfixiante e íntimo sobre las segundas oportunidades. Con una atmósfera claustrofóbica que duele, recursos de cámara en vertical que aportan un realismo brutal y un final soberbio, es una de las grandes sorpresas del cine británico reciente.
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