Crítica de ‘Un taxi en Tokio’: Recuerdos y amistad

Las críticas de Laura Zurita:
Un taxi en Tokio

Koji, un taxista de Tokio con dificultades económicas, acepta el encargo de llevar a Sumire, una mujer de 85 años, desde el barrio de Shibamata hasta una residencia en la costa de Hayama. Lo que debería ser un trayecto de poco más de una hora se convierte, a petición de la pasajera, en un recorrido por los lugares que marcaron su vida. Con cada parada, Sumire abre su corazón y los dos desconocidos descubren que, a pesar de la distancia generacional, tienen más en común de lo que imaginaban.

Un taxi en Tokio. Dirección y guion: Yoji Yamada y Yuzo Asahara. Reparto: Chieko Baisho (Sumire), Takuya Kimura (Koji), Yu Aoi (Sumire joven), Lee Jun-young. Distribución en España: A Contracorriente Films. Estreno en España: 10 de julio de 2026.

Identidad arrolladora

Yoji Yamada tiene 93 años y lleva más de seis décadas haciendo cine. Su obra, desde la saga Tora-san hasta la aclamada Trilogía Samurái —que incluye El ocaso del samurái—, se caracteriza por un humanismo profundo, sencillez narrativa y un retrato costumbrista de la sociedad japonesa. Heredero espiritual de Yasujirō Ozu, utiliza un ritmo pausado y una puesta en escena elegante, sin artificios para explorar los lazos familiares y el peso de las tradiciones. Con Un taxi en Tokio pretende, una vez más, mirar a las personas con atención y sin prisa.

La película es un remake de Driving Madeleine (Christian Carion, 2022), en la que un taxista parisino y una anciana recorrían París antes de que ella ingresara en una residencia. Yamada traslada la historia a Tokio pero lo esencial permanece: la ciudad que archiva y desencadena las memorias; la necesidad de la anciana de reafirmar su identidad compartiendo su historia, buscando distracciones y excusas porque se dirige a un sitio donde no quiere ir. Ella se aferra a la vida que tuvo, reforzando su identidad y sus recuerdos, mientras se dirige hacia una residencia que la convertirá en una anciana más. Se mira en su pasado porque su futuro se estrecha.

En Un taxi en Tokio no parece que los planes de la pasajera estén demasiado definidos, en consecuencia, los recuerdos van naciendo a medida que la ciudad los provoca. Es curioso ver cómo la cortesía y la distancia propias del trato entre desconocidos en Japón se van disolviendo kilómetro a kilómetro. La señora distinguida y férreamente correcta del principio se va convirtiendo en una persona con una historia única y casi improbable, con una identidad fuerte que asoma, arrolladora, entre las rendijas de su control y su elegancia.

Queda en la memoria

La anciana Sumire es Chieko Baisho, que con Un taxi en Tokio alcanza su aparición número 160 en pantalla. La actriz encarna a Sumire de manera natural, haciendo valer su autoridad y su experiencia. Yu Aoi, como la Sumire joven, termina imponiéndose como protagonista de la historia: sigue estando ahí, en esa anciana que nunca dejó de ser ella. Takuya Kimura es un Koji agotado y férreamente controlado, cortés hasta el extremo, que escucha más de lo que habla, y que va enlazando su viaje físico con su estado mental. Kimura, maravilloso en su modo contenido de trabajar, refleja también las reacciones del espectador: en su rostro podemos ver las emociones en gestos mínimos, lo que aporta un fino sentido del humor que nace del desconcierto y no de la caricatura.

Tokio, sus encantos y sus secretos, se van desplegando ante nuestros ojos en un remedo de la vida, comenzando por un cálido mediodía y va entrando en un melancólico atardecer y, al final, una noche cerrada. Los paisajes se van cerrando, desde una ciudad llena de posibilidades hasta un lugar del que no es posible escapar. En el último acto, el director nos indica con delicadeza cuándo Un taxi en Tokio pasa a ser un cuento, con un sutil cambio de luz que nos señala que ha llegado el momento de aceptar algo un poco mágico.

Un taxi en Tokio es una película pequeña en la que sucede mucho en un tiempo limitado y en un espacio muy reducido, mostrando que las limitaciones físicas pueden superarse con una buena historia. Yamada sabe que las historias más sencillas, bien contadas y con la duración justa, tienen más posibilidades de quedar en la memoria.


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Un taxi en Tokio

7.5

Puntuación

7.5/10

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