Crítica de ‘Viva’: Sentir a toda costa

Las críticas de Laura Zurita:
Viva

Nora es una mujer de cuarenta años que acaba de superar un cáncer de mama. Tras la enfermedad, siente una urgencia radical por vivir intensamente. Acostumbrada a exigirse al máximo en todos los ámbitos de su vida, se encuentra dividida entre el orden y la seguridad de su relación de siempre con Tom y la aparición inesperada de Max, un joven que despierta en ella una nueva pulsión de deseo y libertad. Todo ello en un contexto distópico marcado por una sequía extrema, el deterioro de la salud mental y los avances científicos que prometen alargar la vida humana.

Viva está dirigida, escrita, producida y protagonizada por Aina Clotet en su debut en el largometraje. El guion lo firma junto a Valentina Viso. En el reparto encontramos a Aina Clotet, Marc Soler, Naby Dakhli, Guillermo Toledo, Lloll Bertran, Zaïra Pérez, Josh Zuckerman, Wong Sau-Ching, Xavi Daura, Candelaria Díaz, Wiz Problema y Laura Conejero, entre otros. La película se estrena en España el 19 de junio de 2026, distribuida por Caramel Films. La película fue seleccionada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2026, donde Aina Clotet obtuvo el Premio Louis Roederer a la Mejor Interpretación.

Propuesta ambiciosa

Viva tiene una propuesta ambiciosa y lo intenta de veras. Es una tragicomedia que busca cuestionar la manera en que vivimos el miedo a la muerte, mezclándose drama y humor en dosis cambiantes a lo largo de la película. Hay momentos en los que esa apuesta funciona y la película puede ser elegante y sofisticada, y también descarada y excesiva. Esa oscilación entre registros tiene personalidad y, cuando encuentra el equilibrio (que no es siempre), resulta estimulante.

Aina Clotet demuestra talento tanto delante como detrás de la cámara. Se agradece la apuesta por un cine personal y arriesgado, más atrevido que coherente. Es una película valiente, que se enfrenta al difícil reto de convivir con distintos tonos y registros sin renunciar a su identidad, aunque no siempre consiga sostener ese equilibrio.

La puesta en escena acompaña esa voluntad de atrevimiento. La fotografía adopta a veces un realismo pegado a la tierra, y otras una luz casi de cuento cuando Nora (cuyo nombre remite inevitablemente al personaje inmortal de Ibsen)  cree estar escapando de su realidad. Por su parte, la música de Clara Aguilar contribuye a reforzar ese carácter  inquieto del relato.

El principal obstáculo de Viva, al menos para quien firma estas líneas, es su personaje protagonista. Y se trata de un problema de base, ya que cuando Nora no consigue generar empatía, la distancia emocional termina contaminando el conjunto. Nora atraviesa una experiencia extrema que debería resultar profundamente conmovedora. Sin embargo, la película la presenta como una persona con la que resulta difícil empatizar. Su comportamiento resulta a menudo egocéntrico, y el relato parece tan fascinado por su necesidad de vivir sin límites que apenas se detiene a examinar las consecuencias de sus actos sobre quienes la rodean.

La interpretación de Aina Clotet aporta energía, fragilidad y ganas, pero no puede superar que el personaje esté construido de manera algo esquemática. Sus contradicciones aparecen apuntadas más que desarrolladas, y eso limita la complejidad dramática del conjunto. Los personajes secundarios de Viva tampoco compensan esta carencia. En muchos casos funcionan más como piezas necesarias para la evolución de Nora que como individuos plenamente desarrollados. Se echan en falta relaciones más complejas, conflictos más equilibrados y personajes con un peso emocional capaz de equilibrar al de la protagonista.

El caos y la acumulación

A medida que avanza, Viva va acumulando situaciones, ideas y temas que no siempre encuentran una forma coherente de convivir. La película habla del deseo, del miedo a la muerte, de la enfermedad, de la dependencia afectiva y del equilibrio entre la búsqueda de la felicidad y la lealtad a los demás. Son cuestiones interesantes por separado, pero juntas generan una sensación de dispersión que acaba debilitando el relato.

Hay momentos de brillantez aislada, escenas que funcionan por sí mismas y secuencias capaces de transmitir sensaciones. Sin embargo, el conjunto se resiente por la falta de cohesión. Algunas ideas aparecen, desaparecen y vuelven a surgir sin integrarse en una estructura sólida.

Viva confirma que Aina Clotet tiene una voz propia y ambición artística. La película está llena de intuiciones interesantes, riesgos formales y momentos de auténtica personalidad. Sin embargo, su protagonista no termina de generar el vínculo emocional que necesita una historia de estas características, y la acumulación de ideas acaba jugando en contra de la fuerza del conjunto. Es una ópera prima valiente, imperfecta y genuinamente personal. Se agradece su voluntad de explorar caminos poco transitados, aunque el resultado final deje la sensación de una obra más interesante por lo que busca que por lo que finalmente alcanza.


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Viva

5.8

Puntuación

5.8/10

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