Crítica de ‘Colette’: Retrato impresionista de una mujer liberada

Las críticas de Cristina Pamplona “CrisKittyCris”: Colette

Rosalía de Castro decía que los hombres miraban a las literatas peor que al diablo. El mundo de las letras, como otros muchos, ha tenido durante siglos género masculino. No obstante, las mujeres han sabido hacerse un hueco a través de tretas como pseudónimos o amparadas por el nombre de sus maridos. Sidonie-Gabrielle Colette fue una de aquellas autoras que, a pesar de haber escrito en sus inicios bajo una sombra masculina, supo salir de ella para reclamar su nombre. Así llega a nuestras pantallas, Colette, un biopic dedicado a la fascinante novelista francesa.

Colette es una chica de pueblo, campestre e inocente que ha robado el corazón del parisino escritor y crítico teatral Henry Gauthier-Villars “Willy”. Tras su matrimonio, Colette llega a la capital francesa y se convierte en una personalidad de la vida social parisina.

Willy ha tenido un par de fracasos con sus últimas obras, todas ellas escritas por escritores fantasmas, así que un día convence a su esposa para que escriba una novela que él mismo firmará. Para sorpresa de la pareja, Claudine será todo un éxito de ventas.

El argumento recuerda en su espíritu a La buena esposa, el genial drama de Björn Runge. Sin embargo, en este caso estamos ante una historia real y una protagonista muy distinta a la que interpreta Glenn Close, porque Colette sí reivindicó su autoría, y con ella el derecho a sentirse libre en lugar de un anexo de su marido.

La cinta está dirigida por Wash Westmoreland, quien se ganó el favor de la crítica con Siempre Alice, reafirmando su talento dirigiendo mujeres. Westmoreland, quien además firma el guión junto a su marido Richard Glatzer, hace un recorrido de los dieciséis años de matrimonio de Colette y Willy dibujando poco a poco, con una narrativa clásica, pero eficaz, la personalidad de una de las mujeres más influyentes en la cultura francesa de la primera mitad del siglo XX.

Como no hay nada menos cinemático que ver a una persona sentarse detrás de un escritorio, no somos testigos de la creación literaria de la protagonista. En cambio, el guion hace hincapié en las distintas caras de la protagonista, desde su experimentación con distintas relaciones sentimentales –Colette se declaraba abiertamente bisexual- hasta sus pinitos en el Music Hall. Estamos ante la típica historia de una mujer que se pone el mundo por montera en un tiempo en que esa valentía no se veía fácilmente. La película abarca tantos ingredientes en la vida de la autora que termina por no profundizar en ninguno, uno de los pecados que más se ven en el género del biopic. Aun teniendo en cuenta ese defecto, Colette es una historia dinámica, reivindicativa con un marco precioso.

Y sí, como ya adelantó la crítica en los festivales en los que se presentó, estamos ante uno de los mejores trabajos de Keira Knightley, a quien parece que ha dejado de importarle encasillarse en el cine de época, siempre que el personaje lo merezca. Knightley sabe pasar de la ingenuidad a una beligerancia feroz por el reconocimiento que se ha labrado en las sombras, de la inocencia a una sexualidad palpitante. La química que comparte con Dominic West, que se encarga de dar vida a Willy, es efervescente. West tiene la capacidad de hacer de un “villano” un hombre encantador y seductor.

Pero lo que más destaca de Colette es sin lugar a dudas su manera de entrar por los ojos. La invitación que lanza al espectador para viaja a la Belle Epoque ha sido posible gracias al trabajo de producción de Michael Carlin que convierte la película en un cuadro impresionista en movimiento. Degas, Caillebotte o Manet tienen cabida en cada fotograma. También se postula para el Oscar de diseño de vestuario Andrea Flesch quien, a la hora de crear una atmósfera a través de la ropa, ha combinado diseños propios con vestidos y telas de la época, que tuvieron que ser restaurados antes de comenzar el rodaje. La vestimenta es otra de las formas en las que la película refleja la libertad conquistada por la protagonista. Pasamos de casi una niña vestida con vestidos campestres y trenzas, a una mujer sin corsé, cubierta por telas frescas y con movimiento o con un transgresor traje de caballero.

Colette no tiene nada de original y el espectador podría pensar que se trata de una historia que ha escuchado mil veces, pero su factura es tan impecable, tan clásica y tan bien hecha que sabe a nueva. Porque a veces la forma de narrar es tan importante como aquello que se narra. 


¿Qué te ha parecido la película?

Crítica de ‘Colette’: Retrato impresionista de una mujer liberada
3.5 (70%) 2 votes

 

7

Puntuación

7.0/10

También te puede interesar

Un comentario sobre “Crítica de ‘Colette’: Retrato impresionista de una mujer liberada

  • el 18 noviembre, 2018 a las 03:08
    Permalink

    Tengo muchas ganas de ir al cine a verla

    Respuesta

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.