Las críticas de Laura Zurita:
Jim Queen
Jim Parfait es un influencer parisino, musculado y orgulloso, ídolo indiscutible de la escena gay de la ciudad. Su mundo se derrumba cuando contrae la Heterosis, un misterioso virus que convierte a los hombres homosexuales en heterosexuales. Abandonado por sus seguidores en cuestión de días, solo cuenta con la ayuda de Lucien, un twink todavía en el armario, para recorrer París en busca de la Chloroqueer, la mítica cura capaz de salvarlo a él y a toda la comunidad LGBTQIA+ de la extinción.
Dirección: Nicolas Athané, Marco Nguyen. Guion: Nicolas Athané, Marco Nguyen, Simon Balteaux, Brice Chevillard. Voces en la versión original: Alex Ramirès (Jim), Jérémy Gillet (Lucien), con la participación de Philippe Katerine. Distribución: Elástica Films. Estreno: 4 de septiembre de 2026.
No deja títere con cabeza
Jim Queen no deja títere con cabeza. Es una obra excesiva, gamberra, que le recordará a ‘Hermano Lobo’ a quien todavía se acuerde de aquella época: La misma vocación de no respetar nada ni a nadie, de ser cruda y de ser lo que ahora llamamos incorrecta, actualizada con la estética y las obsesiones de hoy. La premisa ya lo avisa: una plaga bautizada Heterosis convierte a los hombres gais en heterosexuales, y su víctima número uno es Jim, un influencer musculado que ve desaparecer sus abdominales, sus seguidores y su estatus casi al mismo tiempo. Porque la película se inicia en una cultura del cuerpo, la de las clases de gimnasio, una cultura de lo exterior que es puramente superficial a rabiar.
La animación es básica, se concentra en ser expresiva y deja la belleza en segundo plano: le basta con poco para transmitir mucho, y ese punto de crudeza gráfica encaja bien con el tono bruto de todo lo demás. Jim Queen es sexualmente explícita, no apta para quien tenga problemas con el sexo mostrado sin filtros, ni para quien no esté dispuesto a que le remuevan los límites morales y estéticos en torno a las identidades sexuales. Nada de medias tintas.
Uno de los grandes aciertos es la figura de la madre de Lucien, que resulta ser nada menos que la ministra de Sanidad, homófoba convencida, empeñada en imponer su propia versión de la vida. Ese personajea encajaría perfectamente en el susodicho ‘Hermano Lobo’, una caricatura política llevada a la ficción sin perder un ápice de mordacidad. Sustenta una crítica brutal a los procesos de terapia de conversión: la lógica de «arreglar» a quien no encaja en la norma con un simple virus golpea con fuerza.
Se ríe del mundo queer
Pero Jim Queen no se limita a apuntar hacia el mundo normativo (les faltó decir «patriarcal»). También hay una crítica al culto al cuerpo que impera en ciertos sectores de la comunidad gay, una verdadera adoración a los abdominales y los cuerpos sudorosos como forma de redención, y a la difícil convivencia entre las distintas corrientes que conviven, no siempre en paz, dentro del propio mundo LGBTQIA+. Es una autocrítica poco habitual, y se agradece que la película se atreva a reírse del mundo queer, porque nadie más se atreve a hacerlo. Y ahí mismo queda expuesto su límite: No es una oda a la diversidad, sino una oda a los homosexuales masculinos, contrapuesta a lo normativo. Las demás orientaciones no se tocan, ni para bien ni para mal.
La película tiene una apariencia disparatada: es una comedia devastadora, una gamberrada suprema, que quiere escandalizar, quiere ser una provocación cuando ya nada provoca, quiere molestar, quiere hacer ruido. Pero quiere también que veamos a sus personajes como personas, y desde su propio punto de vista: por eso su terrible caricatura de las terapias de conversión funciona tan bien, vista desde la perspectiva de quien podría sufrirlas. Y, también, un poquito, es una comedia romántica.
En resumen, Jim Queen es puro exceso con intención, una sátira que no perdona a nadie, ni a los homófobos (más o menos disfrazados) ni a los propios gais que ha retratado, servida con una animación modesta pero eficaz y un sentido del humor que no pide permiso a nadie.
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