Los artículos de Santiago Varela Antúnez:
Resurrection
Primer texto que escribo para No es cine todo lo que reluce, primeras palabras que se sienten como un soplo de aire a mi vida, con energías renovadas y la misma ilusión que la de un niño pequeño cuando empieza una nueva etapa escolar, aunque, en esta ocasión, mi etapa empieza en el mes de junio. Un mes en el que las vacaciones se sienten cerca y el sol llena nuestras casas de luz durante tantas horas al día.
Con este texto, y con el mcguffin de hablar de la maravillosa Resurrection de Bi Gan, quiero intentar arrojar un poco de la luz sobre la situación del cine en la actualidad, los recientes conflictos entre críticos y, también, sobre religión. Sí, como lo has leído: RELIGIÓN. Pero, en este caso, la del CINE.

La religión del cine
Estoy seguro de que si el cine fuera una religión, la película Resurrection formaría parte del nuevo testamento y el monstruo sería Jesucristo soñando con un mundo mejor. Os escribo desde Madrid y os escribo a vosotros, que me leéis desde cualquier parte del mundo, así es internet, así son los medios de comunicación independientes ahora mismo.
Hoy, en esta ciudad abrasada por las llamas del infierno, hay presentes dos eventos que están bastante relacionados entre sí. Bad Bunny está dando conciertos multitudinarios en el Metropolitano durante muchos días y el Papa ha decidido hacer una visita a la ciudad para poder deslumbrarnos con sus ropajes, como la nieve en una montaña, y reunir también a miles de personas entorno a su persona. Dos figuras muy separadas, pero que consiguen congregar a verdaderas masas. El centro de la ciudad está saturado, por eso en la periferia se vive mejor y uno puede tomar perspectiva de la situación, a veces es mejor alejarse, para poder contemplar el cuadro de una forma más analítica, para poder hablar de ello.
Ahora yo, te hago una pregunta; ¿hace cuánto que no vas al cine? Puede parecer sencilla de responder, pero si estás leyendo esto, entiendo que puede ser doloroso responder que «desde hace mucho tiempo», sino no estarías leyendo algo relacionado con Resurrection que ya la han quitado del cine, eso, o eres un friki como yo y te gusta leer todo lo que pillas, aunque ya hayas visto la película. Pero, volvamos a la idea de la religión, volvamos al conejo malo y al Papa, «bueno». Desgraciadamente nuestra Iglesia, la SALA DE CINE, se ha ido vaciando con el paso de los años, una religión procesada por tantos adeptos y que fue mainstream en los años 80’, 90’ y 00’, con la llegada de las plataformas ha quedado denostada a acudir cuando es miércoles o en la ‘fiesta del cine’, un evento que sucede 2 veces al año y que debería extenderse a todos los días del año, porque el cine en sí, es una fiesta. Yo que trabajo dentro de la industria, conseguir hacer nuestro trabajo, poner de acuerdo a casi 150 técnicos y actores en un rodaje para que se ruede un día, a una hora, la idea de uno de estos monstruos soñadores que aparecen en la película de Bi Gan, es un acto casi de fe. Tras el rodaje llega el montaje, y con el «milagro», El milagro (David Varela, 2026), ya editado, nosotros, los espectadores, contemplamos uno cada vez que vamos a la sala. En la televisión, es lo mismo, sí, pero tu perro no se ríe o llora, como lo hace la señora de la quinta fila que ha ido con su hija a ver esa película tan rara de un asiático loco que nos intenta decir que ama el cine y que quiere que los demás lo amemos también.

¿Análisis, crítica o periodismo?
La llama del amor al cine se mantiene en el tiempo, por herencia o por llamada, como las monjas de Los domingos (Alauda Ruiz de Azúa, 2025), que sienten la imperiosa necesidad de escuchar la palabra de los cineastas. No hay creyentes impecables, al igual que no hay espectadores intachables, todos tenemos nuestros vicios ocultos y nuestras filias, eso no significa que hayamos pecado por ir a un cine y comernos un cartón de palomitas mientras nos la gozamos viendo El diablo se viste de Prada 2 (David Frankel, 2026) y no somos más cultos por ir a ver Resurrection, estoy seguro que llevo a mi madre a verla y entiende perfectamente lo que dice, otra cosa ya es si le gusta o no.
Hablemos de la crítica, dejemos de adoctrinar públicos y disfrutemos más de la vida, la virtud está en el punto medio y, el punto medio está donde nosotros lo pongamos, porque cada persona es distinta y mis gustos no son mejores que los tuyos. Está claro que hay ciertos intereses ocultos, porque la crítica cinematográfica ha caído en un pozo tan profundo de precariedad, que la única forma de salir es «prostituyéndose» de alguna forma ante los intereses de una empresa. Tanto es así, que se le está dando la vuelta a la tortilla y hay medios que directamente producen tanto contenido que no te da tiempo a leerlos, son como el Netflix de la comunicación.
¿Análisis, crítica o periodismo? No sé, cada uno escribe como puede, lo que puede y lo que le dejan (sobre todo eso). La crítica de cine ya no le importa a nadie, salvo a ti, que lees este texto e intentas aferrarte, tener esperanza, ser ese monstruo que sueña de Resurrection, ser ese que tiene historias dentro. Los críticos también, pero quizá han perdido la perspectiva de por qué se dedican a ello, algunos lo hacen por seguir manteniendo el sueño, ese sueño eterno que es el cine, en el que se viven aventuras, se utiliza el intelecto, pero también los sentimientos. Quién no ha llorado alguna vez en el cine, yo mismo con La Casa de Álex Montoya en el Festival de Málaga de 2024, pero el resto de críticos estaban igual o peor que yo. Terapia colectiva que no se puede explicar con palabras.
Somos cada vez menos, la precariedad nos está matando, o trabajas gratis, o te vendes o ganas poco. Seguro que este texto no les llega, pero con que te llegue a ti, me vale. En definitiva, que disfrutemos cuando un director o directora se abra en canal, que está compartiendo parte de su alma (o eso decían las primeras personas que fueron retratadas por una cámara), pero también lo hagamos con el nuevo blockbuster con el que nos hemos reído tanto. Mi placer culpable son las tardes de verano en la calle con un proyector emitiendo luz sobre una lona blanca y una película de Adam Sandler. ¿Cómo puedo hacer crítica cinematográfica? Pues porque amo el cine, amo reflexionar, amo hablar con el de al lado a la salida y compartir pensamientos, amo el placer de contaros cosas, de abrirme en canal como el cineasta y de aprovechar la vida, plantearme preguntas y no juzgar a los demás en sus gustos, juzgarme a mi por lo que pienso y por mis anhelos, porque cuando más me pregunto cosas, más aprendo de mi y si hay ahí fuera gente que también se plantea las mismas preguntas que yo, a lo mejor aprendemos algo juntos.

El cine y los soñadores
El cine siempre nace de una pregunta, el cine en sí es una pregunta que a veces se contesta o que plantea nuevos millones de preguntas. La sinopsis de Resurrection dice: «En un mundo donde la humanidad ha perdido la capacidad de soñar, una criatura sigue fascinada por las ilusiones que se desvanecen del mundo onírico». Soy defensor de la creencia, junto a Bi Gan, de que los soñadores están desapareciendo, el capitalismo nos está ahogando, trabajar 8 horas al día durante 5 días a la semana y, vivir esperando que llegue el fin de semana, o que llegue la tarde para ser nosotros mismos y disfrutar de la vida, nos está aprisionando. No hay nada más revolucionario que ir al cine en estos días, que disfrutar de la experiencia colectiva de ver una película, buena o mala (para eso ya estamos los críticos…), pero al fin y al cabo, relacionarnos con el otro, porque vivimos encerrados en una cadena diaria de soledad, donde lo «bonito» es el individualismo y, con el que, las grandes empresas están consiguiendo que nos dividamos. Atacan nuestro intelecto a través de las pantallas de los móviles y nosotros dejamos que lo hagan, les abrimos el mundo de nuestra mente, pero cuando vamos al cine, creamos una mente colectiva de pensamiento que trasciende la pantalla y pensamos de forma común.
Ahora que llega el verano, vete al cine, da igual a cuál sea, disfruta del concierto de Bad Bunny, de la visita del Papa si eres religioso o del Mundial de fútbol masculino si eres futbolero, pero sobre todo, hazlo en grupo, intercambia ideas, exprésate y deja que los demás lo hagan, escucha y genera un pensamiento crítico sobre lo que haces, ten TÚ criterio, no el de un video de Tik Tok que viste ayer y se volvió viral. Deberíamos crecer para romper con los esquemas impositivos sociales, luchar contra las grandes multinacionales que nos tienen acorralados en una esquina mientras vemos la pantalla de nuestro móvil y no luchamos por ver el universo que hay a nuestro alrededor.
Resurrection es idealista, como este texto, y nos pone frente a las imágenes para mostrarnos lo que nos estamos perdiendo, una «carta de amor al cine» que debemos disfrutar en las salas, pero como ya no está en ese espacio, en tu casa también está bien. Espero que el cine resucite como según dice la Biblia que hizo Jesucristo, porque espero que los monstruos soñadores cada vez sean más, cada vez hagan más críticas y que todos seamos felices disfrutando de las historias, de las nuestras y de las del otro, porque escuchar y empatizar nos hace crecer y el cine es, y será, revolucionario.
¿Qué te ha parecido la película Resurrection?
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