Crítica de ‘Una pistola, una bala y un oso panda’: Absurdo en el barrio

Las críticas de Laura Zurita:
Una pistola, una bala y un oso panda

Saúl, un director de cine abandonado por su pareja, en paro y con la cuenta bancaria al límite, atraviesa una depresión profunda que le tiene recluido en casa desde hace más de un mes. La aparición de un paquete misterioso en su rellano —que contiene un revólver, una bala y una enigmática nota— desencadena una cadena de acontecimientos que cambiará su vida por completo. Acompañado de sus dos mejores amigos (Raúl y Maite), Saúl emprende una aventura alocada y cargada de giros inesperados, donde nada es lo que parece y donde la realidad se mezcla a menudo con los sueños.

Una pistola, una bala y un oso panda está dirigida y escrita por Oriol Cardús. En el reparto encontramos a Alain Hernández, Patricia Conde, Petra Martínez, Mar Ulldemolins, Emma Ozores, José Troncoso, Dafnis Balduz, Teresa Ferrer, Francesc Ferrer y Carles Martínez. La película se estrena en España el 12 de junio de 2026, producida y distribuida por Sin Parpadear.

Un comienzo enigmático

Oriol Cardús llega a su primer largometraje de ficción con una premisa que puede funcionar: un director de cine en crisis, encerrado en casa con una depresión y una vida que se ha ido deshaciendo en silencio, recibe un día un paquete misterioso en el rellano. Dentro, una bala, una nota enigmática y lo que termina siendo un revólver. A partir de ahí, el mundo interior de Saúl —desangelado, gris, sin horizonte— se ve sacudido por una cadena de acontecimientos inexplicables que la película tampoco pretende explicar.

Cardús reivindica abiertamente que la suya es una comedia de autor. Sus reglas, dice, no tienen nada que ver con las del mundo real. Y tiene razón: Una pistola, una bala y un oso panda es una película que hace lo que quiere, que no le debe nada a la lógica causal ni a la coherencia narrativa convencional. El problema no es esa libertad. El problema es lo que hace con ella.

Hay momentos en que la película encuentra su tono. Algunos diálogos son inesperados y genuinamente divertidos, con esa cadencia del absurdo bien ejecutado que sorprende cuando aparece. Y los personajes secundarios tienen personalidad: no están ahí para cumplir una función argumental y desaparecer, sino que se sienten habitados, con sus propias maneras de estar en el mundo. La relación entre ellos resulta natural, y hay escenas en que su presencia da a la película una energía que en otros momentos le falta.

De hecho, algunos de esos secundarios tienen más cuerpo y resultan más simpáticos que el propio protagonista. Lo cual es, a la vez, un elogio para ellos y un síntoma del problema central.

El problema central

Alain Hernández hace bien su papel. Su Saúl es un hombre desorientado que no sabe qué hace ni por qué, y eso está interpretado con credibilidad. Pero el guion no consigue que nos importe lo que le pasa. No conectamos con su historia, no nos enganchamos a su mundo interior, y cuando los acontecimientos extraños empiezan a sucederse, los vemos desde fuera, como espectadores de algo que no nos incluye.

Eso es lo que separa el buen cine absurdo del que simplemente resulta inconexo. El absurdo de Kafka, de Ionesco, del primer Woody Allen que el propio protagonista menciona como referencia, funciona precisamente porque bajo la superficie disparatada late algo reconocible y verdadero: una angustia, un deseo, una soledad que el espectador puede hacer suya. Aquí esa capa falta, o no llega con suficiente fuerza. Una pistola, una bala y un oso panda nos cuenta una serie de cosas inesperadas y chocantes, algunas entretenidas, pero no consigue que formen un todo que importe.

El resultado es una película que se siente inconexa, con escenas que se suceden sin que acumulen tensión ni significado, un protagonista que deambula sin que su deambular genere empatía, y una propuesta autoral que se queda en la superficie de sí misma.

Una pistola, una bala y un oso panda es una primera película de ficción con ideas propias y algunos momentos logrados. Cardús tiene instinto para los personajes secundarios y para el diálogo con chispa, y hay en la película una voluntad de no parecerse a nada que merece nuestro respeto. Pero la libertad formal no basta si el espectador no encuentra un punto de entrada emocional. Una comedia de autor también necesita que algo, en algún momento, nos importe. Saúl es un hombre al que no le va bien la vida. Ochenta y cinco minutos después, seguimos sin saber muy bien por qué debería importarnos.


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Una pistola, una bala y un oso panda

5.7

Puntuación

5.7/10

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