Crítica de ‘Nino’: Profundidad honesta

Las críticas de Laura Zurita:
Nino

En tres días, Nino deberá enfrentarse a una gran prueba. Hasta entonces, el joven explora las calles de París para reconectar con el mundo y consigo mismo.

Nino está dirigida por Pauline Loquès, en su debut en el largometraje, y está escrita por el propio Loquès junto a Maud Ameline. En el reparto encontramos a Théodore Pellerin, William Lebghil, Salomé Dewaels, Jeanne Balibar, Balthazar Billaud, Camille Rutherford, Estelle Meyer, Victoire du Bois, Alexandre Desrousseaux y Mounir Belhidaoui, entre otros. La película se estrena en España el 26 de junio de 2026, distribuida por Surtsey Films.

Nino Tres días, una vida

Nino, en la película, se enfrenta a algo que marca un antes y un después en su vida. Desconcertado y casi roto, recorre las calles de París con la esperanza de reconectar con el mundo y encontrar algo de claridad interior. En su camino, se cruza con rostros, recuerdos y momentos que lo confrontan con su pasado, mientras el miedo flota sobre su conciencia. París se convierte en el escenario íntimo de una búsqueda silenciosa, donde la vida cobra un nuevo sentido y el tiempo se vuelve valioso de repente.

Nino hace lo que otras películas han intentado y pocas consiguen, el emocionarnos al sumergirnos en unos días en la vida de una persona corriente, en una situación que lo cambia todo. La diferencia de esta película con otras es palpable, pero sutil. Las personas que Nino encuentra son de carne y hueso, sus diálogos son naturales, las situaciones son perfectamente posibles, aunque a veces sean raras. Y no podemos apartar los ojos de una historia tan pequeñita, por una dirección que pone a un muy humano Nino en el centro y, sobre todo, debido al enorme carisma que desprende el actor Théodore Pellerin.

Loquès pone su propia impronta en una historia universal, la preocupación y el miedo por vida y muerte, algo que la película teje con sutileza. El filme no es triste en el sentido convencional, pero es capaz de generar emociones genuinas. Recurre a un realismo puro que se mantiene de principio a fin, con una empatía que alcanza a todos los personajes que retrata, no solo al protagonista.

  Estructura circular

La película empieza y termina con el nombre del protagonista, Nino Clavel. Una estructura circular elegante y precisa enmarca la historia con la identidad de quien la protagoniza. Nino cree que va al médico por algo trivial y termina enfrentado a un diagnóstico que le cambia la vida en varios sentidos, obligándole a tomar decisiones a muy largo plazo, dejándole de repente sin suelo bajo los pies, sin refugio (algo que la película muestra con inteligencia simbólica al hacerlo perder sus llaves).

Uno de los toques profundos de la historia es la actitud del personal sanitario, que quiere de verdad ser empático, pero solo lo consigue en parte. Hay una escena en la que el futuro de Nino como padre se decide en un apunte de protocolo, resulta reveladora y sangrante. Lo que para el personaje es algo íntimo y fundamental, es una nota para el sistema, y él lo sabe.

Un fin de semana en suspensión

Durante ese fin de semana, Nino se enfrenta mentalmente a su nueva situación. La película tiene una estética naturalista y una dirección fluida, con un protagonista en movimiento continuo por París. A menudo aparece solo, y hay un montaje que nos muestra que está en su propio universo, como recordando que el mundo que lo rodea sigue ahí aunque él esté dentro de una especie de burbuja. Una burbuja que solo se rompe cuando está con una presencia acogedora que aparece en medio del fin de semana y que es, sin duda, el contrapunto emocional más importante de la película.

Théodore Pellerin es una presencia magnética y contenida. No sabemos mucho sobre su vida, pero su esencia está ahí, en la mirada, en los gestos pequeños, en la manera en que escucha o en que calla. Ganó el Premio Estrella en Ascenso en la Semana de la Crítica de Cannes, y los César le dieron el de Mejor Esperanza Masculina. Ambos reconocimientos son merecidos.

Nino es consciente de ser una película de paso. No busca resolver todos los temas que toca, y no lo hace porque sería deshonesto hacerlo. Un diagnóstico como este no tiene solución en un fin de semana: habrá más días, más evoluciones, más tiempo. Cerrar con un lazo sería cerrar en falso, por eso deja los cabos abiertos con naturalidad y sin angustia.

En resumen, Nino es una película pequeña, pero muy bien hecha. Un notable debut que se siente, en sus mejores momentos, cercano y cálido, en el que sentimos y comprendemos las emociones sin que haya que subrayarlas.


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Nino

7

Puntuación

7.0/10

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