Crítica de ‘El día de la revelación’: El maestro ha vuelto, y merece la pena haber esperado

Las críticas de Laura Zurita:
El día de la revelación

Si descubrieras que no estamos solos, si alguien te abriera los ojos y te lo demostrase, ¿te asustarías? Este verano, la verdad será revelada a siete mil millones de personas. Llega… el día de la revelación.

El día de la revelación está dirigida por Steven Spielberg y escrita por David Koepp y el propio Spielberg, a partir de una historia original del director. En el reparto encontramos a Emily Blunt, Josh O’Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo, Wyatt Russell, Henry Lloyd-Hughes, Elizabeth Marvel, Hettienne Park y Tommy Martinez, entre otros. La música es de John Williams y la fotografía de Janusz Kaminski. La película se estrena en España el 12 de junio de 2026, distribuida por Universal Pictures International Spain.

Crítica de ‘El día de la revelación’: El maestro ha vuelto, y merece la pena haber esperado

Antes de empezar, un consejo: Buscar una buena pantalla

Con El día de la revelación cabe elegir. Se puede entrar analíticamente —verificar si la trayectoria de un objeto sigue exactamente las ecuaciones de la física y si cada detalle de la trama encaja con precisión milimétrica— o se puede entrar a disfrutar de la experiencia. Yo hice lo segundo, y ese es el enfoque que recomiendo.

Y es que el cine es también eso, una experiencia a la que rendirse, algo que disfrutar a fondo y sin reservas. Y esta película pide, además, una pantalla lo mayor posible. Spielberg rueda aprovechando toda la superficie de la imagen, con la acción desplegada de lado a lado, sin concentrar los detalles en el centro, bien apilados para quien vea en el móvil. Aquí la pantalla engrandece la imagen y en una sala buena se nota. Lo mejor es ir a ver El día de la revelación como una obra, así se merece.

El lenguaje de Spielberg

Antes de hablar de El día de la revelación conviene recordar por qué importa tanto que sea Spielberg quien la rueda. Spielberg es uno de un puñado de cineastas que han definido no solo su época sino el propio lenguaje con el que el cine popular piensa, uno de los más influyentes de los últimos cincuenta años.

Su cine tiene rasgos propios, que lo definen sin encasillarlo. El primero y más conocido es “la cara Spielberg”, ese plano cerrado de un personaje que ve algo fuera de campo, la boca entreabierta, los ojos que se agrandan, y que resume en un rostro toda la maravilla o el terror de una escena. El segundo es su uso de la luz como narración y convierte lo ordinario en sagrado. El tercero, la cámara a ras de suelo, el mundo visto desde abajo, que muestra al espectador el punto de vista de un niño, o de alguien aplastado. El cuarto es el ritmo, sin pausa pero no apresurado, en el que las escenas de acción tienen sentido porque antes nos ha importado quién está en peligro, y los efectos especiales existen para que los personajes importen más. Inseparable de todo lo anterior, su colaboración de décadas con John Williams, ese genio de las bandas sonoras cuya música genera emociones directamente en el plexo solar.

A esto hay que añadir una cualidad que se subestima porque la damos por sentada, y es su capacidad para el misterio controlado. Spielberg sabe cuándo no mostrar, y que la expectativa bien gestionada es más poderosa que la revelación precipitada.

Películas que definen una carrera

Elegir entre más de treinta largometrajes es casi una injusticia, pero hay un núcleo duro en la filmografía de Spielberg que me es imprescindible.

  • Tiburón (1975) fue la película que inventó el blockbuster de verano y la que le dio a Spielberg la confianza de la industria con poco más de veintiocho años. es un estudio de la comunidad bajo presión y el miedo de lo invisible, ya que la aterradora criatura apenas se ve durante la primera hora.
  • Encuentros en la tercera fase (1977) es la película con la que El día de la revelación dialoga de manera más directa. Spielberg imaginó entonces que los extraterrestres podían venir en son de paz y convirtió el contacto en una experiencia casi religiosa. Cincuenta años después, la pregunta sigue viva.
  • E.T., el extraterrestre (1982) es probablemente la película más pura de toda su carrera: una historia de amistad y pérdida que funciona en cualquier cultura y en cualquier generación. Pocos finales en la historia del cine han provocado tantas lágrimas.
  • La lista de Schindler (1993) fue el momento en que el mundo entendió que Spielberg no era solo el rey del entretenimiento. Una obra de una seriedad moral aplastante, rodada en blanco y negro casi documental, que le valió el primer Oscar como director y que demostró que podía hacer cualquier cosa.
  • Salvar al soldado Ryan (1998) adelantó una forma rompedora de rodar la guerra en el cine. Los primeros veinte minutos del desembarco de Normandía siguen siendo, casi treinta años después, una secuencia bélica demoledora e inolvidable.
  • Los Fabelman (2022) fue su regreso más personal: la película autobiográfica sobre su infancia, sobre su familia rota, sobre cómo el cine fue una especie de tabla de salvación. Una obra madura de corte clásico que confirmó que Spielberg a los setenta y cinco años seguía teniendo cosas que decir y sabía cómo decirlas.

Tras Los Fabelman, Spielberg desapareció de las pantallas durante cuatro años. No es una pausa inusual en su carrera —entre Munich e Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal tardó tres años, entre El puente de los espías y Ready Player One tardó dos—, pero en el contexto actual, con el cine de autor en retirada y los estudios volcados en franquicias y refritos, su ausencia se notó de manera especial. Spielberg es uno de los pocos nombres que puede hacer una película de ciencia ficción original, sin secuelas, sin red, y garantizar la atención del mundo. Que haya tardado cuatro años en volver, y que haya vuelto con esto, dice mucho.

Crítica de ‘El día de la revelación’: El maestro ha vuelto, y merece la pena haber esperadoLa madurez como forma de mirar

La película arranca en un tono deliberadamente contenido. Spielberg sabe utilizar el silencio para captar la atención, sabiendo que el espectador es inteligente y que esperará si merece la pena. Y eso es exactamente lo que hace aquí, colocarnos in media res, en una situación que no entendemos del todo, rodearnos de personajes cuyas motivaciones desconocemos, y dejarnos con la incomodidad productiva de quien sabe que algo está a punto de ocurrir pero no sabe qué.

El día de la revelación es clásica en su arquitectura y moderna en su ejecución. Hay un experto en ciberseguridad con unos datos que otros quieren. Hay una presentadora de meteorología que está preparando un avance en su carrera y va a verse arrastrada por un cambio mucho mayor y más determinante. Lo que El día de la revelación hace bien, porque Spielberg sabe hacerlo, es convertir esas dos líneas argumentales en algo que nos importa emocionalmente y no solo por su valor de espectáculo.

Spielberg, como siempre, rueda como los ángeles, eligiendo los encuadres y las puestas en escena que dan significado a la historia sin que parezcan artificiosos. Tanto el montaje como la fotografía tienen esa clase de perfección que brota de una colaboración de años entre profesionales que entienden el cine de manera similar, y buscan la excelencia en una historia que tenga contenido y significado. Las escenas de acción en El día de la revelación tienen sentido porque suceden a personas que ya conocemos. La tensión se sostiene porque Spielberg dosifica la información con precisión de relojero: sabemos que pasa algo, no sabemos exactamente qué, y esa distancia entre lo que intuimos y lo que nos confirman es el motor de la película entera. Cierto, hay momentos en los que hay que estirar nuestra suspensión de incredulidad, pero lo hacemos con gusto, porque la historia está lo suficientemente bien construida como para que nos importe su lógica interna más que la verosimilitud milimétrica.

Lo que más llama la atención, sin embargo, no es el oficio ni la técnica, sino la actitud. En un momento en que muchos directores veteranos se encierran en lo autobiográfico, en lo retrospectivo o incluso lo amargo, El día de la revelación elige la ciencia ficción como forma de hablar del presente: de los secretos del Estado, de la desinformación, de la pregunta que lleva haciéndose desde Encuentros en la tercera fase, pero ahora planteada desde el otro lado. No desde el asombro del primer contacto, sino desde la responsabilidad de lo que viene después. Quede claro: El día de la revelación no es una secuela de Encuentros…, es una mirada nueva a una pregunta renovada.

Eso es la madurez que se pregunta hacia dónde vamos. Y Spielberg, a punto de cumplir ochenta años, sigue siendo capaz de hacernos esa pregunta con pulso firme, ritmo impecable, y la certeza de que sabe contar historias como nadie.

Crítica de ‘El día de la revelación’: El maestro ha vuelto, y merece la pena haber esperadoLo extraterrestre como vehículo

El día de la revelación  dura más de dos horas, pero no se hace larga. Spielberg rueda la acción con pericia, de manera intensa, pero lo que de verdad le importa son los viajes personales de los personajes. Lo extraterrestre es el instrumento de una idea interna, de la dimensión ética y filosófica que la atraviesa.

Hay un momento contundente e impresionante: una escena de interrogatorio que resulta aterradora, en la que la presión psicológica se enfrenta a la fe y a la lealtad. Es una escena tremendamente intensa, lejos de la romantización y de la estilización del resto de la película, una confrontación directa entre la mente y la religión. Es una proeza actoral por parte de sus intérpretes, y probablemente el momento que mejor resume de qué va realmente esta película. Puede que no sea una película profunda en el sentido académico, pero sí presenta ideas importantes sobre la verdad, sobre la comunicación, y sobre el respeto al público, y lo importante que es tratar a las personas como adultos.

El elenco de El día de la revelación es espectacular. Emily Blunt (Margaret) mezcla certidumbres y dudas con una determinación que va evolucionando con el universo de la película. Josh O’Connor (Daniel) lleva sus sentimientos a flor de piel, y la química entre ambos es tangible desde sus primeras escenas juntos. Los secundarios también están tan bien elegidos como bien descritos y tratados. El personaje de Eve Hewson (Jane), tan fuerte y tan vulnerable, funciona como voz del espectador; quiere entender, busca respuestas por todas partes, y su desconcierto es el nuestro. Y Colman Domingo (Hugo) actúa como siempre lo hace, encarnando al personaje hasta el punto de que se nos olvida que haya un actor ahí dentro.

Crítica de ‘El día de la revelación’: El maestro ha vuelto, y merece la pena haber esperadoEl tercer acto y el Spielberg más sentimental

Como se ha mencionado, lo que más le importa a Spielberg, siempre, son las emociones, y las retrata como pocos directores en la historia del cine. Ahí está su grandeza, y también, a veces, su punto débil.

Porque en el último tercio de El día de la revelación aparece el Spielberg más sentimental. La emoción, que hasta entonces había estado perfectamente integrada en la narración, se vuelve un poco más explícita, un poco más subrayada. Hay momentos que rozan el exceso, secuencias en las que el director aprieta un poco más de la cuenta sobre la tecla emocional. No es un defecto insuperable (aunque yo soy una alérgica confesa a este tipo de recursos), pero sí es reconocible: es el mismo Spielberg que en otros momentos de su carrera ha preferido asegurarse de que lloramos a dejarnos llorar solos.

El exceso sentimental de Spielberg es conocido, debatido, y a veces en el límite de lo soportable. El director cree en las emociones sin pudor, que no considera la ternura una debilidad, para quien el llanto bien merece un poquito de manipulación (fílmica, claro). Se puede discrepar de esa actitud, pero no fingir que no es coherente con todo lo que ha hecho en cincuenta años. Así es él. Y en este caso, el exceso dura poco y lo que viene antes lo compensa con creces.

John Williams, a lo largo de los años, lo ha ayudado mucho con ese perfil sentimental. En El día de la revelación, la que quizás sea su última colaboración con este director, acompaña sin ahogar y la partitura hace lo que debe: amplificar lo que ya está en el plano, aunque sin esos momentos inolvidables que han puntuado otras películas.

Una nota personal sobre la fe y el punto de vista en el cine

Soy consciente de algunas críticas que señalan como defecto que El día de la revelación expresa opiniones sobre la religión, la fe y la existencia de Dios. Que Spielberg toma partido. Que hay una creencia subyacente que impregna la película. Y eso, se dice, la contamina o la condiciona. Yo no comparto ese criterio.

Un director que no tiene punto de vista no tiene nada que decir. Y Spielberg, desde Encuentros en la tercera fase, ha explorado siempre el contacto con lo desconocido con una actitud que tiene más de asombro espiritual que de frío racionalismo científico. Sus extraterrestres no son amenazas que combatir ni recursos que explotar: son algo ante lo que el ser humano debe preguntarse quién es. Eso implica necesariamente rozar la fe, la trascendencia, la pregunta de si hay algo más grande que nosotros.

Que Spielberg tenga una posición sobre eso no es un defecto de El día de la revelación: es la película. El cine que no arriesga un punto de vista es cine que no existe. Preferible mil veces una obra que te lleva a no estar de acuerdo con ella que una que no te pide nada. Que la película incomode en ese terreno, que obligue al espectador a confrontar sus propias creencias o su propia falta de ellas, me parece, de hecho, uno de sus méritos.

A modo de cierre 

Spielberg vuelve, tras cuatro años de ausencia, con una obra madura, que no teme tomar partido, y que demuestra que el maestro sigue contando historias como nadie. Construye con paciencia, dosifica la información con precisión de relojero y consigue que nos importen sus personajes antes de que la historia se convierta en espectáculo. El reparto, encabezado por Emily Blunt y Josh O’Connor, está a la altura. En el tercer acto asoma el Spielberg más sentimental, con algún exceso reconocible pero que el resto de la película compensa con creces.


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El día de la revelación

7.7

Puntuación

7.7/10

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