Crítica de ‘Gigante’: El boxeo como espectáculo

Las críticas de Laura Zurita:
Gigante

Inspirada en la historia real del príncipe Naseem «Naz» Hamed, un boxeador británico-yemení, y su trayectoria desde unos orígenes humildes hasta convertirse en campeón del mundo y su entrenamiento con Brendan Ingle, que desempeñó un papel crucial en su triunfo.

Gigante está escrita y dirigida por Rowan Athale. En el reparto encontramos a Amir El-Masry, Pierce Brosnan, Jason Isaacs y Kellie Shirley, entre otros. La película se estrena en España el 15 de mayo de 2026, distribuida por Flins y Pinículas.

Crítica de ‘Gigante’: El boxeo como espectáculo

Un  boxeador legendario

El cine de boxeo ha funcionado históricamente como un subgénero especialmente fértil para explorar los límites del cuerpo, la victoria y la caída. Desde Rocky hasta Toro salvaje, pasando por Million Dollar BabyEl luchador o Ali, el cuadrilátero se ha utilizado como un espacio cerrado donde el personaje no solo se enfrenta a un rival, sino a sus propias decisiones. El boxeo en el cine siempre ha sido también una cuestión de mirada, de esas imágenes que nos cuentan toda una historia.

Gigante se inserta en esa tradición, pero desplaza el énfasis desde lo dramático hacia lo estético. No le interesa únicamente el arco clásico del ascenso o la caída, ni la psicología transparente del campeón. Le interesa, sobre todo, la forma en que el boxeo puede convertirse en imagen autónoma, en representación que se basta a sí misma. En Gigante el combate es estética porque hablamos de Prince Naseem Hamed.

Dentro del imaginario del boxeo contemporáneo, Hamed ocupa un lugar singular porque su figura no puede separarse de su propia puesta en escena. En él, el boxeo deja de ser únicamente un enfrentamiento físico para convertirse en una forma de aparición pública cuidadosamente estilizada.

Su estilo de combate refuerza esa dimensión. No se trata solo de eficacia o técnica, sino de ritmo, de sorpresa, con el espectáculo como principio organizador. Naseem no solo ganaba o perdía combates, generaba imágenes. La película entiende bien que esa teatralidad es el núcleo mismo de su identidad. Naseem utilizaba el espectáculo para sostenerse.

Es  conocido que la relación de Naseen con su entrenador Brendan Ingle fue conflictiva. Gigante es un relato se centra en el punto de vista y los recuerdos de la familia del entrenador

Crítica de ‘Gigante’: El boxeo como espectáculoApuesta  estética

El trabajo de ambos intérpretes en Gigante es especialmente notable, sobre todo si se tiene en cuenta la dificultad de acercarse a figuras reales sin caer en la imitación literal. Amir El-Masry construye un Naseem que evita el mimetismo y apuesta por lo esencial: su energía interna, su inestabilidad controlada y su orgullo de su identidad de musulmán y campeón. Pierce Brosnan, por su parte, enriquece su registro de actor. En Gigante no es una figura apuesta y poderosa, sino un hombre maduro y cercano a la derrota. El actor dota a Brendan Ingle de una humanidad silenciosa, la de una persona que siempre está a la sombra, y trabaja moldeando personas, enseñando primero a vivir y luego a pelear.

Uno de los aspectos más singulares de Gigante es su apuesta estética en la representación de los combates. Lejos del realismo más crudo o del espectáculo convencional, las peleas están fragmentadas y estilizadas, y se acercan a una forma de representación casi lúdica, con ecos de videojuego. Hay algo de ceremonia en esa construcción del combate, algo que se refiere directamente al estilo de Naseem y a su forma de convertir cada aparición en espectáculo. Y es que el boxeador debe entenderse no únicamente como atleta, sino como figura estética.

Es cierto que Gigante no siempre alcanza el mismo nivel de precisión en todos sus tramos. A veces el equilibrio narrativo presenta discordancias y la intensidad emocional pierde continuidad, como si la forma se impusiera sobre el pulso dramático. Pero incluso ahí, la película mantiene el interés porque las personas de las que trata nos interesan.

En resumen, Gigante funciona mejor cuando se entiende como una reflexión sobre la representación antes que como un biopic deportivo. A través de Prince Naseem Hamed y Brendan Ingle, la película explora la tensión entre identidad, personaje y puesta en escena. Su mayor logro no está en la reconstrucción histórica, sino en su mirada reflexiva, estética y consciente de que en el boxeo, como en el cine, lo que importa no es solo lo que ocurre, sino cómo se ve.


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Gigante

6.5

Puntuación

6.5/10

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