Crítica de ‘Una noche al año’: Fresca y divertida

Las críticas de Laura Zurita:
Una noche al año

Allie y Owen, dos extraños hambrientos de amor, se conocen por casualidad en una Nueva York ligeramente ficticia, durante la única noche del año en la que se permite a los solteros tener encuentros sexuales. Owen, a quien su novia acaba de abandonar la misma noche en que pensaba proponerle matrimonio, y Allie, una romántica empedernida en busca de algo más que una aventura fugaz, verán cómo sus planes se tuercen desde el principio, cruzándose y perdiéndose por la ciudad a lo largo de una noche que ninguno de los dos olvidará.

Dirección: Will Gluck. Guion: Travis Braun, Will Gluck. Reparto: Callum Turner (Owen), Monica Barbaro (Allie), Molly Ringwald (Linda, madre de Owen), LeVar Burton (Rick, novio de Linda), Maya Hawke, Julia Fox, King Princess, Ziwe, Ben Marshall. Distribución: Universal Pictures International Spain. Estreno: 26 de agosto de 2026.

Crítica de ‘Una noche al año’: Fresca y divertida

Fresca y divertida

La comedia romántica tiene un público numeroso y fiel y casi siempre sigue unos esquemas conocidos, buscando satisfacer y alegrar a ese público. El riesgo es que resulte repetitiva y falta de originalidad. No es el caso de Una noche al año, que resulta fresca y divertida incluso para quienes no son público fiel del género, como esta redactora.

Una noche al año tiene un toque de ciencia ficción sociológica. Se sitúa en un futuro cercano en el que las tendencias neoconservadoras más duras han conseguido limitar el sexo fuera del matrimonio de manera férrea, con ayuda de una tecnología de vigilancia que lo impregna todo. La película presenta una sociedad que parece haber aceptado formalmente unas leyes que, en la práctica, buena parte de sus ciudadanos rechaza. Esa prohibición se levanta una sola noche al año, en la que los solteros deseosos de relaciones íntimas inundan la ciudad.

El mundo que se construye a partir de esa premisa es muy cercano al nuestro, y ahí está uno de sus aciertos. La vigilancia no se muestra con pantallas gigantes ni patrullas amenazantes, sino con algo tan discreto como un tatuaje en la muñeca que cambia de color cuando empieza la ventana de doce horas en la que todo está permitido. Es un detalle pequeño, apenas perceptible, sin estridencias tecnológicas, en una vida que se parece a la nuestra, solo que con unas leyes moralizantes impuestas de manera autoriataria. Si el cine anticipa la realidad, Una noche al año es cuando menos una evidencia curiosa.

Una noche al año introduce así una lectura política bastante evidente, sin empañar la comedia. La vigilancia y el control sobre la intimidad funcionan como una exageración de determinadas tendencias neoconservadoras extremas presentes en nuestra sociedad. Por todas partes se ven parejas desatadas, algo comprensible dada la premisa. Algunas reglas de esa legislación se mencionan de vez en cuando y existe algún vacío en la construcción de las relaciones entre personas del mismo sexo, pero son elementos que no llegan a perjudicar el conjunto.

Crítica de ‘Una noche al año’: Fresca y divertida

Encuentro en la noche

Entre esta población noctámbula están Owen (Callum Turner), que quiere aprovechar la noche para sellar su relación con su novia, y Allie (Monica Barbaro), que busca a alguien especial. Cuando los planes de ambos se tuercen, se encuentran y desencuentran por las calles de Nueva York. Me gusta que Una noche al año no exija un típico flechazo imparable, sino que los dos se tropiezan, se van conociendo y van tomando posiciones el uno respecto del otro de manera natural. La película no necesita que se enamoren inmediatamente para que nos interese lo que ocurre entre ellos, basta con que empiecen a descubrirse.

Sus diálogos son naturales y plausibles, y son personas de verdad que no se esfuerzan en estar continuamente buscando la frase ingeniosa ni comportándose de manera absurda para que el argumento avance. Se equivocan, se contradicen, cambian de opinión y, sobre todo, hablan. Una noche al año fluye utilizando las convenciones propias del género, pero sin dejar que se conviertan en una sucesión mecánica de eventos destinados a conducir inevitablemente al beso final.

El resultado es una pareja que funciona precisamente porque no parece diseñada para funcionar desde el primer momento. Coinciden, se pierden, vuelven a encontrarse y van descubriendo poco a poco qué les atrae del otro. El final es curioso y, en cierta forma, inesperado, sin necesidad de renunciar a la esperanza. No hay exceso de miel, almíbar ni azúcar: Una noche al año se siente luminosa sin empalagar.

Como es normal en este tipo de películas, la elección de los protagonistas decide en buena parte el resultado. Callum Turner es un acierto en un buen reparto: Tiene un aura de buen chico sin ser un bellezón, es el tipo que suele perder a la chica, pero que cae realmente bien. Mónica Barbaro luce un aire de vecina de al lado (una vecina de al lado muy guapa) y el director, al elegirla, decidió aprovechar su talento para la música y construir un personaje que se gana la vida cantando anuncios. Un trabajo nada espectacular, pero que regala un par de muy buenos momentos en la película.

Entre los secundarios destaca Molly Ringwald como la madre de Owen, junto a LeVar Burton como su novio, dando a esa pareja madura (y pasional) un tono curioso y amable. Son personajes secundarios que aportan otra mirada sobre las relaciones y la edad.

Crítica de ‘Una noche al año’: Fresca y divertidaNueva York arrollada por solteros

La puesta en escena aprovecha bien esa noche excepcional para transformar Nueva York en una ciudad arrollada por solteros apasionados, y adquiere un aire casi fantástico, aunque siga siendo reconocible. Es una buena elección, ya que la película no necesita construir un futuro espectacular para hacernos creer en su mundo, sino alterar ligeramente las reglas del presente y observar qué sucede cuando durante doce horas desaparecen las prohibiciones. El mundo que plantea podría haberse desarrollado algo más, especialmente en algunos aspectos de sus reglas y de las consecuencias sociales de esa legislación, pero esas son pequeñas carencias en una historia satisfactoria.

Una noche al año utiliza a su favor convenciones conocidas, pero las coloca dentro de un mundo ligeramente absurdo y consigue que sus protagonistas se comporten como personas y no como piezas de un mecanismo destinado a enamorarse. Su gran acierto está en esa naturalidad, en la que el romance nace del conocimiento y no del flechazo, y la ciencia ficción sociológica se integra en la historia sin estridencias. Se trata de una comedia romántica luminosa, divertida sin empalagar, con una pareja protagonista que funciona y una premisa lo bastante original como para renovar una fórmula muy conocida. Visionado interesante incluso para quienes, como esta redactora, no suelen encontrarse entre los espectadores más fieles del género.


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Una noche al año

6.8

Puntuación

6.8/10

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