Las críticas de Laura Zurita:
Calle Málaga
En Tánger, una mujer mayor lleva una existencia apacible, construida a lo largo de toda una vida en el mismo lugar. La llegada de su hija, arrastrando culpas y tensiones no resueltas, altera ese equilibrio y precipita un conflicto íntimo que obligará a la protagonista a replantearse su presente y su futuro.
Calle Málaga está dirigida por Maryam Touzani, con guion de la propia Touzani y Nabil Ayouch. El reparto está encabezado por Carmen Maura, Marta Etura, Ahmed Boulane, María Alfonsa Rosso, Miguel Garcés e Imèn Laïdi. La película se estrena el 1 de abril de 2016 de la mano de Caramel Films.

Los hijos no conocen a sus padres
Maryam Touzani nos enamoró en 2022 con su delicada película El caftán azul, en la que ya mostró su capacidad para recoger emociones humanas complejas. Ahora nos trae su primera película rodada en español. Calle Málaga es una obra cálida y exquisita que reflexiona, con delicadeza y sin estridencias, sobre la pertenencia y la toma de decisiones. Lejos de los relatos que relegan a los personajes de edad avanzada a la inercia o la resignación, la película reivindica su vitalidad: incluso en la vejez, parece decirnos, persisten el deseo y la capacidad de elegir. Hay en ella una convicción silenciosa pero firme: nunca es tarde para querer algo distinto de la vida.
María Ángeles, encarnada por Carmen Maura, habita una cotidianidad tranquila en Tánger, un espacio que no es solo escenario, sino extensión de su identidad. Esa vida, aparentemente inmutable, se ve sacudida por la irrupción de su hija, Clara. Clara aparece marcada por la culpa y por una distancia emocional que revela una verdad incómoda: como muchos hijos, desconoce la vida privada real de su madre. Cada una mira en una dirección distinta, desea cosas diferentes, y de ese desencuentro nace un conflicto que la película explora en toda su dolorosa incomodidad.
El ritmo pausado puede desconcertar a quien espere tensiones más evidentes, pero responde a una voluntad clara: observar y acompañar. En ese tempo contenido, la película encuentra su coherencia y también su belleza.
El punto de inflexión de Calle Málaga llega cuando la hija expulsa a la madre de su hogar, empujándola a una crisis que actúa como detonante. A partir de ahí, la protagonista se ve obligada a tomar decisiones, a interrogarse sobre su vida y a redefinir su lugar en el mundo. Es en ese tránsito, difícil e iniciado a regañadientes, donde la película alcanza su mayor hondura.
Calle Málaga se ha rodado en Tánger, que aparece como una ciudad viva, de colores cálidos pero sin exotismo exacerbado; un escenario que fácilmente convence como espacio cotidiano. Hay un elemento de normalidad en la colorimetría, en la manera de presentarnos la ciudad e incluso en el vestuario de Maura, que encaja perfectamente en ese entorno. Los interiores de la casa, alrededor de la cual sucede el relato, podrían ser la vivienda familiar de muchos espectadores.

Convivencia en Tánger
En su trasfondo, Calle Málaga posee una dimensión política sutil pero significativa. La representación de la población de Tánger, en diálogo implícito con la mirada española, introduce una reflexión sobre las identidades compartidas, las fronteras culturales y las tensiones sociales, mostrando que las relaciones humanas existen independientemente de las fronteras.
Carmen Maura sostiene el relato con una interpretación luminosa y llena de matices. Su sonrisa pícara y su sereno contento inicial van dando paso, de forma orgánica, a registros más sombríos, atravesando la resignación, la incertidumbre y la desesperación sin perder nunca la verdad del personaje. Es un trabajo de una precisión admirable, de una intérprete en excelente forma, a la que se le regala un papel que le va como anillo al dedo.
A su alrededor, los personajes secundarios enriquecen la película con interpretaciones en apariencia sencillas. Destaca Josefa, esa amiga monja que ha hecho voto de silencio, convertida paradójicamente en la mejor confidente: alguien que escucha sin juzgar, ofreciendo un refugio emocional que la palabra no siempre garantiza. También resulta entrañable Abslam, el anticuario, conocedor de todos los trucos del oficio, figura ambigua que se mueve entre la picaresca y la complicidad.
El desenlace, muy medido, se abre a un futuro que nadie conoce, con posibilidades pero sin certezas, lo que refuerza la coherencia del conjunto. El filme convence a través de sus personajes, de su mirada compasiva y de su defensa de una vida que, incluso en sus últimos tramos, sigue abierta a lo que pueda pasar.
En conjunto, Calle Málaga es sólida en su concepción estética y temática, con algunos altibajos de menos importancia. La película confirma la coherencia autoral de Touzani y su interés por un cine que privilegia la exploración de la intimidad y la complejidad de los vínculos humanos.

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