Las críticas de Laura Zurita:
Nuda propiedad
Vera y Lucas, una pareja cercana a los cuarenta, frustrados por no tener nada propio en la vida, encuentran un piso enorme a mitad de precio gracias a la nuda propiedad: lo compran ahora, pero el anciano dueño, Jesús, enfermo, seguirá viviendo allí hasta morir, conservando el usufructo de la vivienda. Lo que en principio no supone ningún problema empujará poco a poco a la pareja a intentar acelerar la mudanza de Jesús al otro barrio, sobre todo cuando el hombre, lejos de apagarse, empieza a desaparecer y reaparecer rejuvenecido y cambiado.
Dirección y guion: Alberto Utrera, con Carlos Soria. Reparto: Susana Abaitua (Vera), Maxi Iglesias (Lucas), Paco Churruca (Jesús), Pepe Viyuela (Fernando, el notario), David Lorente, Stéphanie Magnin, Aten Soria, Olga Hueso, Alex Peracaula. Estreno: 2 de octubre de 2026 distribuida por Cinemarán.
Una casa propia
Nuda propiedad es una obra sobria, concisa, sobre un problema bien conocido, el de la vivienda en propiedad. Una pareja quiere tener un piso propio para enfrentarse al futuro. Como la vivienda está cara, se plantean la posibilidad de comprar en nuda propiedad, lo que significa que adquieren la propiedad legal de la casa, pero sin derecho a vivir en ella mientras el anterior dueño siga con vida, ya que este conserva el usufructo hasta su fallecimiento.
Con esto entramos en un periodo angustioso: Vera pierde su centro y cae en una vigilancia casi obsesiva sobre la salud del anciano propietario de la casa que desea. Al propio espectador aquello le parece algo malsano, por bien que nos caiga. Al cierre de Nuda propiedad llega una respuesta moral —radicalmente moral o moralmente radical—, que, aunque no sea desde luego la única posible, sí que existe.
Hay una figura interesante, la del agente inmobiliario, al que probablemente todos reconocemos de una manera u otra. Como soplo de aire fresco, al final resulta que la mayoría de los personajes son, en el fondo, honestos, y lo que viene es una especie de karma cómico, resultado de sus propios actos. Nuda propiedad es una comedia negra que extrae su efecto cómico de situaciones oscuras, aunque guarda algo luminoso para el desenlace: los personajes acaban descubriendo que son más felices de lo que creían, un hallazgo que abre algunas posibilidades en la propia cabeza del espectador.

En nuestra misma escalera
Las interpretaciones son convincentes, sobre todo la de la pareja protagonista. Susana Abaitua encabeza el reparto y actúa como una persona realmente insegura y desgraciada, lo que hace que le tengamos simpatía a pesar de sus errores. Maxi Iglesias encarna de forma tierna a un personaje que es, sin saberlo él mismo, el verdadero soporte de la pareja. En conjunto, el reparto de Nuda propiedad se siente como gente de todos los días, en una historia que casi, casi, podría suceder en nuestra misma escalera.
El propio Alberto Utrera (Desmontando a Lucía y Uno equis dos) ha explicado que la película nace de su propia experiencia generacional en la búsqueda permanente de piso, un contexto que, como todos sabemos, no se ha hecho precisamente más sencillo con los años. La producción tuvo una buena acogida en el mercado de Berlín, con la vista puesta en un recorrido internacional.
En resumen, Nuda propiedad convierte la angustia muy real del acceso a la vivienda en una comedia negra ágil y bien interpretada, que encuentra su mejor baza en Susana Abaitua y Maxi Iglesias, y en ese karma cómico que castiga y redime a partes iguales a sus personajes. Lleva una decisión razonable hasta el límite del absurdo, y encontrar ahí, casi escondido, un poso de luz que no se esperaba.
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