Manchester frente al mar

No me ocurre muy a menudo. Habitualmente, por mucho que me guste (o me desagrade) una película, tengo facilidad para desconectar de ella (si es que debo hacerlo) cuando al salir de la sala, la vida cotidiana me devuelve de sopetón a la realidad. Hay veces que una película me ronda en la cabeza durante días (o semanas) pero no me impide concentrarme en lo que tengo que hacer o vivir “después del cine”. Durante las horas que siguieron a la proyección de Manchester frente al mar no pude evitar un talante taciturno a pesar de que lo inmediatamente siguiente que tenía que hacer a la salida era algo tan mundano como tomar unas cañas con un grupo de amigos.

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