Las críticas de Laura Zurita:
Digger
Digger Rockwell (Tom Cruise) es un excéntrico magnate petrolero, rico y completamente ajeno a las consecuencias de sus decisiones. Una perforación de su multinacional provoca una expulsión masiva de metano que desprende una enorme plataforma de hielo de un glaciar, la cual empieza a avanzar hacia Europa con riesgo de tsunami y destrucción a gran escala.
Dirección: Alejandro González Iñárritu. Guion: Alejandro González Iñárritu, Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone y Sabina Berman. Reparto: Tom Cruise (Digger Rockwell), Sandra Hüller, John Goodman, Michael Stuhlbarg, Jesse Plemons, Riz Ahmed y Emma D’Arcy. Estreno: 2 de octubre de 2026, distribuida por Warner Bros.

Capas de significado
Como parte de la prensa, me he comprometido a no contar los giros de Digger y dejar que los espectadores los vayan descubriendo para disfrutarla plenamente. Y es que la obra es barroca hasta el extremo y va abriendo sucesivos envoltorios, como en un regalo. Al principio hay detalles que llaman la atención y chirrían un poco, tanto por la estética como por los diálogos, la manera de presentar a los personajes y la propia puesta en escena, que se nos antoja recargada y extraña. Poco a poco iremos descubriendo las distintas capas de significado de la historia y de sus personajes, así como la razón por la que todo ese extrañamiento inicial está ahí. Nada es casual.
La historia parte de Digger, un hombre que ha construido una inmensa fortuna gracias a su imperio petrolero y al que empiezan a surgirle problemas ambientales. El medio ambiente le preocupa más bien poco, siempre que no interfiera con sus negocios. Lo que comienza como una fuga de metano en una perforación termina provocando una catástrofe de dimensiones descomunales. Es el punto de partida de una propuesta desmesurada, que oscila entre la comedia negra, la farsa y el cine de catástrofes.
Digger tiene una clara dimensión ideológica. El protagonista es petrolero en cuerpo y alma, y cree absolutamente en las ventajas de esa industria y de la forma de vida que representa. Está convencido de su importancia, orgulloso incluso, y presume de su gran contribución a la historia y a la humanidad. No es difícil ver en él el trasunto de un conocido político, aunque Iñárritu lo sitúa en la esfera privada para que la identificación no resulte demasiado evidente. Digger puede leerse como una farsa política voluntariamente gritona y explícita, como si la urgencia de aquello que pretende denunciar no dejara espacio para ninguna sutileza.
Otra de las dimensiones de la película es el estudio de carácter de Digger, su protagonista absoluto. Progresivamente vamos entendiendo no solo su personalidad y su historia, sino también cómo condiciona todo lo que le rodea, desde su ámbito más íntimo hasta la política internacional. Resulta notable, en este sentido, el uso del color. A menudo se nos presenta este personaje como el toque de color en un fondo gris uniforme, con personas vestidas en tonos apagados, lo que produce un efecto francamente iperturbador. él ve el mundo como una especie de decorado a su alrededor, lo que adquiere un significado que iremos descubriendo a medida que avanza la película.

Propuesta barroca
Las interpretaciones de Digger participan de ese planteamiento. Se trabaja con la exageración, y buena parte de los personajes se acercan deliberadamente a la caricatura. Tom Cruise, fuertemente caracterizado, tiene aquí una oportunidad para brillar y parece empeñado en demostrar sus capacidades interpretativas, aunque el resultado es bastante discutible. Su Digger es puro gesto y artificio, algo que funciona dentro de la farsa, pero que no siempre consigue transmitir la hondura que la película parece exigirle en determinados momentos.
Estamos ante el regreso de Iñárritu a la gran pantalla cuatro años después de Bardo (2022), con una producción de gran presupuesto y un reparto de estrellas. Esa ambición formal, sin embargo, no siempre encuentra una traducción satisfactoria en la práctica. La obra puede resultar imponente en determinados momentos, pero también parece desnortada, como si el director titubeara a la hora de encontrar el tono adecuado para contar su historia, aunque tenga muy claro qué quiere criticar. Por momentos, Digger es una sátira valiente y hasta ingeniosa; en otros, se deja llevar por el exceso y pierde parte de su eficacia. Iñárritu es un creador que asume riesgos y se atreve a hacer una película que se aparta de lo convencional. Valoro esa voluntad, aunque el resultado no termine de funcionar del todo.
En resumen, Digger es una sátira política y ambiental de carácter barroco y deliberadamente excesivo, construida alrededor de un magnate petrolero que encarna una determinada concepción del poder económico y de la importancia de su propia figura. Iñárritu propone un universo visual extraño y artificioso, en el que los demás personajes parecen subordinados al protagonista. Se trata de una propuesta arriesgada y personal, y merece la pena verla, aunque su intención no siempre encuentra correspondencia en sus resultados.
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