Crítica de ‘La tierra de los hijos’: El futuro en sus manos

Las críticas de Daniel Farriol:
La tierra de los hijos

La tierra de los hijos (La terra dei figli) es un drama italiano de ciencia-ficción que está dirigido por Claudio Cupellini (Alaska, Una vida tranquila). El guion lo co-escribe el director junto a Guido Iuculano y Filippo Gravino, adaptando la novela gráfica de Gian Alfonso Pacinotti «Gipi» (L’Ultimo Terrestre, Il ragazzo più felice del mondo). La historia nos sitúa en el final de la civilización. Un padre y su hijo intentan sobrevivir como si fueran salvajes, pero cuando el padre muere, el hijo decidirá emprender un viaje a lo largo del río, en busca de alguien que pueda leer el diario que su padre escribió en vida. Está protagonizada por Leon De La Vallée (Piove), Paolo Pierobon (El orden de las cosas, Beate), Maria Roveran (Effetto Domino, Mamma + Mamma), Fabrizio Ferracane, Maurizio Donadoni, Franco Ravera, Alessandro Tedeschi y Valeria Golino. La película pudo verse en el Festival de Sitges 2021. Se ha estrenado en salas en España de la mano de A Contracorriente Films el día 17 de Diciembre de 2021.

 

Ciencia-ficción neorrealista

La tierra de los hijos (La terra dei figli) es un poderoso retrato post apocalíptico de un mundo que ha colapsado y de una sociedad en decadencia que vive anclada en la violencia que terminó por destruirlo. El director italiano Claudio Cupellini sabe como sortear los lugares comunes del género futurista. Para ello, combina la estética asilvestrada de unos supervivientes que habitan lugares devastados por la miseria con el trayecto íntimo de aprendizaje que realiza el personaje protagonista. Y es que, más allá del relato de ciencia-ficción, encontramos también en su interior un coming of age que describe sin concesiones el crecimiento personal que debe acometer un joven (magnífico Leon De La Vallée) que, tras quedarse huérfano, aprenderá a madurar en soledad rodeado de una violencia atávica. Como suele suceder en la representación cinematográfica de estas distopías, la alineación humana en la que han derivado los supervivientes acaba siendo mucho más peligrosa que la propia falta de alimentos, cobijo o suministros de carácter tecnológico que podrían facilitarles la existencia.

La tierra de los hijos absorbe como propias muchas influencias cinematográficas que nos remiten claramente a la estética retro-futurista de la saga Mad Max, a las aventuras acuáticas de Waterworld (Kevin Reynolds, 1995) o al cine exploitation italiano de los años 80 con Los nuevos bárbaros (Enzo G. Castellari, 1983) y similares. Sin embargo, se advierte un acercamiento humanista y moralista al género que recuerda al neorrealismo italiano y que tiene a Rossellini o Antonioni en el punto de mira, incluso en algunos movimientos de cámara y planteamientos estéticos. Lo importante es que la película de Claudio Cupellini es una amalgama de influencias que nunca pierde su propia identidad.

Herencia de sabiduría

La tierra de los hijos explora el vínculo paterno-filial a través del viaje que realiza el adolescente en busca de alguna persona que sea capaz de leer el diario que dejó escrito su padre antes de morir. El chico nunca tuvo la oportunidad de aprender a leer ni escribir, las nuevas generaciones se han convertido en personas analfabetas. Es ahí cuando adquiere un verdadero valor añadido la letra escrita como indispensable herencia de sabiduría en un mundo en declive. Como siempre pasa, la ciencia-ficción nos está hablando del presente y de temas que nos afectan en la actualidad, se utiliza el género como advertencia para reflexionar sobre el empobrecimiento de la cultura y el auge de la ignorancia belicista.

La tierra de los hijos es la adaptación a pantalla del cómic creado por Gian Alfonso Pacinotti «Gipi». Los trazos simplificados de sus viñetas en blanco y negro se realzan y transforman bajo la mirada de Cupellini y el fotógrafo húngaro Gergely Pohárnok, en imágenes contrastadas de colores terrenales y apagados que reflejan con crudeza el tono pesimista inherente al relato. A pesar de una desoladora demostración de la vileza que alberga la condición humana, muy en la línea de la novela «La carretera» de Cormac McCarthy, también hay espacio al final para un mensaje de esperanza. El futuro puede ser otro y menos terrible. Será liderado por las próximas generaciones (de ahí el título) que no tienen porqué cometer los mismos errores si logran aprender de ellos. La tierra de los hijos es un filme que pasó sin hacer demasiado ruido por el Festival de Sitges y que supongo tampoco lo hará en su estreno en salas, pero merece mucho tu atención.


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La tierra de los hijos

7.2

Puntuación

7.2/10

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