Crítica de ‘Fue la mano de Dios‘: ¿Tienes algo que contar o eres un imbécil como los demás?

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Fue la mano de Dios

No comparto esa necesidad que tienen muchos críticos de cine de remitirse continuamente a Fellini cada vez que Paolo Sorrentino estrena una película. Si bien es cierto que en La gran belleza (2013) parecían evidentes ciertas huellas (más anecdóticas que sustanciales) de La dolce vita (Federico Fellini, 1960), querer asimilar la recién estrenada Fue la mano de Dios a Amarcord (Fellini, 1973) me parece, cuando menos, perezoso. Las similitudes se me agotan en cuanto tengo en cuenta la nacionalidad de ambos directores y que las dos películas son ejercicios, más o menos autobiográficos, de recordar la infancia. No discuto que la sombra de Fellini no sea alargada, pero mientras en Amarcord todo era alegría y deformación de la realidad a conveniencia de un film bufo e imaginativo, en Sorrentino, el relato, mucho más pegado a su propia existencia, adquiere mucha mayor hondura y gravedad.

Puestos a buscar similitudes, manía un poco estúpida que tenemos los que escribimos sobre cine y digo esto asumiendo mi propia cuota de estupidez, encuentro más semejanzas con la reciente Roma de Alfonso Cuarón, un viaje emocional a sus recuerdos de infancia para recrear la vida de su familia en el México de inicio de los 70. Sorrentino continúa lo que parece una tendencia en boga entre ciertos directores de prestigio que en la plenitud (o madurez) de su carrera han decidido bucear en sus primeros años de vida para realizar películas autobiográficas. Está próxima a estrenarse Belfast de Kenneth Branagh sobre su propia niñez en la capital de Irlanda del Norte y el mismísimo Steven Spielberg está en proceso de realizar una película sobre su infancia que, según recientes noticias, nos llegará el año que viene con el título The Fabelmans.

Fue la mano de Dios nos sitúa en el Nápoles de principios de los 80 para atender a la adolescencia de Fabietto Schisa (Filippo Scotti), álter ego de Sorrentino, que vive esa turbulenta edad rodeado de una familia numerosa en la que no falta una matriarca cascarrabias y mal hablada, un padre carismático (Toni Servillo), una madre impenitentemente bromista (Teresa Saponangelo), una hermana permanentemente recluida en el baño y una tía convertida en mito erótico (Luisa Ranieri). Como telón de fondo, la omnipresente figura de Diego Armando Maradona y su fichaje en 1984 por el Nápoles procedente del Barcelona.

Sorrentino construye un guion de base dramática en el que, sin embargo, tira de vez en cuando de su habitual sarcasmo para referirse a Pavarotti, a Franco Zeffirelli o al Papa Juan Pablo II. Los diferentes acontecimientos de la vida familiar van sirviendo de caldo de cultivo para la exposición del drama que marca la vida de Fabietto como marcó, en su momento, la vida del director napolitano. A partir del acontecimiento nuclear del film (que no pienso contar aunque la mayoría de las sinopsis lo destripan inmisericordemente), la vida de Fabietto caminará de forma acelerada hacia la vida adulta a través del desencanto con una realidad que se manifiesta desagradable y de la errática búsqueda de una felicidad en la que ha dejado de creer.

Fue la mano de Dios es una película sumergida en un evocador canto nostálgico de los territorios de la infancia teñidos de pérdida, libertad, pasión futbolística y erotismo incipiente. De ellos extrae Sorrentino la base de su vocación cinéfila alimentada con ese Fellini apenas atisbado a través de la puerta de un casting, de su cinta VHS de Érase una vez en América permanentemente junto al televisor y, muy especialmente, de su contacto con el director napolitano Antonio Capuano en una secuencia magistral, dolorosa, inolvidable y aleccionadora sobre dónde radica la verdadera esencia de un buen cineasta que no es otra que algo tan aparentemente sencillo como “tener algo que contar”.

Y Paolo Sorrentino siempre tiene algo que contar, siempre lo ha tenido y, en esta ocasión, nos cuenta sobre sí mismo. A pesar de que sus películas son continuas exhibiciones de su virtuosismo con la cámara, de su particularísimo sentido de la puesta en escena y de su poderoso ideario estético, el hermoso envoltorio siempre contiene un regalo sustancial. Nunca hay conversaciones banales, tiempos muertos ni secuencias de relleno en el cine de un Sorrentino que vuelve a rodearse de un reparto excepcional encabezado por su actor fetiche, el maravilloso Toni Servillo presente en casi todas sus películas, excepcionalmente acompañado por Teresa Saponangelo, Marlon Joubert, Luisa Ranieri y el descubrimiento de Filippo Scotti.

Estamos, sin duda alguna, ante una de las películas del año. Lo de menos son los premios que reciba o la acogida crítica. Lo sustancial está en el cine, en eso que no sirve de nada pero que, al menos, nos distrae de la realidad. Y la realidad está durita de masticar. Distraigámonos al menos.


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Fue la mano de Dios

9.5

Puntuación

9.5/10

2 comentarios en «Crítica de ‘Fue la mano de Dios‘: ¿Tienes algo que contar o eres un imbécil como los demás?»

  • el 17 diciembre, 2021 a las 18:45
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    Con que me ofrezca la quinta parte del emocionante placer que me produjo «La juventud» habrá merecido la pena verla, y por tu crítica intuyo que no me va a defraudar

    Respuesta
    • el 26 diciembre, 2021 a las 22:06
      Enlace permanente

      No puedo estar más de acuerdo contigo. Me gustan (casi) todo el cine de Sorrentino, pero mi favorita es indudablemente La juventud, ¡qué película!

      Respuesta

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