Centenario Fernando Fernán Gómez: Crítica de ‘La vida por delante‘ (1958)

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
La vida por delante

Resulta curioso y entrañable ver a través de la mirada de Fernando Fernán Gómez como la vida de una joven pareja de clase media en la España de finales de los cincuenta del pasado siglo es tan diferente y, al mismo tiempo, tan similar a como sigue siéndolo atravesadas dos décadas de este siglo XXI. Pero no son las diferencias, bastante obvias por otra parte, sino las similitudes las que causan sorpresa al acercarse a La vida por delante, cuarto largometraje de Fernán Gómez como director y primero de un díptico costumbrista que completaría un año después con La vida alrededor, continuación de las vidas de esa encantadora pareja compuesta por Antonio (Fernán Gómez) y Josefina (Analía Gadé).

Fernando Fernán Gómez y su coguionista Manuel Pilares ofrecen un fresco retrato de las vicisitudes de una joven pareja de clase media española a finales de los cincuenta, desde su noviazgo en la universidad (estudiante de derecho él, de medicina ella) hasta los comienzos de una vida en común (matrimonio mediante, claro) que ha de vencer no pocas dificultades, desde las suspicacias de los padres de ella, de clase ligeramente aventajada a la de él, que no veían con buenos ojos el casamiento de su hija con un todavía estudiante que coleccionaba suspensos, hasta las dificultades para conseguir una vivienda digna a un precio asequible para unos recién casados con trabajos menos que precarios (lo que les decía de las similitudes con la época actual).

Precisamente la colección de sucesivos empleos que, uno tras otro, irá ocupando Antonio y las dificultades para mantenerlos suponen uno de los principales sostenes de la comicidad en buena parte de la película. Desde su brevísima experiencia en un bufete de abogados hasta su trabajo como profesor en una escuela de señoritas pasando por vendedor de aspiradoras, presentador de un music-hall o extra de cine. Todo servirá para que las circunstancias conduzcan a que lo más adecuado sea que quien trabaje sea Josefina abriendo una consulta de psicoanálisis y el film adopte una tímida reivindicación de la mujer trabajadora, mantenedora del hogar, algo que era muy poco frecuente en la España de los cincuenta.

Filmada en clave realista pero con tono de comedia y las particularidades propias del costumbrismo español, se adivinan ciertas intenciones de denuncia social muy subrepticia y matizada para evitar los rigores de la censura. El caso es que La vida por delante, vista hoy, funciona como comedia (sigue teniendo momentos intemporalmente divertidos) y resulta de cierta utilidad como testimonio de un tiempo y un país aunque determinados códigos sociales estén (afortunadamente) desfasados.

Quizá el mayor mérito de Fernán Gómez sea precisamente hacer convivir el carácter de realismo social con algunos momentos que rozan el esperpento (como ese disparatado viaje de novios a la Costa Brava en el que no llegan a ver el mar) o el vodevil (las secuencias de Antonio dando clases en un instituto de señoritas con una alumna enamoradísima de él que dará lugar a una clásica secuencia de celos o la agradecible aparición de una jovencísima Gracita Morales dando vida a una tronchante empollona).

Además de Gracita Morales, La vida por delante cuenta con otros imprescindibles del cine español como Rafaela Aparicio haciendo uno de sus clásicos papeles de criada o Manuel Alexandre encarnando a un solterón vividor cuya vida disoluta y despreocupada se pone en continua contraposición con las atribuladas preocupaciones de Antonio y Josefina, sumidos en las obligaciones de conseguir un trabajo digno para tener una casa digna en la que poder tener unos hijos a los que dar una vida digna. Memorable es también la brevísima aparición del gran José Isbert a quien en los títulos de créditos iniciales se agradece expresamente “que se haya hecho cargo de un papel inferior a su categoría artística”.

A pesar de que inicialmente fue rechazada por la distribuidora y su estreno se retrasó durante bastante tiempo, La vida por delante fue la primera película de Fernán Gómez como director que recibió los parabienes de la crítica y tuvo el suficiente éxito de público como para prolongarse con una segunda parte (algo tan frecuente en el cine de hoy en día pero más inusual por aquel entonces) que como se ha dicho se tituló La vida alrededor tomando su título de una de los más celebrados diálogos de esta primera parte, aquel en el que un casi desesperado Antonio es consolado por otro abogado con el tópico “tiene usted toda la vida por delante” a lo que responde derrochando espontaneidad “es que yo prefería tenerla por alrededor”.


La vida por delante no está actualmente disponible en ninguna plataforma. Fue emitida hace cinco años por RTVE en el programa Historias de nuestro cine, tal vez sean afortunados de conocer a alguien que conserve una copia de aquella emisión que es como he podido verla yo. A pesar de que la sigo buscando, no tengo conocimiento de que exista o haya existido edición alguna en DVD.

Actualización: Días después de la publicación de esta crítica, hemos tenido noticias de que La vida por delante será reestrenada en salas de cine el próximo 17 de septiembre por la distribuidora A contracorriente Films, una oportunidad fantástica para conocer esta poco conocida película de Fernando Fernán Gómez y, además, disfrutarla en una sala de cine.

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